Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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MAY64. LA ENFERMEDAD DE EMMA, de Eduardo Iáñez

El cónsul pide otra botella de champán. La recepción sería infinitamente aburrida si no fuese por la dama sentada frente a él, cuyos palpitantes labios encarnados dan cumplida cuenta de la copa que vuelve a llenarle. Inclinándose hacia ella desde la silla dorada e incómoda a que los han condenado, ese hombre de maneras mundanas recién llegado a París le aclara que es cónsul solo honorariamente. Cuando la mujer descubre que es el poeta de la nueva América, intenta sobreponerse a los vapores espirituosos que velan sus ojos glaucos y se lanza vanamente en pos de la libélula irisada e inconstante de sus sentimientos, que se cree obligada a compartir con su interlocutor. Pero a este no le interesa su historia; le parece prosaica, adocenada y tremendamente vulgar la enumeración de sus congojas matrimoniales, la exposición de sus cercenaduras morales, la plana metáfora de una mansión devenida jaula de oro. Es sencillamente una cuestión de forma. Y mientras en el regio salón algún invitado toca la Sonatina en sol mayor de Beethoven, el ritmo profano de los alejandrinos que envolverán esa historia ronda ya la cabeza del maestro, en la absoluta certeza de que el Arte supera a la Naturaleza.

17 Respuestas

  1. Virgi

    Hermosa composición, Eduardo, sobre la pasión por lo humano y lo artístico. Me ha recordado un libro de Wilde, La decadencia de la Mentira, en la que el autor desarrolla ampliamente la última frase de tu relato. Creo que es tu primer paso por aquí. Bienvenido.

  2. Eduardo Iáñez

    Gracias, Virgi, por tus palabras de bievenida. En efecto, Wilde desarrolla en muchas de sus obras este tema, que me parece fundamental para comprender la razón de ser de la literatura contemporánea. De modo que, al abordar el tema del mes, tuve claro que esa idea (que el propio Darío toca ya en su libro Azul…, por ejemplo en “Naturaleza muerta”) sería la que haría gravitar este micro, con el que aparezco por aquí. Gracias de nuevo por acogerme.

    1. Eduardo Iáñez

      Vaya, Lolo, muchas gracias por una opinión tan irrefutable que me deja sin palabras, de verdad.
      Pero, sobre todo, me alegra que te haya encandilado: esa es, en definitiva, la aspiración de todo relato.
      Gracias de nuevo, y un saludo.

  3. Anonymous

    Hola, Eduardo!

    Sin ningún ánimo de “venganza” en mi visita por tu micro, sino por agradecimiento a tu cortesía por tu paso por el mío, me acerco con curiosidad a tu escrito, que creo que es con el que inauguras tu periplo por este concurso, ¿no?

    Me ha parecido un relato denso, algo barroco en ciertas expresiones y figuras literarias (homenaje al modernismo quizás?) y, sobre todo, por el predominio de las frases largas, quizás acordes a esa atmósfera de pesadez y hastío que ofreces. Encuentro una pequeña contradicción entre los sentimientos del personaje, el cónsul-poeta: la presencia de la dama resulta al principio divertida o al menos no es aburrida, pero luego su historia no le interesa.
    Tu idea sí que es buena: presentar el momento en el que se gesta la creación de una obra literaria imprescindible (La sonatina de Darío), la unión de un momento terrenal con su correspondiente lírico. Muy logrado!!

    Sólo una sugerencia, yo quitaría el final, creo que es una reflexión del autor del texto, es decir, tuya, como entendido en literatura (que supongo lo eres por el despliegue de conocimiento mostrado en la crítica a mi cuento y por el comentario superior) no del narrador omnisciente del relato.

    Muy buen pistoletazo de salida!!!
    Bienvenido y enhorabuena!
    Un saludo
    Marta

  4. Eduardo Iáñez

    Encantado, Marta, con este “acercamiento” que haces a mi relato, que te agradezco. Y más aún tus alabanzas a la idea y a sus logros.
    En cuanto a tus sugerencias y apreciaciones, como debe ser, son bien recibidas; nunca pensaría en un ánimo de “venganza” en casos como este, pues creo que si algo interesante ofrece un blog como este, es la posibilidad de contrastar sobre la marcha las opiniones de quienes nos leen. Un lujo.
    Así que gracias de nuevo por tus aportaciones, así como por tu bienvenida. Ya comienzo a sentirme de esta familia bloguera.
    Un saludo.

