Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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120. LA TRATANTE

No me des la espalda, te lo advierto. Puedo y quiero ser barro entre tus manos de alfarero, barco y nube para llevar tus sueños. Aire, agua, tierra y fuego, pero no me ignores, te lo advierto. Puedo ofrecerte, sin castigo, el placer de todos los pecados, la dulzura de todas las virtudes. Te interesa. Conmigo conseguirás la gloria. Yo desplegaré mis alas de ángel o demonio si tropiezas o despeñas. Saciaré tu sed y tu hambre, tendrás poder y dinero. Solo te pido el alma. Dime un precio. No puede interesarte un amante despechado ni un asesino insatisfecho. Te prevengo.

¿Te acuerdas de nuestro primer romance? Llegaste sediento, me cogiste entre tus manos, me acariciaste, y yo te abrí de par en par las páginas de mi piel. Te enseñé mis rincones más secretos, recorriste los campos infinitos de mi espalda, los agrestes montes de mi sexo, las galaxias de mi cerebro y todos los abismos y oquedades de mi cuerpo. Te saciaste, ¿recuerdas?

¿Por qué te empeñas en buscar otros cuerpos? ¿No ves que son cuerpos inodoros, digitales e insípidos? Vuelve. Me estoy cubriendo de polvo y de suspiros. No tardes. Se me está agotando la paciencia.

4 Respuestas

  1. Ángel Saiz Mora

    El monólogo desesperado de un libro o, más bien -también podría ser-, de una biblioteca entera llena de ellos, que ofrece los sueños y placeres más sutiles a un hombre, que parece haberlos olvidado. Un relato lleno de intensidad, donde se homenajea a la lectura, la verdadera protagonista, como una de las más sutiles actividades del hombre, tanto es así que lo emparentan con lo divino. Los libros en papel, un diseño inmejorable a lo largo de siglos, reivindican el papel físico y espiritual que han tenido siempre, frente a los soportes fríos propios de estos tiempos, a los que muchos no terminamos de acostumbrarnos.
    Un texto que debe su fuerza a un conjunto de frases bien hiladas, entre la ira y la súplica, en las que los libros tradicionales recuerdan sus virtudes, con metáforas hermosas y conseguidas, como ese barro en manos de alfarero.
    Un relato muy trabajado y distinto, que suscita interés en fondo y forma.
    Te mando un abrazo grande, Luis. Suerte

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