Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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13. FUEGOS FATUOS – EPÍFISIS

Hace una semana,  como tantas veces, fui a por hierba para mis conejos al cementerio. Era una noche de tormenta,  me encaramé a la tapia y de un salto caí entre las sepulturas, las ropas, empapadas.

Metí en el saco hierbajos  a puñados, cuando frente a mí, una luz verdosa, fluorescente me llamó la atención, al acercarme, la lápida que pisé se hundió y caí sobre un féretro que se hizo astillas y acabé entre huesos y una calavera que me sonreía, con restos de carne y un gusano en la órbita. Grité.

Trepé como pude y al saltar el muro, los zarzales me desgarraron  el cuerpo.

Desde entonces, las heridas aumentan y un líquido seroso, hediondo y con una luz que  fluctúa por la noche, moja las sábanas.

Hoy,  la gangrena alcanza a la cintura y cuando caigo en la semiinconsciencia, noto como me licuo y como la parte inferior de mi cuerpo es una masa informe.  Nunca creí en los fuegos fatuos, pero ahora mismo que estoy escribiendo, oigo pasos tras la puerta, los cencerros de la Santa Compaña suenan y una luz se filtra por la puerta y  se une a la mía, como una aurora

71 Respuestas

  1. Modes Lobato Marcos

    Demonios, vaya historia truculenta te has sacado del capazo.
    Realmente has conseguido trasladarme a esa Galicia rural preñada de mitos y leyendas, aunque como decía el otro… Haberlas, haylas.
    Esta noche volveré a ver EL BOSQUE ANIMADO en tu honor…

    1. Gran película Modes, No recordaba por la edad el nombre del protagonista, pero nuestro Alfredo Landa hace un papel impresionante y luego al ver el libreto de W. Fernández Flórez, leí de pequeño comedias de él que me encantaron. Gracias por traer a mi recuerdo tan buenas gentes.
      Un abrazo

  2. Virtudes Torres

    ¡Ay, Epi!
    Pero a quién se le ocurre ir a por hierva al cementerio.
    Allí no hay que ir, ya se encargarán de llevarnos. (Bueno, sólo de visita, y de día)
    Como a mi me gustan las historias de miedo, con sorpresas y esas cosas,pues esta tuya ME HA ENCANTADO.
    Felicidades. Besos.

    1. Virtudes Torres

      Acabo de darme cuenta de que he puesto a hervir la hierba, je, je…
      Ponte la mano en los ojos cuando lo leas.
      (esto no me lo voy a perdonar “hierba, hierba, hierba”)

      1. Tu nombre me sabe a hierba y con esas rosas en tu avatar, Virtudes, donde esté un cementerio bonito que me quiten el pub. En Madrid tenemos cementerios preciosos con esculturas de época, árboles que se introducen entre las lápidas y la parafernalia de los romaníes en sus sepulturas que parece un mercadillo.
        Un beso

  3. Ángel Saiz Mora

    No se dice expresamente, pero el escenario no puede ser otro que el de la Galicia profunda y mágica, y todo por un puñado de hierba. Un texto muy interesante, lleno de matices y la fuerza de la magia. Un saludo.

    1. Podría perfectamente ser Galicia, Ángel, coge el coche y vete a San Andrés de Teixidó y en la carretera y entre la bruma que ampara a los caballos salvajes, verás fuegos fatuos y a lo lejos en el mar, en los mástiles de los barcos, los fuegos de San Telmo.
      Un abrazo

    1. El contacto con cadáveres y la milicia enseña que no somos nadie ni de ninguno y que polvo somos y ojalá que en un polvo muramos. Buena forma de morir, no se sufre.
      Un abrazo Lorenzo

    1. David, mi primer certificado de defunción, por no quedar mal, me encerré con el cadáver y menos acostarme con él, le hice lo del espejo, le pinché en varios sitios, temía quedar mal si luego se despertaba como en la catalepsia de E.A.Poe. Así que no me hables de perturbar a los muertos, que cuando quieren lo hacen Auh Auhhh
      Un abrazo

