Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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OCT40. LENGUAS MORIBUNDAS, de Juan M. Sánchez

Al acabar de releer la carta, Urban Volstein sintió el vértigo de lo irremediable. Hacía tiempo que no pronunciaba ni una palabra en su insegura lengua materna, la que, como si fuera un código inventado, solo usaba ya ante su esposa cuando iba, cada año, a dejarle flores.
Ese idioma, el de amar, el de odiar, el de blasfemar y el de llamar a las cosas por su nombre, heredado por su padre de sus ancestros, y traspasado por ellos a Urban con la idea de que este se lo cediera a los hijos que nunca tuvo, estaba llamado a apagarse definitivamente, y ni los sabios de la cátedra lo resucitarían, ni los aprovechados de la asamblea se lo apropiarían, ni los niños lo escucharían de nuevo de sus madres.
—Delecti’m magna, binomi. Acudi ad ti ja —dijo, tal vez leyendo.
Bajo el jarroncito de flores que decoraba la tumba de su difunta esposa, Urban dejó un papel ininteligible en el que se adivinaba una despedida. O acaso era un saludo. Las lenguas moribundas son confusas, tal vez porque saben que van a morir.

27 Respuestas

  1. ¿Te has confundido de propuesta o de mes? La palabra inventada es el mes que viene.
    No, ya en serio. Es bonito tener un código secreto entre los que se conocen y se quieren. Me gusta tu relato. Es melancólico, triste, pero tiene algo. Suerte.

    1. Pues ahora que lo dices, Virtudes, es verdad, pero no, no me he equivocado: hay una cita con la muerte. Ya inventaré otras palabras en noviembre, el mes de la muerte, del ocaso del campo. Vaya, todo es confuso.
      Un saludo y gracias por leer.
      JM

    1. Este hombre y su lengua tenían cita con la muerte desde hacía tiempo, y tal vez por testarudez o por las listas de espera, el caso es que tardó en llegar, pero la muerte llega, tiene un paso lento e inexorable: no corre, pero no descansa.
      Gracias por pasarte
      JM

    2. Trataba de salirme de un encuentro cara a cara con la parca, así que busqué entre los más débiles y encontré esto: como matemos las lenguas, matamos la cultura y matamos a las personas.
      Gracias por pasarte
      Un abrazo
      JM

  2. Que pena que mueran algunas lenguas, es cosa del progreso, y al paso que vamos la nuestra la que procede de aquella materna de nuestros ancestros tambien desaparecerá, o cambiará de tal forma que será irreconocible para los que vivimos su explendor .
    Un beso, pasaré por tu blog para hacerte una visita y comentar algo mas .
    Puri

    1. Hay lenguas que, como algunas especies vivas, mueren sin que sepamos que han existido, pero no por ello merecen menos existir. Cuando el hombre se pone bruto, no hay nada que se le resista, ni él mismo.
      Un beso, Dulcinea. Te espero en mi casa.
      JM

    1. Qué maja, Aurora. Me alegro de que te haya gustado, porque con esa intención lo escribí y no con otra. Una vez me preguntaron si lo de hacer el payaso formaba parte de mi profesión, y yo dije que mi profesión era hacer reír, aunque para eso tuviera que enseñar gramática.
      Un beso
      JM

  3. Bueno JM, lenguas muertas, amores finitos, deseos de muerte, épico en lo que concierne a la lucha de las lenguas y con el calor de lo cercano por los personajes que se aman y desean estar juntos en la vida y en la muerte.
    Un abrazo y mucha suerte

  4. Hola, Juan Manuel.

    ¡Qué bonito conservar la lengua para saludar a su amada!
    Me ha puesto los pelillos de punta y me ha encantado esta cita con la muerte.

    Mucha suerte y muchos abrazos.

  5. Me ha gustado el relato por el cambio de propuesta, lo que lo hace muy original, y sobre todo por la elección del sujeto de la cita con la muerte. Siempre es tristísimo que desaparezca una lengua, y tú le haces un precioso homenaje a todas las que han ido quedando por el camino. Me apunto al comentario de Aurora Royo, que te lo ha dicho muy bien. Un saludo y suerte.

  6. Juan, aunque me gusta lo que leo no sé si con el nombre de Urban Volstein estás haciendo hipertextualidad. Como no sé si es así, me limito al relato. Creo entender que es ciencia ficción, un mundo donde ya no existe un idioma que sirva para los sentimientos, estamos en un mundo cibernético, mecánico. Me gusta la frase final. Suerte.

  7. Urban Volstein es un personaje mío, de otros relatos, pero no tiene ningún mensaje más allá de la originalidad de su nombre. En cuanto al decorado cibernético, aunque podría ser, en realidad es de lo menos tecnológico, pues se trata del momento en que, no hace más de un siglo, el último hablante de una lengua casi olvidada, se despide del mundo y va a “reunirse” con su mujer, penúltima hablante de esa misma lengua.
    El toque distópico me tienta…
    Un saludo y gracias por tus lecturas finas y agudas.
    JM

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