Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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94. OLEAJE FURIOSO

 

 

Siempre era el símbolo de los viajes de placer. Los yates ribeteaban sus costas y sus islas blancas. Los viajeros soñaban  con navegar en sus aguas tranquilas y  fotografiar sus atardeceres rojos. Pero su calma eterna, su cálido susurro se transformó en inesperada cólera.

Durante los últimos años sólo contemplaba dolor y alojaba en su seno a los más débiles. Ahora, su rabia incontenible e instantánea sorprendía a miles de personas que disfrutaban de sus playas. En un minuto aciago actuó la efímera y líquida guadaña.

 

Los informativos alertaban de la magnitud de la catástrofe: “Una gigantesca ola arrasó durante cinco minutos todas las costas del Mediterráneo. La pleamar alcanzó treinta  metros de altura. Las víctimas son incalculables”.  

Los náufragos comenzaban a sentir la desolación y la tragedia dominaba en todo el mundo. Se quería transmitir cierta sensación de calma.

Los medios de comunicación intentaban aportar imágenes de playas con absoluta normalidad: “El sorprendente tsunami ha pasado”, anunciaban. Expertos de todo el mundo mostraban su extrañeza. No existía constancia sobre ningún seísmo. El Centro Sismológico Europeo del Mediterráneo no advertía de ningún terremoto.

También comenzaban a escucharse voces apocalípticas  que se apuntaban el profético castigo. Trataban de ser silenciados por los poderosos touroperadores. El negocio turístico se resquebrajaba y la mordaza se imponía ante las cancelaciones que se avecinaban. Los viajeros dejarían de realizar esos cruceros que otorgaban un  perfil anfibio a los turistas: inmensas estancias en el mar y efímeras visitas a las ciudades costeras. Se vislumbraba un panorama desgarrador pero se creaban decorados paradisíacos para mostrar que todo volvía a la normalidad.

No fue suficiente, los iconos turísticos por excelencia se rendían ante el feroz oleaje del Mare Nostrum.   

Finalmente, la novia del mar, el anhelo de cualquier viajero, sucumbía.

Las redes sociales mostraban imágenes de un antes y un después: Venecia había sido sepultada por las aguas.

 

 

 

 

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