Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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73. INSTINTO AVIZOR

Fue una calurosa mañana en mi vieja y querida Salamanca, aunque había mucha corriente y era recomendado no meterse, nos zambullimos en el río Águeda.

 

Tú nos vigilabas en la orilla con tus dos orejas bien levantadas; presto y atento a cada movimiento nuestro. Tal fue la sensación de seguridad que me brindaba el tenerte ahí, que hasta permití que mis dos hijos pequeños entraran conmigo. Recuerdo que ahí fue cuando empezaste a ladrar; caminabas intranquilo de izquierda a derecha en la orilla, nervioso, aquietado. Supuse que hacer pie era una “garantía” de no ser arrastrado. Ignoramos tu estado anímico, haciendo caso omiso de tu estrés.

 

Cometí el error de bromear fingiendo ser llevado por la corriente, todos reían de mi cómica situación y mis dos hijos carcajeaban sabiendo que mi peripecia estaba controlada.

 

Sin pensártelo, saltaste rápido dentro del río aun no sabiendo nadar. No sé por qué no reaccione antes, tus patas empezaban a remar a contracorriente y mis piernas batían torpemente el agua para poder alcanzarte…pero te perdiste en el horizonte.

 

Lo que sí sé es que –gracias a aquel sacrificio–, la humanidad te condecoró, a partir de entonces, como el mejor amigo del hombre. Gracias, Rusky.

12 Respuestas

  1. Martín Zurita

    Hola, Enrique.
    El mejor amigo del hombre. Y tanto. Las bromas suelen terminar en veras. Ese inconsciente puso a prueba el “instinto avizor”, como tú muy bien denominas, y el resultado acabo en laureada tragedia canina. Describes muy bien la peripecia dentro de un texto ágil y muy bien escrito. Me gusta tu propuesta. Enhorabuena. Un abrazote.

    1. Enrique Caño

      Muchas gracias por tu comentario, Martín Zurita. Efectivamente, algunas bromas, como dices, suelen acabar mal; a veces no evaluamos bien cuándo hacerla y con nuestro “mejor amigo” debemos empatizar siempre igual que él lo hace con nosotros. Un abrazo y agradezco tu aportación.

  2. jaione f de jauregui

    que triste…
    se me hace un nudo en la garganta. Soy gran amante de los perros, y la sola imagen de lo sucedido me duele.
    las historias que llegan adentro , bien tristes o alegres me gustan.
    felicidades

    1. Enrique Caño

      Tienes toda la razón jaione f: es una historia muy triste. He intentado reflejar en ella hasta qué punto nuestros amigos están dispuestos a luchar por nosotros. Para ellos, nosotros somos sus héroes y no durarían -ni un instante- en saltar al agua por nosotros. Tener un perro es algo maravilloso pero es una responsabilidad muy seria; debemos luchar por estar a la altura. Gracias por tu comentario. Un abrazo.

  3. Jesús Garabato Rodríguez

    Los animales parecen tener un gran instinto para “predecir” las desgracias, pero, lamentablemente, no parecen tenerlo para poder discernir lo que es una broma de la realidad. En ocasiones, esto lleva a situaciones como lo que nos cuentas y que yo, en su tristeza, considero muy real, pero mucho. Suerte, Enrique. Saludos.

    1. Enrique Caño

      Muy cierto, Jesús. Lamentablemente, el instinto de nuestros amigos no discierne entre una broma y la realidad. Ellos no dudan nunca de nosotros. Los animales siempre marcan el camino de la entrega, la nobleza y la generosidad. Gracias y un abrazo.

  4. Calamanda

    Enrique, cuentas detalladamente la fiesta y la tragedia, y consigues mantenernos espectantes hasta el triste final. Suerte y saludos

    1. Enrique Caño

      ¡Gracias Calamanda! Tu comentario me ha hecho mucha ilusión. He empezado a aficionarme recientemente a escribir, y nunca mejor dicho: despacito y buena letra, poco a poco. Un saludo.

    1. Enrique Caño

      Muchas gracias, El Moli. La verdad que el desenlace nunca debería de haber sucedido. Con un poco de empatía se podría haber evitado. Un abrazo.

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