Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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70. RIDI PAGLIACCIO (M.Carme Marí)

Nadie mira a un payaso triste.

Aquí estoy, con un café, cuando el cuerpo me pide un whisky. Aunque no sé si en el bar de un hospital infantil tendrían.

Hoy le tocaba a Jaime. Ayer quería adelantarse y, después de su compañero de habitación, tocar el órgano para acompañar mi “Canción del buen humor”. Yo les enseño dónde colocar los dedos para los cuatro acordes, añado la melodía con mi armónica y vamos intercalando la letra y los gestos. Tanto si sale bien a la primera como si hemos de repetirla mil veces, nos reímos mucho. Cada día tengo un acompañante distinto para formar el dúo de la actuación, aún así Jaime insistía en formar un segundo dúo hasta que la hora de la cena nos obligó a dejarlo para hoy. Pero la operación que tenía prevista la semana que viene se ha reprogramado a esta mañana.

Cuando empiezas el voluntariado te previenen de estas situaciones, pero nunca estás lo suficientemente preparado para afrontarlas.

12 Respuestas

    1. El voluntariado enriquece, está claro, pero en algunos casos puede tener momentos amargos como este (no me ha pasado a mí, pero existe este voluntariado en diferentes hospitales, por ejemplo en Sant Joan de Déu en Barcelona).
      A Jaime desgraciadamente, no le puedo dar recuerdos, la operación no le fue nada bien al pobre…
      Sobre añadir literatura te doy la razón, este otro tipo de enriquecimiento es el que intento cultivar leyendo por esta casa tan llena de buenos escritores.
      Muchas gracias por tu comentario, José Ignacio.
      Un abrazo.

  1. Eduardo Martín Zurita

    Hola, M.Carme, querida mía.
    Para empezar, me subyuga el título que campea en tu texto: el nombre del payaso. Y luego algo muy difícil en los tiempos que corren: la solidaridad empapando de lluvia mágica los renglones. Una persona, el payaso, entregada a los demás. A los niños, los más necesitados, a los niños especiales, ya ni te cuento. Una persona, el arlequín, que salva su egoísmo, enseñando música a los infantes, cantando con ellos la canción más bonita del mundo, la de la alegría. Un voluntario para el bien más elevado. Un personaje memorable tu bufón que , triste, necesitando un whisky, se toma un café, que se crece para mejor servir a la causa por excelencia. Preparado o no, él pone manos a la obra con la mejor de sus voluntades. Mi máxima enhorabuena y un beso muy muy grande. Feliz todo para ti siempre.

    1. Hola Eduardo.
      El voluntariado es digno de alabanzas y de que le dediquemos relatos. Por suerte hay personas con tiempo y ganas de invertirlo en los demás, a pesar de que no todo son alegrías.
      El título hace referencia a una aria de la ópera “Pagliaccio” de Leoncavallo titulada “Vesti la Giubba” (Ponte el traje), donde un pallasso lleno de dolor tiene que vestirse y salir a hacer la función pues el show debe continuar.
      Gracias por pasarte, un beso.

  2. Ángel Saiz Mora

    Trabajar con niños con problemas o ser voluntario, todavía con mayor razón, debe de enriquecer mucho y servir para sacar lo mejor de esos adultos; cómo no hacerlo cuando enfrente hay seres adorables que todo lo merecen y se entregan al máximo. Hay situaciones para las que nunca estaremos preparados, por mucho que pensemos en otra cosa, más cuando hay pequeños de por medio.
    Estuve a punto de hacer mi relato con un tema semejante, pero al final me decanté por otro camino. Tú lo has bordado, con hilos de respeto y cariño.
    Por otra parte, ya sabes, encantado de coincidir contigo.
    Un abrazo grande y suerte, Carme

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