Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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OCT03. JURAMENTO HIPOCRÁTICO, de Eva García

Un relámpago la inmortaliza, tumbada sobre su cama.
Decían que, en esta misma alcoba, se preparó cuidadosamente aquella tarde, su primera vez.
Contaban que, cuando bajó la escalera, la congoja empapó los corazones de los que velaban el féretro y que era tal su parecido con la difunta, que vacilaron al darle el pésame.
Aseguraban que, desde entonces, bastaba su presencia para espesar silencios, empañar ojos y oscurecer ánimos, confirmando así su don innato e inequívoco como plañidera.
Rumoreaban que su llanto agónico provocaba escalofríos y ponía los pelos de punta, pues parecía tener ecos del más allá.
Insinuaban, haciéndose cruces, que no debería haber reemplazado a su madre precisamente aquel día; que mezclar lágrimas espontáneas y fingidas solivianta a los espíritus, condena almas inocentes y desdibuja los caminos del cielo.
Creían firmemente que, cuando llegara su hora, lloraría sin tregua por su propia muerte un diluvio maldito que anegaría el pueblo para siempre.
Imagino que, por eso, todos huyeron cuando supieron la gravedad de su estado… sin auxiliarla.
Desasosegado, tras el último estertor he auscultado su pecho y buscado el pulso con ahínco. Mi mano tiembla, irracionalmente, mientras escribo la fecha y hora.
Un trueno ensordecedor rubrica mi certificado.

29 Respuestas

  1. Gracias a los cuatro por pasaros por aqui. Este es el típico relato que he recortado, pulido, dado vueltas, rumiado, cambiado, vuelto a medir…y al final he acabado contando una historia distinta a la que en un principio había escrito del tirón. Nunca se si eso es bueno o malo… Abrazos a repartir

  2. Pues el médico se ve que pecaba un poquillo de supersticioso también. Es un alegre y ameno relato …a ver, está bien, tiene ese halo del mundo intermedio entre la vida y la muerte, los males de ojo y las maldiciones y esas cosas, y el trueno abre alguna puertecilla. Pero te confieso que me resultó lioso al principio y tuve que releerlo para pillarlo bien. Aún así te lo compro.

    Me vale Santiago.

    Biquísimos.

    1. Pues yo te confieso a ti que al principio era la historia de la hija de la plañidera, ‘posesa’ por el espíritu de su madre a la que mató y sustituyó y esa puesra abierta del trueno era en realidad lo que iba a suceder con el pueblo y sus habitantes: pero estaba yo narrando eso cuando pensé, jo que miedo, si me quedo aquí narrándolo me pilla la maldición, así que se me ocurrió que nadie mejor que el médico para cumplir su deber de asistencia y la cosa cambió. En realidad, al principio el médico estaba más asustado, pero después pensé que la ciencia debe sobreponerse un poco a la superchería. total, que al final no sabemos si el pobre doctor será tragado por las aguas. Yo me temo que sí ;o)

      A mi también me vale ¿vas a menudo?

      Apertísimas

    2. No, a menudo no, pero cuando me apetece. Me queda a menos de 50 km, un paso, asín que no tengo poblema. Podemos hablar del Madrí-Barca, de si las ratas tienen un rabo acorde a su nivel cultural y 7 cosas más. Si me tomo dos birras se me pasa la timidez y soy la bomba.

      Biquisimos.

    3. Pues habrá que comunicarse por alguna otra vía, me iré a buscarle a algún rincón de alguna taberna. Yo del Madrid-Barça puedo decir que el próximo me pilla fuera de casa, de la cultura de las ratas, que no se si es inversa o directamente proporcional a su inteligencia o si el tamaño importa en ellas y respecto a las 7 cosas restantes, como son impares, nos las jugamos a los chinos. Yo rara es la semana que no voy, por cuestiones de diversa índole, así que…dos birras o dos garimbas, que vienen siendo lo mismo, es mi dosis también, pero no exploto. Besos.

  3. Eva, mandé un relato en un concurso que tiene por tema tu título así que me ha hecho gracia. Me gusta como describes las escenas metes al lector dentro de tu texto. Un fuerte abrazo amiga, Sotirios.

    1. A ti lo que te voy a confesar es que el título es el último cambio que hice al relato. Seguramente tu juramento era mejor que el mío y más divertido ;o) Se llamaba ‘el médico’ pero últimamente me da por pensar que mis títulos suelen ser bastante simplones, así que enredé la cosa. Gracias por tu visita, otro abrazo a ti.

