Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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RELATOS “LEÓN EN PIEDRA”

Estos son los ocho relatos seleccionados por el jurado de León en Piedra.

PREMIO «LEÓN EN PIEDRA». ASISTENTES.

EL PEREGRINO
BELÉN SÁENZ

No queda agua en el cauce muerto. Ni siquiera el rey de la selva consigue espantar tanto silencio. Sacude la melena y sólo puede sentir el aire sisear entre sus crines. Como entre los trigales, antes de que los incendiaran los paramilitares. Y entonces comienza a caminar por la sabana con pasos almohadillados, sabios. Rodea las matas espinosas. Se esconde del hombre con lanza. Espera a que se pose la polvareda del jeep armado con cañones fotográficos. Siempre adelante, con la herida del tiempo desangrándole los miembros, que se endurecen como cemento al sol, que se aglutinan como minerales de granito, que se fortalecen hasta convertirse en pedernal. Guiándose por la visión de dos torres que apuntan al cielo. Piedra que llama a piedra. León que llama a león. No se detendrá hasta postrarse ante la Pulchra Leonina, para culminar allí su conversión en estatua eterna.

PREMIO «LEÓN EN PIEDRA». NO ASISTENTES.

COTO DE CAZA
ASIER SUSAETA

La batalla de los Pernía, estirpe de cazadores, ha inaugurado su lista de bajas con doña Leonor, a la que enseguida se ha sumado Ausencias, que, infartada, muestra sus vergüenzas sobre la alfombra persa después de asfixiar a su cuñada con el pañal. La han seguido Tomás (fallecido por múltiples trayectorias de abrecartas), Gemma (impacto de butaca) y Roberto, el mayor de los tres hermanos, al que sus sobrinos han arrojado por el balcón. Así pues, ya solo restan dos contendientes y ambos forman parte de la zona baja del árbol genealógico; enfrentados en el salón, Ana esgrime una lanza con punta de piedra tallada y Tommy, una daga de la colección familiar. Por el momento parecen obviar la presencia del abogado, quien, escondido tras el león disecado, mastica esforzadamente el testamento; está a punto de tragarse la última voluntad de don Matías, cláusula 3b, relativa al heredero universal.

FINALISTAS

LA FIERA (PURIFICACIÓN RODRÍGUEZ)

Los niños de la aldea tenían prohibido acercarse siquiera al foso que guardaba a aquel terrible animal.
Algunas noches, mientras cenaban junto a la lumbre, los abuelos relataban en voz baja las horribles heridas que aquella bestia había causado a quienes habían osado molestarla.
Pero una mañana de invierno, un valiente de ocho años decidió ir hasta el pretil, saltó el foso y caminó hacia el monstruo que se escondía tras una espesa nube de humo.
Cruzó al otro lado y, para su sorpresa, sólo encontró una enorme pero inofensiva cabeza de león, tallada en la piedra de una vieja fachada. De sus fauces salía un poderoso rugido: El de un potente chorro de agua ante el que se inclinó para beber el triunfante chaval.
Lo encontraron medio hundido en la fuente, con el rostro desfigurado por los abrasadores ochenta grados del líquido que expulsaba la boca de la fiera.

EL ABUELO LEÓN (NIEVES TORRES)

Se llamaba Dionisio, aunque en el barrio le llamaban León. De niños pensábamos que era por su aspecto imponente y su voz profunda. Había nacido en el extrarradio de una ciudad de España, en una calle humilde y estrecha por la que bajaba saltando de piedra en piedra hasta un río.
En las tardes de domingo, entre fichas de dominó, cigarros habanos y vasitos de ron, Astorga, los asturianos y él compartían recuerdos de la infancia; revivían una y otra vez sus travesuras por las calles y las eras; fingían recordar el sabor ya olvidado de los cocidos y los cangrejos del Bernesga; y compartían también, en silencio, la pena callada de no haber vuelto.