  4. Juan Antonio

    Pues nos has llevado, como dicen por aquí, a esa Galicia de leyenda. Me gusta mucho como has descrito la metamorfosis. Mucha suerte 🙂

  5. calamanda

    alejandro, real o ficiticia esa metamorfosis le está comiendo la vida; tras esa experiencia no es para menos. Original entorno y situación la que nos has contado con buen ritmo y claras imagenes. Suerte y abrazos

    1. Metamorfosis, la que estoy sufriendo Calamanda, que ya no se quien soy ni lo que quiero. De mi antiguo ser solo he podido poner la palabra conejo como algo sexual ja ja ja.
      Un beso

  6. Epi, si la intención, al escribir este relato, era asustar lo has logrado, muy bien logradas las descripciones. Hay que acostumbrar a los conejos a comer hierbas del patio de la casa, las del cementerio tienen efectos secundarios. Buena apuesta, suerte.

    Saludos.

  7. Ana Tomas Garcia

    Buenísimo el relato Alejandro, me encanta. Me gusta la redacción, las descripciones y, cómo no, el terror muy bien logrado. Un saludo.

  8. Patricia Mejías Jimenez

    Hola, Epi. ¡Cómo es eso que te fuiste a conseguir hierbas para los conejos en un cementerio! ¿NO sería que ibas por HIERBA de otro tipo a ese lugar tan lúgubre? Es que por ahí no llega la policía a esos “hierberos” nocturnos…
    Te felicito por esa frase de inicio tan poderosa que capta la atención inmediata del lector. De sobra está decir que me encanta que hayas elegido el terror para deleitarnos en esta ocasión.
    Un abrazo, don Epi.

  9. Se me han puesto todos los pelos de punta ( si todos ). Menuda historia con fuegos fatuos incluidos. Está muy narrada la historia con todos los tintes de narración macrabra.
    Un beso entre las tumbas jejej.

  10. Salvador Esteve

    Epi, hay muchos cuentos y fábulas sobre el fuego fatuo, tú lo has narrado magistralmente. “Los pasos tras la puerta” hacen pensar que son almas que se unen a la del protagonista. Me ha gustado mucho. Abrazos.

  11. Blanca Oteiza

    Epi, a quíen se le ocurre ir a por hierba a un cementerio en noche de tormenta? Yo ni loca lo haría…
    Me ha gustado mucho tu historia, las descripciones me han parecido muy buenas (la de cuando cae en la tumba me ha encantado).
    Pobrecillo el protagonista que se le está yendo la vida de esa forma.
    Un beso.

    1. Blanca, muchas personas que no son muy católicas, cuando pasan por un cementerio se santiguan. Somos muy valientes, pero la muerte nos aterroriza. BLANCA, POR DIOS, DATE LA VUELTA, ¿QUIÉN ESTÁ DETRÁS?.
      Un beso

  12. Daniel Irazu

    La clarividencia resignada del personaje da credibilidad al gangrenado. Me ha gustado mucho, aunque sigo sin saber quiénes eran los conejos.

    1. Los conejos Daniel, derivan de mi fase erótica, tengo que introducir algo, físico o virtual, para poder realizarme como persona humana que soy. Y no me negarás que donde esté un buen conejo, sobran las corridas de la tele.
      Un abrazo

  13. Buenas.
    Me quito el sombrero, maestro. No te puedo añadir mucho más, aunque te alabo la estructura, la graduación del relato y cómo contrastas lo más físico con lo más enigmático/ oculto y aderezado con la naturaleza. Enorme, un abrazo.

  14. Hola, Epi.
    Lo has descrito tan bien que a mí me ha dado hasta asco ir leyendo los detalles del pobre hombre (que me perdone el protagonista).
    Muy bien, Epi, si le ves dile que se abandone, que ya no tiene nada que hacer, que la infección se lo va a llevar de un momento a otro y que deje de aferrarse a la vida.
    Un besazo.

