Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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Ronda 1 – Aquelarre 12

Los participantes con el alias :  FRANKEINSTEIN– MEFISTOFELES– GUADAÑA

deberán escribir un relato :

  • Donde aparezca el pecado de la Lujuria.
  • Plazo : hasta el domingo 17 a las 23:59 hora peninsular de España
  • Extensión: 123 palabras Máximas (título NO incluido)
  • Ambientado en el escenario : EL PAJAR DEL TÍO AMBROSIO

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6 Respuestas

  1. Lujuria Monstruoscopica

    GUADAÑA – El tío Ambrosio
    No hubo forma humana de hacer entrar en razón al del seguro.
    —Todos los fardos de alfalfa desperdigados por el pajar. Tanto levantarme al alba y tanto embalar ¡para nada!
    —¿El huracán Irma? —repetía enarcando una ceja, como el Sobera, el de la tele.
    —Sí. Fíjese qué estropicio.
    Y el tipo se reía tanto que hasta se le saltaban las lágrimas.
    —Adiós, cuídese —dijo dándome un golpecito en el hombro. Y se fue.
    No sé, me deja pensando. Estos arañazos en la cara, el carmín alrededor de mi bragueta, el olor a pescado que me acompaña desde que amanecí sobre una paca esta mañana y las agujetas que tengo… empiezo también yo a sospechar que lo de anoche no fue solo un sueño.

  2. Lujuria Monstruoscopica

    FRANKEINSTEIN – AMBROSIO, SUS ACÓLITOS Y UN PAJAR ALEJADO DEL PUEBLO
    El pajar era el centro de reunión de los jóvenes del pueblo los sábados por la noche. Desnudos, chicas con chicos, chicas con chicas, chicos con chicos, en tríos, grupos… mezclaban sus fluidos ante la mirada severa de Ambrosio que paseaba entre ellos con las manos entrelazadas a su espalda. Cuando daba una orden y exigía que hiciesen tal o cual postura, o que fulano o mengana se cambiase de pareja, trío o grupo, los mozos y mozas gritaban al unísono (a no ser que tuviesen la boca ocupada) «¡Lo que usted mande, tío Ambrosio!». Al día siguiente, cuando iban a verle, ya sabían que al salir del confesionario debían despedirse de él con un respetuoso «Lo que usted mande, padre Ambrosio».

  3. Lujuria Monstruoscopica

    MEFISTÓFELES – Escondido tras las pacas
    Era un pueblo muy pequeño
    que tan solo tenía un pajar,
    del que un solterón era dueño,
    Tío Ambrosio se hacía llamar.

    El Tío Ambrosio, muy generoso,
    siempre el pajar abierto dejaba,
    siendo motivo de gran alborozo
    para las parejas que allí retozaban.

    Tío Ambrosio, aun siendo mayor,
    no había nunca conocido mujer,
    y pensó que en las artes del amor
    aún estaba a tiempo de aprender.

    Tras unas pacas, bien escondido,
    fisgaba ansioso a los enamorados,
    cuyos juegos avivaban sus sentidos,
    sintiéndose cada día más acalorado.

    Su respiración se volvió jadeante,
    haciéndose una noche tan sonora
    que asustados huyeron los amantes,
    y nunca jamás han vuelto hasta ahora.

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