Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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55. LA GRAN CARRERA

Sonaba el despertador a las siete de la mañana, corría los cincuenta metros lisos que la separaban de la ducha para ser la primera, una vez conseguida esa meta, la siguiente era igual de importante, superar la carrera de obstáculos que suponían coger el autobús a tiempo para llegar a la oficina y por el camino deshacerse de los pelmas que le dirigían frases soeces a causa de su falda demasiado corta o su pronunciado escote.

La competición continuaba en el trabajo, con la participación en los relevos cuatro por cuatro entre sus compañeros para ver quien se llevaba el beneplácito del jefe, al tiempo que otros desde sus puestos de observación les jaleaban: coge ese impreso , entrégaselo a él ,tú al otro y ese al de mas allá.

A la hora de comer el salto de longitud entre las mesas era algo habitual. El final del certamen llegaba cuando la sirena marcaba las siete de la tarde y ella emprendía la marcha lenta hacia su casa.

Al entrar un maratón de cosas que tenía que hacer le estaba esperando.

18 Respuestas

  1. Jesús Garabato Rodríguez

    Es como si estuviéramos asistiendo a una comedia de situación, donde nos muestras la dura vida del currante tipo, sin un minuto de descanso. Y encima, como en este caso, teniendo que ocuparse de la casa. Esto sí que es una carrera de fondo. Menos mal que con tanto correteo no se le formó una carrera en las medias. Suerte y saludos.

    1. Tal cual lo cuentas Jesús es lo que yo quería plamar,una carrera que muchos/as realizan en su vida sin recibir grandes aplausos ni condecoraciones.
      Es otro tipo de deportista sin chandal ni federación que los represente.
      Gracias por comentar mi relato.
      Un saludo

  2. María José Viz Blanco

    Me he visto envuelta en esas carreras de la vida diaria, que nos suenan tanto a todos. Muchas veces pienso en nuestras madres atendiendo a miles de cosas a la vez, sin descanso. ¡Ellas sí que eran (son) unas maratonianas! Lo malo es que no reciben medallas por ello…
    Enhorabuena, Puri.
    Un fuerte abrazo.
    María José

    1. Maria Jose,nuestras madres y nosotras también .Las mujeres trabajadoras recorren todos los días carreras como la que yo cuento sin ser llamadas a ser famosas por alcanzar la meta.
      Muchas gracias por acercarte a comentar.
      Un abrazo

    1. Normal Enrique que te canses la carrera no deja casi respirar a la protagonista. El aliento algunas veces le falta pero continua corriendo como ese atleta que ve próxima la meta y cree que no lo conseguirá por falta de aire.
      Muchas gracias por comentar mi relato

    1. Toda la razón y más tienes Luisa con tu comentario, hay que estar en esa olimpiada diaria para saber que de juegos nada, la meta muchas veces es difícil de alcanzar, pero la protagonista no ceja en el empeño todos los días.
      Gracias por comentar .
      Un saludo

  3. A veces Ana hay que recordar esa carrera diaria que muchas mujeres realizamos sin que tengamos ningún podio al que subirnos.
    Gracias por comentar.
    Un saludo

    1. Hola Luis,ella hace una verdadera competición diaria, con los tintes de cualquier deportista, aunque no le hace falta entrenar.
      Gracias por tu comentario.
      Un saludo

  4. María Jesús Briones

    En la vida cotidiana, también existe espíritu olímpico, como en la historia que nos relatas, Puri.
    Has acertado de pleno con la metáfora.
    Besito virtual.

    1. Claro que si María Jesús, ese espíritu existe,siempre corriendo para conseguir grandes metas acordes con la vida de cada una.
      Gracias por comentar.
      Saludos y te envío otro besito para ti.

  5. Hola Asun, claro que existe esa vida ajetreada para los dos sexos, pero según mi punto de vista y en concreto en el de mi protagonista,son las mujeres las que compiten de forma más abrumadora.Estas competiciones son el resultado de una vida compleja en la que estamos inmersos la mayoría.
    Gracias por acercarte a comentar.
    Besos

  6. Dura carrera diaria la que tienen algunos, y en caso de ser mujer es frecuente encontrar más dificultades en el camino.
    Con tu relato nos transmites a la perfección ese agobio.
    Sólo hay un pequeño respiro en su “marcha lenta hacia su casa”, pero ni aún al llegar allí puede descansar.
    Un abrazo.
    Carme.

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