Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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MicrosCopa – Ganador : Los olvidados

Y por fin llega el análisis del texto ganador de la Copa Entc, los Olvidados de María Sergia Martín, Towanda.

 

Los olvidados

Hay un hombre sentado a la mesa, maquillado como muñeca vieja, envuelto en aromas de lavanda. Una chiquilla dormita, balanceando su hamaca, y un pequeño sin nombre espanta moscas que entran y salen de su nariz. Por el sendero, un anciano carga un fardo. Los chicos gatean hacia la puerta. Hambrientos. El viejo rasga el saco con su única mano. Tembloroso. Buscando su aprobación. Lo oliscan, emiten sonidos grotescos y braman cuando consiguen volcar el cuerpo sobre la mesa. El niño sin nombre mordisquea con frenesí sus dedos y la muchacha comienza a pintarrajearle el rostro. A los recién llegados hay que recibirlos como merecen.

 

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(+) Sin duda lo mejor del micro es el ambiente de desasosiego que logra crear la autora con unas certeras descripciones: un hombre maquillado como una muñeca vieja, las moscas que entran y salen de una nariz, un anciano manco con un fardo, que resulta ser un cuerpo, la conducta de los niños…

(+) Con relación a esta misma idea quiero destacar sobre todo lo que para mí supone el punto de inflexión del micro: Los chicos gatean hacia la puerta. Todo la anterior podría, o no, resultar un tanto extraño, pero esa frase es la que empieza a introducir la inquietud en el lector. En un relato de terror no hay nada que produzca más repelús que una conducta anómala de los personajes. Es cierto que nada se nos dice de la edad de los niños, pero eso no le resta fuerza a la idea. Si son lo bastante mayores como para no tener que gatear, el que lo hagan nos habla de su abandono, de su forma de vida primitiva; y si son todavía más o menos bebés, su reacción al final del relato nos lleva a sentir ese nerviosismo que provoca un buen relato de terror. En ambos casos, esos olvidados nos sacuden con su comportamiento.

(+) Destacaría también el lenguaje utilizado, que casi no recurre a la truculencia, pero que aún así logra ese efecto de inquietud que he señalado antes. Me gusta que sea efectivo, directo, descriptivo, con frases que son como latigazos. Que juegue con el ritmo, cortando algunas frase con una sola palabra, que en ocasiones además, y por ese mismo motivo, sirve para crear una mayor alarma (por ejemplo: Los chicos gatean hacia la puerta. Hambrientos).

(+) Por último quería señalar otro aspecto destacado del micro, y que a mí siempre me gusta buscar, porque les da a los relatos una mayor coherencia. Me refiero a la estructura interna del mismo. En Los olvidados veo dos partes diferenciadas. En la primera destaca la inmovilidad de los personajes; los protagonistas permanecen quietos, bien sentados, dormitando o espantando moscas. Es cuando los chicos empiezan a gatear, esa especie de bisagra que cambia todo, incluso formalmente, cuando de la inmovilidad se pasa a la acción, muy movida además,  y que queda bien reflejada cuando se describe tan gráficamente al introducir la palabra “frenesí”.

 

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(-) Creo que este relato necesitaría un mayor desarrollo en su concepción. Al menos a este demonio le parece así. Tan cual está concebido me crea muchas dudas. Soy un demonio partidario de los relatos que no me dejan tantas incertidumbres. Puedo entender los finales abiertos, los que te dejan inquieto con su resolución, pero no lo soy de los que crean generan muchas preguntas. En este es como si la escena descrita fuera la parte central de una historia a la que le falta un desarrollo tanto por su comienzo como por su final.

(-) Esta opinión quizá venga motivada porque como diablo lector prefiero conocer la motivación de los personajes, la relación entre ellos, qué les lleva a actuar como lo hacen.

