Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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93. LAS BUENAS INTENCIONES (Toribios)

En cuanto vio que unos maleantes atacaban a la chica, corrió a buscar una cabina de teléfonos. Con los nervios, los cordones se le enredaron y tuvo que sacar los zapatos de un tirón. Los pantalones no se deslizaban bien por los muslos enfundados en la malla y le costó un triunfo librarse de ellos. En cuanto a la gabardina, la americana y la corbata, se convirtieron casi en la pesadilla que narra Cortázar en su famoso cuento del pulóver. Cuando por fin se vio libre y quedó a la vista su flamante traje rojo fuego, empezó a pensar donde guardar la cartera, optando  por dejarla bajo la ropa bien doblada. Salió por fin dispuesto a todo, pero la policía ya había detenido a los malos. Lo peor fue que, cuando regresó, se encontró con que toda su ropa había desaparecido, incluida la cartera. Tuvo que volver a casa de aquella extraña guisa y para colmo le persiguió un enjambre de mozalbetes que no cesaron de lanzarle improperios. Trató de impulsarse con sus zapatos gravitatorios y desaparecer volando, pero se había olvidado de cargar las baterías la noche antes, así que tuvo que soportar aquello hasta el mismo portal.

 

2 Respuestas

  1. Ángel Saiz Mora

    Lo que cuenta es la intención, como bien sugiere el título. Otra cosa es el resultado, que a veces deja un poco que desear, como este superhéroe, voluntarioso sin duda, pero también lento y algo patoso. Quizá con un poco de práctica se convierta en alguien útil para la sociedad, merecedor de ovaciones y no de escarnio infantil.
    Un personaje un tanto penoso pero, precisamente por ello, porque es más humano que súper, también entrañable.
    Un abrazo, Antonio. Suerte

    1. Gracias, Angel. Como lector infantil de comic de superhéroes, siempre me preocupó la parte práctica del asunto, eso de que se metieran a un callejón cualquiera y salieran con flamante traje y poderes al punto. ¿Y dónde dejaban la cartera, y la ropa y las gafas de aumento? Será porque mi madre se pasó toda la vida recriminándome haber perdido una chaqueta de punto en aquella excursión…

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