Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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115. Norman

Gritar descarnadamente ante el epitafio de la madre, arrebatada de forma prematura e injusta, lo que daría porque regresara. Expresar, meses después, idéntico deseo para el año recién estrenado, vacío el estúpido plato de uvas sobre las rodillas. Cerrar los ojos y guardar para sí ese mismo anhelo imposible al soplar las velas del decimosexto cumpleaños: volverla a ver sólo una vez más; poderla estrechar en un formidable abrazo que sintetizara cuánto la echa de menos, cuánto se arrepiente de sus desaires de incipiente hombrecito y del tiempo irremediablemente perdido. Cuánto lamenta no haberle dicho antes lo que la quiso. Lo que la quiere.

Arrepentirse, nada más abrir la puerta y percibir ese olor nauseabundo que impregna la casa. Arrepentirse, con la misma intensidad con que lo deseó, al entrar en la habitación y distinguir ese ruidito, como de papeles arrugados, de la maraña de gusanos hambrientos que se retuercen y porfían y entran y salen y se hunden en la forma probablemente humana que ahora vuelve a ocupar el sillón favorito, aquél donde solía encontrarla, al volver de clase, leyendo y oyendo música. Arrepentirse y parar, sin poder apartar la mirada, el tocadiscos que él nunca puso en marcha.

27 Respuestas

  1. Ángel Saiz Mora

    Una primera parte muy humana y sensiblemente desgarradora; una segunda no menos desgarradora, pero en un sentido diferente, con ese inquietante tocadiscos que parece conectarse solo.
    Un relato con el reto conseguido de haber sabido adentrarse en la cabeza compleja y enferma de Norman Bates.
    Suerte y un saludo

  2. Mª Belén Mateos

    Conmovedor relato, lleno fuerza y plagado de buenas imágenes que nos adentran en la historia.
    Me encanta su tono.
    Suerte David, un abrazo.

  3. Vaya, Juan Antonio. Yo, más que el relato, lo que quería que se os metiera en la cabeza era ese ruidito, como de papeles arrugados. Pero tampoco está mal que haya sido la historia la que haya conseguido tal fin.

    Suerte para ti también,

    D.

  4. Se ha de vigilar con lo que se desea, puede que se cumpla distinto a lo que imaginamos. Como cuando el chico quiere que vuelva la madre: la espera como cuando estaba viva, pero no como está en la tumba (con sus gusanitos). Ah, y a pesar de estar muerta, le sigue gustando oír música 🙂
    Espeluznante historia David.
    Un saludo.
    Carme.

    1. Gracias por tu comentario, Carme. La historia nació, precisamente, a partir del hecho que mencionas: quería contar el peligro que puede tener la literalidad del deseo cumplido. Lo del tocadiscos y lo del título vinieron después, quizás por el propio desarrollo del micro.

      Un saludo,

      D.

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