  15. Ay! alguno diría “lagarto, lagarto”, tanta santa compaña y fuegos fatuos, ummm
    Pero como siempre muy original, y un buen contraste entre dar de comer a esos inocentes conejitos y lo que se encontró después.
    Besos.

  16. Ana, ten cuidado con el verdulero que te vende los boletus, porque me parece a mi que te da alucinógenos, es un relato de miedo, de los que se te ponen los pelos como escarpias, lo de los conejos es anecdótico, ¿Quién no tiene un conejo que coma hierba del cementerio?.
    Yo es que alucino con tus verduras, como no entiendo tu relato, vienes al mío a destrozármelo. Intuyo, envidia, malestar, desasosiego y todo porque tu viuda es tonta y el jefe un tío majo ja ja ja ja ja ja ja ja ja y no estoy histérico jajajajajaja
    Un beso

  17. Marcos, el viernes tuve una fiesta de carnaval, disfrazado de Mamy la black, de Escarlata, sufrí un acoso sexual exagerado por parte de los vecinos de la Urba y que quieres tu, que me preocupe del capullo del conejo, que le den.
    Un abrazo

  18. María Elena Sánchez Álvarez

    Que miedo acudir a un cementerio de noche y sobretodo impacta las consecuencias que describes tan bien y ese fuego fatuo que anuncia la muerte. Me da mucha impresión lo del gusano en las órbitas. Hay que ver, no somos nadie.
    Como siempre me gussta lo que escribes.
    Mucha suerte, Epi
    Besos

  19. Inés Z.

    Madre mía, me he escalofriado de arriba abajo. Desde que has cambiado el erotismo por el terror das miedo 😉
    De todas formas, a quién se le ocurre ir por hierba a un cementerio? No podía cogerla de un jarfincillo cualquiera?

    Sorprendente, como todos tus micros.

    Abrazos!!

    Me encanta esa foto!!

  20. Ay! que yo creía que emplearías un tono de humor, por los conejos. Conejos que me recordaban a un cuento de Cortázar en el que el prota vomitaba conejitos… y resulta que me metes en un cementerio y me haces sentir los fuegos fatuos!!. Ay qué ver la capacidad de la mente humana, para asociar y disociar ideas en un texto tan breve.
    Felicidades por tu estremecedor texto.
    Un besazo.

    1. No es lo mismo un cementerio de día que de noche. Por la mañana, me gustan y hay algunos preciosos, en Madrid tenemos uno donde hay gente importante con esculturas preciosas, en Galicia muchos, en Praga el cementerio judío impresiona. Pues hala, ahora vete por la noche y si es de tormenta, te vas por la patilla fijo. Si fuera Juan sinmiedo, jugaría a los bolos con la calavera y las tibias y peronés.
      Un recuerdo para Leopoldo Maria Panero, vecino mío de la consulta de Las Palmas que nos ha dejado, por fin descansará de esa vida que llevó y Ana maría Moix perteneciente a su grupo literario.
      Un beso

    1. Esther, si te ríes ten cuidado porque los ignis fatuus, están ahí.
      El poema de Samuel Taylor Coleridge «Balada del viejo marinero» describe el fuego fatuo. Dicho poema fue publicado por primera vez en las Baladas líricas, en 1798:

      Alrededor, alrededor, por un lado y por el otro
      Los fuegos de la muerte bailaban a la noche;
      El agua, como óleos de una bruja
      Ardía verde, y azul, y blanco.

      Un beso bioluminiscente

  21. Cuando comencé a leer tu cuento,como a todos, me sorprendió el hecho de que fueras por hierba al cementerio (ya leí lo que explicaste del erotismo)y creí que sería una historia común de cementerios la que me esperaba.Pero,lo que podría haber sido una narración llena de lugares comunes se transforma en el último párrafo magistralmente.Se puede hasta palpar la transformación del narrador,oler la fetidez,sentir el miedo.Y mirar al costado a ver si no hay nadie.Un abrazo.