LA RABIETA (SUSANA REVUELTA)

—¡Jo, papá! —sollozaba Miko abrazado a la pierna de su padre—. ¡Con lo chulo que me había quedado!
El padre restregaba con hierbajos la pared mientras el niño suplicaba, impotente, viendo cómo resbalaban los chorretones marrón y ocre y rojo de su obra.
—No será porque no te lo ha repetido mil veces tu madre —decía el hombre arrastrándole por el suelo de piedra conforme se desplazaba de derecha a izquierda—: que no quiere ver un león ni en pintura.
—Cuando sea mayor y tenga mi propia gruta —hipaba desconsolado— haré todo lo que yo quiera.
—Venga, no llores. ¿Por qué no dibujas ciervos, o caballos?
—¿Y bisontes, papá? —preguntó más animado.
El hombre, con disimulo, se aseguró de que su esposa no miraba y cogiendo de la mano al pequeño lo condujo al fondo de la cueva.
—Pinta aquí. Pero que no se entere tu madre, ¿eh?

LA MEMORIA DE LAS PIEDRAS (ESPERANZA TEMPRANO)

Cae la noche, la ciudad duerme y la Plaza del Grano despierta. La luna ilumina su pavimento de cantos rodados y entre el verdín resurge la memoria de las gentes que le dieron vida: peregrinos camino de Compostela; mercaderes de grano y pan; cortesanas paseando sus descaros bajo la oculta mirada de Las Carbajalas que se siluetean en las ventanas; cabezas sin dueño que esperan en la picota a que aparezca la virgen y les devuelva su cuerpo; clérigos, vasallos y antiguos reinos de León. Todos ellos descansan bajo sus piedras, esas que hoy lloran y resisten heroicamente frente a aquellos que les arrebatan su historia. Amanece en la plaza y el último pregonero, antes de desvanecerse con los primeros rayos de sol, invita a quienes pretenden robar su memoria a acercarse a la Plaza de Guzmán para que este les indique dónde está la estación.

GESTO DE AMOR (EVA GARCÍA)

Ella acaricia su cabeza y, antes de exhalar el último aliento, sopla polvo de piedra sobre sus labios. Él siente cómo una corteza pétrea le abraza el alma, enjuga sus lágrimas para siempre y transforma los pedazos de esa víscera destrozada que late en su pecho en un corazón de león.

RON CON NARANJA Y TRISTEZA (MARÍA JOSÉ ESCUDERO)

Noviembre acechaba en la calleja cuando, cansado de sí mismo, se acercó al bar “La piedra” para comprar olvido. Al entrar, lo recibieron un universo de humo amargo y la sonrisa de la oscura camarera que, desde la barra, solía hacerle cálidas llamadas perdidas con la mirada. Pidió lo de siempre en vaso largo y se bebió sorbo a sorbo la tristeza frente a una silla desolada por el luto repentino. Luego encendió con parsimonia la vieja cachimba de raíz de brezo y, por un momento, espantó la bruma de su alma. Y casi se adormeció. Pero un inoportuno ataque de tos le recordó que era inútil tratar de detener el tiempo. Así que, apresurado, se atusó la melena enmarañada de león cautivo y, resignado, regresó al cielo nublado y al tumulto porque, aunque no quería, se le había echado encima la hora de acudir al entierro de un amigo.

 

12 Respuestas

  1. María José Escudero

    Muchas felicidades a los ganadores y seleccionados.Estoy contentísima de aparecer en esa lista. Felicidades a los organizadores, no hay más que ver esas preciosas fotografías, plagadas de risas abiertas, para comprobar que habéis sabido crear un ambiente estupendo. Os doy las gracias y espero que se repita, y poder vivirlo yo también.Un abrazo para todos.

  2. Manuel Menéndez Miranda

    Maravillosos relatos. Enhorabuena a los ganadores y gracias al jurado por ese trabajo, que seguro que no fue nada fácil.
    Un fin de semana inolvidable de verdad. No tengo palabras para agradecer a Laly, Gelines, Yolanda y Antonio sus desvelos para proporcionarnos esta cantidad ingente de recuerdos imborrables. Fortísimo abrazo.

  3. Ángel Saiz Mora

    Felicidades a ganadores y finalistas, muy buenos relatos todos.
    Me alegra que el evento leonino haya sido un éxito, aunque ya se veía venir.

  4. Esperanza Tirado Jiménez

    Enhorabuena a los ganadores y también a todos los que escribieron y a los que no 🙂
    Y, GRACIAS una vez más (vamos a gastar la palabra) a los organizadores por TODO y por TANTO 🙂

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