Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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17. ERAS PERFECTA PARA MÍ (Inés Z.)

Estaba tan vacío de amor que cuando alguien desgranaba unas cuantas migajas de cariño yo las iba lamiendo por detrás. Podría haberme ido con cualquiera, aún a riesgo de ser un juguete lastimado.

En mis días todo era válido con tal de obtener mi frugal ración de afecto, hasta que una tarde percibí el olor de la tristeza, y lo seguí.

Olfateé su rastro hasta que mi escuálido cuerpo rozó sus piernas; mi hocico olisqueó sus manos; mis ojos buscaron su mirada acuosa… Le hice entender que nunca le fallaría.

Aquella tristeza se agachó hasta quedar a mi altura y hundió sus dedos en mi pelo enmarañado.

Me miró. Me vio. Me amó. Y sació mi sed.

Desde entonces descanso sobre una fría lápida de mármol. Ella sabe que la cuidaré.

28 Respuestas

    1. Inés Z. López

      Tengo que reconocer que ayer me envolvía un poco la melancolía, María José. Eso, y que los animales son mi debilidad.
      Gracias, un beso y Feliz Año

  1. Ángel Saiz Mora

    Lástima que esa fidelidad y consuelo no llegaran a ser suficientes para que su amigo humano sobreviviese más tiempo, y compartir con el animal una relación que, sin duda, habría sido provechosa y placentera para ambos. Igual que los humanos podemos llegar a congeniar mejor unos semejantes que con otros, entre diferentes especies puede suceder algo similar.
    Un saludo, Inés. Suerte y feliz año

    1. Inés Z. López

      Sí, es cierto, a veces parece que hay algo especial, algo que te conecta… Da igual la especie.
      Muchas gracias, Ángel
      Un abrazo y Feliz Año

  2. Jesús Garabato Rodríguez

    Tú sí que dejas migajas de sensibilidad con tu relato. Todos hemos leído u oído hablar de perros que no quieren abandonar a sus amos ni cuando, a estos, les llega la muerte. Esos amor incondicional que traspasa la razón: nuestra razón, no la suya. Enhorabuena, Inés. Un saludo y suerte.

  3. Martín Zurita

    Hola, Inés.
    Un texto muy bonito, muy guapo. Qué bien mezclas lo abstracto con lo concreto. Qué bien escrito está. Qué bien armas el relato para llegar al colofón, a la cúspide: ese amor irracional y acaso incondicional, por eso mismo, al que aludes (y ya antes se ha referido Jesús Garabato), en devolución al recibido. Tu texto, de alguna manera, me lleva al mío y tu perro, aunque el tuyo con ventaja: qué bien reflejas esa sed de amor. Ambos son dos canes “considerados”, también el tuyo en ese doble sentido: el do ut des invertido, das porque has recibido. Y recibes porque te lo has sabido ganar. Mi can ahorrando a su amor verle morir; el tuyo, más, yendo mucho más lejos, velando por su amor desde el otro lado. A lo mejor mi perro vuelve, termina en la tumba y hace lo mismo que el tuyo, ojalá. Te felicito. Un beso.

    1. Inés Z. López

      Martín, tus comentarios son tan agradables de leer como un buen relato. Me haces sonreír.
      Los animales son lo más… Yo no puedo evitar deshacerme cuando Suri me mira con ojos de adoración ?
      Un besazo

  4. ¡Qué bello Inés! Qué bien expresaste ese lamentable estado y cómo nos llevas a vivirlo casi en nuestra piel. Cuando veo por la calle a esos pobres animalitos abandonados, qué no daría por ser capaz de proporcionarles precisamente lo que tú dices en este bello relato, ese amor tan necesario para cualquier ser vivo, la pena es que estamos limitados, son tantos… Mucha suerte con esta preciosa historia.

    Besos.

  5. Salvador Esteve

    Necesidad y cariño se unen para saciar la soledad. Una lealtad que traspasa la muerte. Precioso, Inés. Abrazos y suerte.

  6. ¡Que buen relato! además de real, Aquí en Rosario mi ciudad hubo un caso así, a punto tal que el Collie que se quedó a vivir en la tumba de su amigo hoy tiene un monumento tras su muerte que bien se lo ganó.
    Un abrazo y suerte.

  7. Bello y triste relato Inés, entre Manoli y tu vais a conseguir que pase de ailurofílico a melancólico. Los sintechos con una compañía de perro me producen mucha ternura, es la simbiosis perfecta en su desgracia.
    Un beso

  8. La fidelidad y la tristeza, palpables en ese pelo enmarañado, ese cuerpo escuálido, esos ojitos acuosos… sobre la fría lápida.
    Hay amores humanos que, al lado de éste que aquí leo, se quedan cortos.

    Se me arrugó el corazón, pero fue un placer leerte, INÉS.

    Cariños,
    Mariángeles

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