Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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Ronda 3 – Banquete 6

Los participantes con el alias :   OGRO – FÉRETRO – SEPULTURERO

deberán escribir un relato :

  • Cuyo tema central sea el pecado de la GULA
  • Plazo : hasta el domingo 1 de octubre a las 23:59 hora peninsular de España
  • Extensión: 150 palabras MÁXIMAS  (título NO incluido)
  • El TÍTULO debe contener una palabra de la lista 1 y además otra palabra de la lista 2.  Admitimos singulares/plurales y cambios de género (femenino/masculino) de las palabras propuestas.

LISTA 1 :  sed – ladrón – multiplicador

LISTA 2 : tinta – luz – ojos

Nota : El título puede tener más palabras (si queréis) usando siempre al menos una palabra de cada una de las dos listas e incorporando nuevas, por ejemplo serían válidos títulos como:

La sed de ojos verdes, la ladrona de tinta invisible, el multiplicador de luz infrarroja etc…

Dejad vuestro relato en este enlace

Podéis votar en este otro

 

 

 

6 Respuestas

  1. Doña Gula jamonera

    SEPULTURERO – MALDITO LADRÓN, CON LOS OJOS NO PUEDO
    En casa celebramos todos los años el final del verano. Mamá prepara un lacón con grelos, una fuente de chicharrones, y varios litros de natillas horneadas. Papá es el encargado de catarlo todo, y un eructo suyo suele ser la señal. Disfruta viendo cómo luchamos por las viandas.
    Volcado sobre el magro del lacón me atiborro la boca con chicharrones hasta sentir que me asfixio. A mi hermana pequeña le cuelgan los grelos desde la comisura de los labios, y no van ni para dentro ni para fuera. Mamá forcejea con nosotros, sin contemplaciones, para hacerse con su ración doble de cachucha. Cada uno procura devorar cuanto antes lo que tiene a su alcance, salvo el abuelo, que no le quita el ojo a las natillas, y sufre porque en agosto le robaron la dentadura postiza en el hotel de Torremolinos.

  2. Jesús Garabato Rodríguez

    Pues que aproveche el pobre viejo, que para las natillas no hace falta dentadura. Todo pa dentro y ya está. Otra cosa es que tenga que echar mano de su bastón para hacerse un sitio entre semejantes zampalaconadas. Para mi los chicharrones; si puede ser, claro. Suerte, Sepulturero. Saludos.

  3. Doña Gula jamonera

    OGRO – EL PLACER MULTIPLICADOR DE LOS OJOS
    Junto con mis amigos he formado el club “Delicatessen”. Buscamos experiencias gastronómicas con todo tipo de alimentos, cocinados en cantidad y presentados de forma especial.

    Hoy Miguel, nuestro anfitrión, ha dispuesto un menú espectacular. En el comedor yace desnuda, sobre la mesa, una mujer de piel suave, tersa. Toda ella cubierta de delicias culinarias. Nuestras glándulas salivares se excitan y otras partes de nuestro cuerpo también.

    Nos posicionamos. Hugo, próximo a la entrepierna. A Miguel le gusta chupetear los dedos de los pies. Marcelo apunta su mirada a los senos cubiertos de miel. Felipe se sitúa cerca del rostro y yo junto a él. Comenzamos a devorar con los acordes de la banda sonora de “La Gran Comilona”.

    Felipe me mira asombrado al abrir los párpados de la joven. Pero, en esta ocasión, he sido más rápido. Le muestro entre mis dientes como saboreo los ojos de nuestra bella cena.

  4. Jesús Garabato Rodríguez

    Eres un poco repugnante de más, ¿no crees, Ogro? Mira que arrebartarle esas delicias al pringao de Fernando. ¿O era Felipe? Pues que se chinchen, el que reparte se lleva la mejor y más bella y asquerosa parte. saludos y suerte.

  5. Doña Gula jamonera

    FÉRETRO – Fábula del ladrón de ojos bisojos
    Tenía la mirada aviesa. Flaco como un junco. Desde su juventud disfrutó de robar la comida de pobres y ricos para luego tirarla al río entre risotadas.
    Un día, mientras cometía una de sus tropelías, la diosa Pigsty, que se estaba bañando, le recriminó su actitud. El ladrón se mofó de su carnosidad, de sus manos gordezuelas, de su nariz porcina. La diosa, enfadada, lo castigó.
    El ladrón siguió robando la comida de las casas, pero ya no podía tirarla al río porque su apetito se había vuelto voraz, insaciable. Por las noches se introducía en los corrales y cercados y, a bocados, acababa con la carne de cualquier animal. Cuando la comida escaseó el ladrón, desesperado, empezó a comerse las uñas y los padrastros. Después continuó con sus dedos, sus pies, sus rodillas. La diosa Pigsty, mientras, observaba complacida el efecto de su castigo.

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