  5. Mercedes Jiménez

    Eduardo, me ha encantado la ambientación de tu relato, muy, muy logrado el aire de aburrido encanto de las reuniones de la burguesía parisina de finales del XIX. Como señala Marta, muy original la idea de introducir a Rubén Darío como personaje y muy bien trazado también el personaje femenino, esa particular Emma Bovary. Muy buen micro. Enhorabuena y suerte.

    1. Eduardo Iáñez

      Gracias por tus apreciaciones y por tus parabienes, Mercedes. No te imaginas lo agradable que es tener lectoras tan atentas a los detalles de un micro que, como este, yo he había concebido como muy insinuante. Por eso tus palabras me resultan especialmente valiosas. Gracias de nuevo, y un saludo.

  6. kistila

    no me gusto nada esta princesa tan bien descrita en lo insustancial porque en efecto existen mujeres así, tan bellas por fuera y tan insípidas por dentro…

    en efecto les hay que se creen obligadas “a compartir con su interlocutor…” todas las cuitas mas ínfimas de su vida… es tan difícil saber cuando y cuanto se puede contar lo intimo…

    hay en este relato una frase que me encandilo de manera completamente independiente a la historia contada:

    “y se lanza vanamente en pos de la libélula irisada e inconstante de sus sentimientos”…

    1. Eduardo Iáñez

      Muchas gracias por tus pormenorizadas apreciaciones, Kistila. Me resulta muy llamativo todo cuanto me dices, porque quizá uno llega a descubrir perspectivas o matices que no había llegado a percibir siquiera al escribir.
      Muy enriquecedor. Gracias.

    2. kistila

      volví a leer tu relato con la óptica de madame Bovary como lo plantea Elisa después de una pregunta extrañada de Isa …
      ¡no se me había ocurrido porque honradamente no había leído el titulo!…

      mi segunda lectura ha sido benéfica porque me llamo la atención la “jaula de oro”…
      admiro como en tan pocas palabras conseguiste enseñar el desamparo de esta mujer que por un poco atención que se la demuestra ya se “imagina” que , por fin, interesa alguien…

      por desgracia existen muchos hombres, o mujeres, así: no les interesan las “personas” pero lo que pueden sacar de ellas…
      en pocas palabras que bien has planteado este escritor para quien todo es “alimento” para sus escritos…

    3. Eduardo Iáñez

      Gracias, Kistila, por tu relectura de mi relato. Creo que, como en toda relectura, ahora puedes haber disfrutado más del micro, que reconozco que no es de fácil lectura y que está lleno de referencias que necesitan de un lector atento. Muchas gracias por encontrarte entre estos últimos.
      En efecto, esta ‘princesa’ está presa de una vida vulgar, de un matrimonio infeliz, de una mansión asfixiante… Pero Darío lo convierte todo ello, con el Arte, en un mundo de nostálgico y melancólico ideal.
      Gracias por tu paciencia y tus apreciaciones.
      Un saludo.

  7. Isa

    Me pierdo en el títiulo, Eduardo. Abre un asunto que no veo reflejado en ningún lugar del relato. Habrá una explicación, seguro, por favor.

    1. Eduardo Iáñez

      La verdad es que la clave de la explicación que me pides ya te la han dado otros lectores de este blog, siempre tan atentos y temibles. En efecto, la ‘princesa’ del relato está enferma de bovarismo, esa mal que retrató Flaubert en Madame Bovary y que no es sino una forma de romanticismo enfermizo que confía ingenuamente en el sentimentalismo. El poeta trasciende ese morboso romanticismo aburguesado en el arte de su composición poética, la “Sonatina”.

    1. Eduardo Iáñez

      Por supuesto, Elisa: esa burguesa que, en mi micro, Darío convierte por el Arte en una princesa melancólica, está enferma de bovarismo. ¡Qué respeto despertáis, al menos en mí, los lectores atentos! Es, sin duda, la mejor forma de disfrutar la literatura. Gracias por compartirla conmigo y con todos los lectores de este blog. Y gracias, muchas gracias, por supuesto, por tus calificativos.
      Un saludo.

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