Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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Ronda 1 – Aquelarre 9

Los participantes con el alias :  FANTASMA– BRUJO– ESQUELETO

deberán escribir un relato :

  • Donde aparezca el pecado de la Lujuria.
  • Plazo : hasta el domingo 17 a las 23:59 hora peninsular de España
  • Extensión: 123 palabras Máximas (título NO incluido)
  • Ambientado en el escenario : UN AVIÓN

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3 Respuestas

  1. Lujuria Monstruoscopica

    ESQUELETO : Hombría
    …dos puertas en la parte delantera, dos en la parte…”
    ¡Joder! ¡Vaya pibón tengo al lado! Ya sé con quién voy a hacer una visita al servicio. A esta me la tiro yo como me llamo Alberto.
    Me ha tocado con el brazo y me he puesto a temblar. Ahora me acaba de rozar con un pecho. No lo aguanto. Me voy al baño, solo, a ver si con un poco de agua me recupero. Vuelvo al asiento y noto que ella me clava la mirada. Unos sudores fríos me invaden. Me siento realmente mal. Le pido a la azafata si me puedo cambiar de sitio. Se lo suplico, incluso.
    Ya solo, lloro.

  2. Lujuria Monstruoscopica

    BRUJO – EL EXILIO DEL PINGUERO

    Nunca bebía, pero, por una vez, haría una excepción. “¡Qué carajo! –se dijo–, las pocas horas que faltan para llegar a Barajas seran las últimas que pasaré como soltero””. Una vez que aterrizara y se casara con la gallega que conoció en internet, terminarían para siempre las tórridas noches habaneras. No más mulatas, ni gringas con las que jugar a papás y mamás. “Menuda paradoja –pensó, mientras llamaba a la azafata–, la única forma de vivir libre es dejar Cuba y encerrar a mi pajarito”.
    La azafata le mostró la carta de bebidas y un sugerente escote. Vladimiro suspiró y acomodándose la entrepierna, que le crecía por momentos, dijo:
    – ¡Cuerpo a tierra, pinga, ya tú sabes que se acabó el volar!

  3. Lujuria Monstruoscopica

    FANTASMA – Pecado mortal
    Sus labios se mueven pronunciando en silencio la cadencia del padrenuestro. Yo los imagino recorriendo mi cuerpo. Mi compañero de asiento, es de los pocos que ha mantenido la calma cuando el piloto anunció que solo tenemos dos horas de autonomía. Y que no podremos aterrizar.
    Cuando ha colocado su maleta en el portaequipajes, he observado de cerca sus poderosos muslos y he deseado que me atraparan. Pero al ver el alzacuellos, la fantasía se hizo irrefrenable.
    Ahora la gente grita, se abraza llorando, o zarandea a los auxiliares reclamando soluciones. Pero él permanece inmóvil. Menos sus labios.
    Sin nada que perder, deslizo mi mano entre sus piernas. Él abre los ojos, triplica la intensidad de sus oraciones, y me deja hacer.

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