    1. Macarena, lo de la hierba del cementerio para los conejos es verdad.
      En la Extremadura baja hay poco verde y entre las lápidas crece con alegría, será por el abono orgánico.
      Y si, mira detrás, no has notado que la pelusilla del cuello se ha erizado?. Son las 01.16, cuidado en el pasillo.
      Un beso

  22. J u a n P é r e z

    Estas escrituras, que también son a las que me dedico, me vuelven loco, en la línea del mejor Charles Maturin y seguidores de Su Escuela Gótica.
    Pero muy certeramente, al leer lo de los conejos, implica que alguien-el protagonista de tu escalofriante y delicioso microrrelato- les mima mucho y me has recordado la historia real de Cliff Penrose, un ancianito que a principio de esta década en La Pérfida Albión, hipnotizaba conejos para quitarles el estrés. Insisto, Don Alejandro, esto es Real; alguien que amaba los animales. Es sensacional leer estas cositas luctuosas dignas , ya digo, de escritores históricos, como Anne Radclife. En mi modestísima opinión-lo que pasa es que a mí siempre me pega por lo mismo- estas son de las mejores cosas que se pueden escribir en el género. ¡Rompan Filas!
    ¡¡Y a por Todas Alejandro! J u a n E l G ó t i c o .

  23. Hablando de animales, en el siglo pasado se puso de moda con las gallinas, hipnotizarlas, pintando con una tiza una línea recta delante de su pico. Juan, el interés lo desconozco y no quise preguntar el motivo porque me imagino que debe de ser por los picotazos cuando se resiste, al estilo de los gatos, que es mejor pasarlos antes por el radiador.
    Los conejos también tienen su aquel.
    Saludo, Clap

    1. J u a n P é r e z

      Además Alejandro, con tu historia me has hecho de revulsivo, y cualquier día de estos escribiré algo basándome en el amigo Cliff. Tengo entre mis viejos papeles de la biblioteca su reseña que la conservé para tal efecto y esto me ayudará a desempolvarlo. Me ha gustado mucho esa vieja costumbre de las gallinas con la tiza(también estaba en mi antiguo imaginario preterido)Pero mientras tanto, confirmo cuánto me ha gustado tu historia del camposanto.
      ¡¡¡¡¡¡¡ y Otro Abrazo entre Mausoleos y Huesas!!!!! J u a n .

  24. Epi, yo siempre había visto como una luz fluorescente enmarcando tus palabras, aunque no la había relacionado a los fuegos fatuos… ¡Ahora me explico muchas cosas!
    Bueno, en serio, me ha gustado tu tétrica historia… por un puñado de hierba!!!

    ABRAZOOO seroso y pegajoso

  25. Amparo, esa aureola o areola, que no se en que estoy pensando, me protege siempre, como si estuviera dentro de una mandorla, porque mi mujer se llama Mariluz y es la que me da luz y calor y para el pelo si me paso.
    Me gusta mi fase tétrica.
    Un beso

  26. Rastros de Epi en esos conejos por los que se hace cualquier cosa y en esas sábanas mojadas, auqnue sean de pus, pero aún así, tan comedido que casi ni se te reconoce. La hierba del cementerio, bien abonada y nitrogenada, bien merecía el riesgo de fuegos fatuos y Santas compañas. Eso de pudrirse en vida da mucho miedito ¡y todo por unas zarzas! Creo que deberías explorar y explotar tu vena tétrica, me gusta. Un beso.

  27. Más que leerlo, lo he visto, y el fragmento en que el tío se va licuando por dentro y se convierte en una masa informe y purulenta me ha dado mucha grima. Y todo ello, sin perder la sonrisa.
    Suerte.
    Un abrazo

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