Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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92. LA TRÁGICA HISTORIA DE IMELDA MORALES Y EL MONSTRUO QUE HABÍA ENTRE LAS CAÑAS DE AZÚCAR (Ana Tomás García)

 

Imelda Morales había pasado toda su vida cortando caña de azúcar. Sus manos eran penínsulas de perfil agreste, pero dulces a pesar de todo, porque había aprendido con el transcurso de los años que las caricias curaban el alma, y que todo el cansancio que llevaba colgando a sus espaldas, no era nada comparado con la paz infinita que le producía acariciar los cabellos trenzados de sus hijas dormidas, cuando el sol daba por finalizada la jornada y por fin regresaba a casa.

Todo esto no tendría ninguna importancia si no fuera porque la tragedia se cernió sobre ella aquel día en que el capataz la hizo objeto de su deseo y fue rechazado con un corte tosco y profundo que Imelda le bordó en el rostro con el filo de su machete.

Aquel día, al finalizar su jornada en el ocaso de la tarde, su casa, prendida por un fuego incontrolable, aullaba bajo el crepitar de las llamas ahogando los gritos infantiles de sus hijas que perecieron en el incendio. Se quitó la vida allí mismo incapaz de seguir viviendo, mientras el capataz observaba con desprecio desde una loma y apuraba de su petaca las últimas gotas de ron.

10 Respuestas

  1. María José Escudero

    Una descripción impresionante. Las imágenes del primer párrafo son muy bellas, incluso tiernas. Luego aparece el conflicto y después ese desenlace tan cruel y estremecedor, monstruoso sin duda. Mucha suerte.

  2. Beto Monte Ros

    Una historia con mucha fuerza en la narración, con un desenlace muy bueno. Me ha hecho recordar el cuento “Luis Pie” de Juan Bosch que, aunque tiene otro argumento, se desarrolla en un cañaveral. El de usted también me ha gustado mucho, suerte.
    Saludos.

  3. Ton Pedraz

    Me encantó cómo lo has relatado. Triste historia, sobre esos monstruos que no respetan nada. Tampoco a las mujeres.
    Enhorabuena y mucha suerte.
    Ton.

  4. Ángel Saiz Mora

    Un monstruo de lo peor, que hubiera merecido que Imelda, antes de matarse, hubiese rematado con él lo que empezó con el machete, así te lo digo.
    Fuerza, drama, pasión y un monstruo. Buen relato.
    Un abrazo, Ana

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