  4. Hola Eva
    el título me tenía intrigada según iba leyendo. Confieso que me he perdido un poco, el “su primera vez” me ha hecho pensar en algo diametralmente opuesto y el “remplazar a su madre” en que debería haber muerto en vez en el papel de plañidera, he tenido que leerlo varias veces para entenderlo mejor. Lo que más me ha gustado es el ambiente de pueblo con habladurías y supercherías que hasta el médico duda… el final está estupendo, toma rayo y The End, o mejor “to be continued” je je

    1. Hola Mel. Otra confesión más: el boceto dle relato tenía un juego de despiste con lo de l aprimera vez también y al recortar, algo quedó. Es lo que tiene usar la tijera, que despues te queda el hilo en la cabeza y crees que en el texto continúa. Es tan ‘simple’ como que al morir la plañidera, su propia hija la sustituye en el plañir, pero en el mismito entierro de la misma.De donde vienen todas las habladurías y creencias posteriores. O quizá sean ciertas…:o) Gracias por tu comentario. Un beso!

  5. Eva, me gustó mucho tu relato cuando lo leí la primera vez y me gusta más cuando lo releo la segunda. Me gusta mucho la vacilación a la hora de dar el pésame a quién se parece tanto al difunto. Si de normal es dificil, porque nunca sabes muy bien qué palabras son las más adecuadas, si encima le imponemos esa “magia” de la que has rodeado a tus protas ni te cuento.

    En fin, que me parece un relato muy bueno, muy original y muy sentido. Creo que será uno de los elegidos.

    Un abrazo.

    1. Uff, Aurora, no me veo yo en tal situación, muchacha, ja,ja. Traté de que las citas con la muerte fueran múltiples (las de la madre en su oficio, la de la hija con su madre, las posteriores de la hija con el resto, la de la propia plañidera con pueblo entero , la del médico con la plañidera y quizá con la maldición…
      La muerte no es sino algo inherente y que empieza con la propia vida. Un abrazo

    1. Gracias Maria Elena. El médico, solito en el pueblo, con la difunta de la que tanta cosa contaban muriéndose en una noche de tormenta…pues por muy profesional que sea, yo creo que siempre queda un huequito para la duda y el temor. Un abrazo

  6. Eva, ese ambiente mágico, supersticioso, ese velatorio entre lágrimas verdaderas y fingidas, ese médico repleto de miedo…he vivido la escena a medida que la ibas contando. Lo leí tres veces por si se me escapaba algún detalle, me ha encantado.

    Qué cita más negra con la muerte!!!
    Un abrazo
    Rosa

    Suerte!!

  7. A mí me ha atrapado el ritmo que le das con decían, contaban, rumoreaban, creían… lo cual empapa al micro con esa atmósfera pueblerina de supercherías y acerca con facilidad al lector a la escena.
    Un abrazo.

    1. Hola Susana, si supieras cuantas frases cambié que empezaban con ‘murmuraban, aseguraban, chismorreaban y tardé en decidirme por los sinónimos incluso. Si te he atrapad un poquillo, me siento satisfecha. Un abrazo y, lo mismo que a Rosa, ¡felicidades por tu mención!

  8. Hola Anita, que bien leerte por aquí y sobre todo con esas cosas tan bonitas que me dices, jo y hy me pillas con ganas o necesidad de creérmelas un poco. Gracias, gracias, gracias. Yo, no se, esta plañidera si me da penica o no. Porque, por muy profesional que se quiera ser, eso de plañir en el entierro de tu propia madre plañidera, como que me parece un poco trepa, algo asi como ¡uy, que nadie me quite la vacante que aquí estoy yo! Imagino que el resto de su vida no ignoraría las habladurías del pueblo y aún así siguió con ello. Pero si tienes los pelillos como escarpias, me doy por contenta. También espero que estés mucho mejor no se si por esta vía te llegará, pero te mando desde aquí todas las ondas positivas que necesites y un abrazo y un beso muy, muy fuertes.

  9. Y yo que creí que era una aberración procedente del cosmos que había venido a la tierra a chuparnos la sangre a través del dedo gordo de los pies. Una especie de Chotacabras interestelar. Y era un lirio sin encender…

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