(-) En este relato hay cinco protagonistas: dos niños, un anciano, un hombre sentado a la mesa, un cuerpo. Empiezo con el primero, el hombre sentado a la mesa. El relato arranca con este hombre, del que no sabemos nada más, ni se recurre a él en el resto de la narración. ¿Quién es? ¿Qué relación tiene con los niños? ¿Está muerto y su olor se disimula con lavanda, o solo sentado? ¿Es solo un cuerpo al que va a sustituir el otro cuerpo que llega en el fardo? (-) A efectos narrativos, incluso se podría prescindir de esta primera frase, aún cuando lo que se pretenda es hacer un paralelismo entre él y el cuerpo que llega, y como justificación de la frase final. Creo que incluso quedaría más aterrador. Así, tal cual está, ya sabemos que hay un cuerpo pintarrajeado. Sin la frase de inicio, y con la coletilla “A los recién llegados hay que recibirlos como merecen”, nuestra imaginación se dispara: ¿cuántos ha habido como ese cuerpo antes de que lo trajeran? Esa es la pregunta que me gusta hacerme al final de su lectura.

(-) El anciano del fardo. Más preguntas. De nuevo, ¿quién es? ¿Qué relación tiene con los niños? ¿Por qué busca su aprobación? Por eso el relato se me queda corto en esas poco más de cien palabras. Podría decir más o menos lo mismo con relación al cuerpo, que supongo que tal cual está descrito es efectivamente un cuerpo y no un ser vivo.

Este diablo, sin embargo, nada tiene que objetar con relación a la descripción de los niños, tal cual está expuesta. La imaginación, el título y mi condición de diablo hacen el resto.

 

(-) La frase final puede ser un acierto respecto al número de cuerpos que podrían haberles hecho llegar a esas tiernas criaturas, pero cuando releo el relato, a veces tampoco logro encajarla bien con el resto de la historia, ni siquiera si busco un sentido irónico: ¿por qué merecen ser recibidos así los recién llegados? Siguen siendo demasiadas preguntas para la mente espesa de un pobre diablo.

(-) Sí que eliminaría la repetición de “sin nombre” hecha la segunda vez con relación al niño. Ya se nos ha dicho que no tiene nombre cuando es descrito al principio del relato, y al igual que no se nos vuelve a describir de esta forma a la chiquilla (“la muchacha que dormita”), esa repetición, y sobre todo en un micro, a mí me sobra.

(-) En resumen creo que “Los olvidados” es una historia que se queda corta, más que en la forma, en el fondo.

 

Dios

Ya que tratamos el relato ganador de la Copa, Dios va a ser neutral y no se pronuncia. Espera que los lectores de esta sección opinen respecto qué les gusta, qué no y qué cambiarían para dejar el relato perfecto.

 

 

 

 

5 Respuestas

  1. Yo como Dios no valgo un pimiento. Y empiezo a sospechar que como opinadota, más o menos lo mismo. Me explico: leo el discurso del angelito y me convence totalmente; luego veo las maldades del diablillo y también las encuentro perfectas. A ver si va a ser que ese ángel/diablo es un político…

  2. Vernay Juillet

    Totalmente de acuerdo con Mel: leer este texto es bajar a los infiernos del desasosiego pero yo, personalmente, no necesito saber más de ninguno de los personajes (sus edades, sus motivaciones…) que aparecen en este cuadro dantesco. Saber algo más sería como alumbrar aquel pasillo que de pequeños todos tuvimos que cruzar a oscuras, desaparecerían entonces los monstruos y con ellos el desasosiego, el terror. A mí también me encantan esas frases tan cortas y algunas incompletas que te llegan como escalofríos. La repetición “niño sin nombre” iría, en mi opinión en la parte aciertos; no tener nombre porque nadie te lo haya puesto, porque seas invisible para el resto del mundo o porque lo hayas olvidado es una de las partes más aterradora de la historia y me parece bueno que se repita. Pintajear la cara de los que llegan tal vez sea como ponerles un nombre, darles algo de visibilidad.
    No sé si este pequeño comentario mío es lo que se esperaba de Dios, pero la verdad volver a leer el relato ganador, más los comentarios de Mel mientras desayunaba viendo llover como si fuera otoño, ha hecho que me sintiera como Él :-)).

