Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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OCT192. LA SONRISA DELATORA. de Laura Garrido Barrera

Buenas tardes, te dijo el hombre que abrió la puerta. Entraste en la habitación y observaste un desorden caótico. En la esquina más soleada se amontonaban blusas de mujer con las perchas camufladas en sus telas. Esparcida por la habitación, la colección completa de las novelas de Agatha Christie, con sus tapas negras formando pequeños triángulos. En otra esquina, un tocadiscos arropado por docenas de vinilos sin sus fundas. Ya ve, se han llevado todos los objetos de valor, sólo han dejado la cama, dijo el hombre cabizbajo. Tú reconcentraste toda tu atención en un cartel con un nombre de mujer y una curva febril que colgaba a los pies de la cama. ¿Cuándo falleció? El lunes, contestó él. ¿Y el cuerpo?, interrogaste. Incinerado. Te agachaste para mirar bajo la colcha que arrastraba hasta el suelo y encontraste una dentadura postiza sumergida en un vaso de agua. ¿Qué cenaron ayer su mujer y usted? Ensalada de zanahorias. Lo siento, el seguro no cubrirá este robo, afirmaste observando al trasluz el fondo del vaso tamizado por pequeñas partículas anaranjadas, y vigilen la fiebre de la pobre Ágata, que hoy es miércoles y en la curva señala que ya tiene demasiada.

22 Respuestas

  1. Laura, el titulo dice mucho. Como dicen por allí aquí hay tomate. Al menos tiene los libros de Agatha para no aburrirse. Un relato es muy entretenido. Un fuerte abrazo amiga y mucha suerte, Sotirios

  2. Gracias Sotirios ¡eres el primero en leerlo! y veo que no has tenido dificultades a pesar de que hay una frase que se ha resbalado de sitio y parece haber dejado huérfano al “cubrir”. A ver si JAMS me lo arregla y quita ese retorno de carro. Luego le digo. UN BESOTE.

  3. Laura, estoy corto, he leído tu relato tres veces y no llego a enterarme. Sí, la dentadura y la sonrisa delatora están relacionados, sí hay un salto de días. Sospecho que hay hipertextualidad que no reconozco y por eso me quedo fuera.

    1. El texto más largo querido Ximens, aclara de mejor forma esa hipertextualidad a la que haces referencia y que al final decidí omitir del texto breve de forma radical. Agatha murió a los ochenta años de una gripe en 1976, y se cree que sufrió de demencia senil. Mi Agata, sin hache, es una mujer que está enferma, con una curva febril ascendente que bien pudiera ser una sonrisa, igual que la de su dentadura postiza. No está muerta, quieren matarla antes de tiempo para cobrar el seguro. Mi hombre minucioso que repara en la curva febril, es una persona atenta y disciplinada , al estilo de Poirot, que no se deja engañar, y ve que siendo miércoles, también el médico ha dibujado una rayita en la curva de la anciana.

      En fin, que en esta versión no hay hipertextualidad que valga, y que me alegro de que lo hayas leído tres veces, jiji, porque si has podido hacerlo es que no te ha disgustado del todo.

      Besos amigo Ximens.

  4. Esa pregunta, “¿qué cenaron anoche su mujer y usted?” es propia de uno de mis héroes de la infancia, el detective Colombo. Tal vez por eso me ha gustado el desenfoque desde la Christie originaria.
    Un saludo
    JM

    1. Hola Calamanda, desde luego que con ese hombre de perito policial, y siendo tan torpes a pesar de todos los libros que han leído, no creo que cobren nada.

      Mucha suerte y muchos abrazos.

    1. Gracias Nani, por este comentario doble que me halaga por tu simpatía y por esa suerte que me deseas, como siempre que te acercas a mis escritos. 😉

      Recibe un abrazo fuerte y un beso.

  5. Tiene ese aire misterioso, de esas narraciones que tienes todas las piezas delante pero no eres capaz de encajarlas y ver el dibujo. Lo he leído, releído despacito y desmenuzado los comentarios, aún así creo que algo se me ha escapado y eso que tiene una narración que de alguna manera te intriga y te impulsa a leer con interés. Me ha sorprendido mucho el narrador hacia el tú, apuesta curiosa… Abrazos Laura.

  6. Como se me escapaba el final, he leído los comentarios.Si no estaba muerta ya, falta alguna línea (sin el cuerpo me cuesta imaginar lo de la fiebre) que cerraría muy bien este relato tan bien montado junto con ese título tan esclarecedor.
    Un abrazo.

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