Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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OCT60. LA NECESIDAD DEL REGICIDIO, de Juan Pedro Ortega Sánchez

Mi paciencia llegó al límite aquel día en que teníamos mesa reservada en La Góndola para cenar, una noche para nosotros dos. Solos. Cuando la vi, me extrañó que llevara aquel bolso gigantesco. Entonces me confesó que, como el monstruo estaba malito, lo había metido allí dentro.
–Quizá luego nos pasemos por la clínica –me dijo–. La caquita de Rex es muy rara.
Fue el colmo.
Entiendo que antes de conocerme, sintiéndose sola, comprara aquel bicho: es lo que suelen hacer las mujeres como ella. De hecho, no tengo, no tenía ningún prejuicio contra las mascotas. Cuando comenzamos a planear vivir juntos, supuse que acabaría entregando la bestia a sus padres. Me equivoqué. Lo nuestro llevaba camino de convertirse en un trío bastante grotesco: la cúspide de la pirámide social en nuestra república sería ocupada por aquel demonio felino. Todo giraría en torno a él.
Aquella noche, en la sala de espera de la clínica veterinaria, comencé a planear el regicidio.

9 Respuestas

  1. No, era ¡un lindo gatito!! Pero como eres así de malo-malote, Juan Pedro?? Veo que los celos te corroen!! Seguro que no pensarías lo mismo si fuese una gatita-minina….

    En serio, es muy bueno, muy bueno. Es cierto que a veces se piere un poco el rumbo con las mascotas y se les da un lugar que no les corresponde, pero no debería de pagarlo el pobre animalico.

    Un abrazo con maullido incluido (miau!!)

  2. Nunca el dicho “Tres son multitud” está mejor aplicado que aquí. Me gusta eso de bestia, monstruo… Quizá hubiera quedado más misterioso si no supiésemos de qué animal se tratara y lo hubieras seguido definido con epítetos similares (sin necesidad de acudir al veterinario, planteando el regidio allí mismo), pero de todas formas te ha quedado muy chulo. Me has arrancado un par de sonrisas.
    Saludos y suerte.

    1. Eh, Susana, que lo mío también tratabade ser un vacilada; ahora que releo mi comentario quizás quedó un tanto seco, pero si hubieras podido “escucharlo”, quizá se hubiera notado la ironía. Hasta la pretendida gracia de los de Bilbao ha quedado untanto deslavazada, y es que no me defiendo bien con el humor (te contaré un secreto: un año participé en el Concurso La Risa En Bilbao, y dos días después de enviarlo, al volverlo a leer, hasta yo me avergoncé de lo que había mandado. Si hubiera un clasificación de los relatos, el mío figuraría en último lugar, seguro, pero no solo de ese año, sino de la historia del certamen, incluso la futura).
      Un fuerte abrazo.
      (Y perdón a Juan Pedro por haber invadido su espacio. Al final va a acabar planeando nuestra desaparición, aprovechando la del insufrible Rex.)

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