  3. En primer lugar, muchísimas gracias tanto al ángel como al demonio y, por supuesto a Edita y a Vernay J.

    Para el ángel:
    La primera idea que me vino a la cabeza cuando leí la frase de cierre fue un espectáculo desolador, sombrío, postapocalíptico incluso. Intenté crear un clima de desasosiego (si te ha parecido así me doy por satisfecha, angelito).

    La primera parte, excepto el gesto mecánico del niño sin nombre para apartarse las moscas, recrea un ambiente inmovilista como bien dices. Es ese gateo el que marca el punto de inflexión y deja (a la imaginación de cada cuál) la posible explicación de lo que allí está sucediendo.

    Muchísimas gracias, ángel, aunque no sé quién eres.

    Para el demonio:
    Probablemente, el micro necesite un desarrollo mayor y quizá lo haga en otro momento.
    En cuanto a la motivación de los personajes dices que te gusta conocerla. A mí también, pero en espacio tan breve no puede perderse una en contar al lector estos detalles.
    El relato arranca con un hombre sentado a la mesa… “¿Quién es? ¿Qué relación tiene con los niños? ¿Está muerto y su olor se disimula con lavanda, o solo sentado? ¿Es solo un cuerpo al que va a sustituir el otro cuerpo que llega en el fardo?”… Son demasiadas preguntas, algunas de las cuales las respondes tú mismo. Yo tengo una idea de las posibles respuestas, las que a mí me sugiere la escena pero no las creo tan necesarias.
    Dices que se podría prescindir de esta primera frase de arranque… Yo discrepo, es la frase que presenta al personaje y a mí me gustó.

    Respecto a eliminar la repetición de “sin nombre” con relación al niño es una opción a valorar, aunque a mí me parece que la repetición le da contundencia. Este niño, tanto si se mueve, como si gatea o espanta moscas es un “sin nombre”, alguien olvidado que nunca lo tuvo. Dices que “Al igual que no se nos vuelve a describir de esta forma a la chiquilla (“la muchacha que dormita”), y no se vuelve a describir así porque ya no duerme, está despierta.

    Muchas gracias por tu exhaustivo análisis. Tampoco sé quién eres y me encantaría.

    Un abrazo para ambos por la molestia.

    Pd: Quizá me apresuré al colgarlo, sin tiempo de reflexionar todas y cada una de las posibilidades que aquí se comentan por completo.

  4. Ah, otra cosa que se me olvidaba:
    Aunque discrepe con algunas apreciaciones del diablo, me encanta el trabajo que se han tomado ambos en elaborar sus comentarios.
    Al releerlo, después de publicarlo, me ha parecido que sonaba como si estuviera enfadada, y nada más lejos de eso. Y como es mejorable, todo lo es, pondré en práctica algunas de sus observaciones.

    Gracias, Mel, por tanto esfuerzo.

  5. Paloma Casado

    Primero quiero felicitar a Towanda por haber conseguido ganar un concurso que se está convirtiendo en un referente de lo hiper breve. ¡Qué cuentos tan buenos caen en esta Copa!
    Estos “Olvidados” parecen proceder de una pesadilla. Nos transmiten en pocas palabras un desasosiego difícil de explicar. De qué manera ha construido una escena que pone los pelos de punta. Los personajes parecen semi humanos, olvidados del mundo y la civilización. Me recuerda los cuentos de Mariana Enriquez “Cosas que perdimos en el fuego” que comparten esos universos devastados, en los que tampoco encontramos explicaciones. Quizá en eso también consiste esa ansiedad temerosa que nos asalta, porque queremos comprender para explicarnos un porqué que nos tranquilice. De cualquier manera, será difícil olvidar a esos niños hambrientos, a ese anciano manco y al pintarrajeado como una muñeca vieja.

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