Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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129. La isla perdida (Nicoleta Ionescu)

Era un secreto muy bien guardado, que las madres susurraban al oído de sus hijas, en vísperas de sus bodas, o en su lecho de muerte: cuando una no podía aguantar más los apuros de la vida, cerrando los párpados y abriendo el tercer ojo podía llegar a las orillas de un gran río. En medio de sus aguas había una isla bien ocultada. En barco, remando horas tras horas, se podía tocar tierra en una oscura laguna. Allí, entre sauces desmelenados, venían las mujeres a desencadenar sus llantos, a plañir sus desengaños, a gemir por maltratos, a gritar por dolor, a aullir como lobas heridas por desamor y traición; lo dejaban todo allí y volvían a sus casas, al alba, capaces de llevar al cabo los quehaceres del día, tranquilas y sonrientes.

Yo no sé el secreto, sólo la leyenda. Dicen que la isla, de tanto dolor, se ha hundido entre las frías aguas del río y el secreto se ha perdido para siempre. Desde entonces, las mujeres llevan consigo, en sus hombros, todo el peso de la vida.

18 Respuestas

  1. Nicoletta, un bonito y ala vez duro relato, pero me encanta la idea de un lugar donde ir a gritar y desahogarse. Eso sí las mujeres llevan tanto tiempo aguantando y tanto que soltar que el peso hunde la isla, me lo creo.
    Muy bonita idea.
    Abrazos y suerte

    1. Gracias, Manuel. Si tuviera más de 200 palabras añadiría que seguramente hay mujeres, rarísimas, que todavían saben acceder la isla, porque pasan por la vida tranquilas y sonrientes – mujeres a quienes yo admiro mucho.

  2. Blanca Oteiza

    Muy bonita historia Nicoletta, me ha gustado mucho como la describes.
    Me encanta esa idea de la isla donde ir a deshacernos de los problemas y desahogarnos, muy acertado.
    Un abrazo

  3. calamanda

    Nicoleta, ese paraiso terrenal particular, desaparecio con sus Evas; como en el otro, parece que ese hecho desencadenó dolor y tantas maldades como conocemos; curiosao paralelismo. Suerte y saludos

  4. Amélie

    Nicoleta, me ha gustado mucho tu isla interior, un lugar donde descansar; no es fácil acceder a ella pero no es imposible, sólo hace falta “cerrar los párpados y abrir el tercer ojo”.
    Un abrazo .

  5. Jorge Luis Guillén

    Quizá la mayoría de las mujeres todavía saben donde encontrar aquella isla, por ello las vemos sonriendo, siendo felices, afrontando con estoicismo la vida dura. El aullido de la loba me ha removido el alma.

    Saludos, Nicoleta. Tienes un relato contestatario, que me induce a querer a las mujeres que me rodean.

    1. Gracias, Jorge Luis. No la mayoría, sino muy pocas. Así me parece a mí. Las otras todavía buscan la isla (en los consejos de los amigos, en los cabinetes psicológicos etc.), pero raras veces la encuentran. Porque es una isla interior y solo el amor de una madre puede enseñarlas el camino.
      Un abrazo.

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