Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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39. Tirar al monte

En los pueblos pequeñitos, al final de la guerra, a los secretos y a las vergüenzas se les ponía cal viva, o se tapaban con tela. Pero por mucho trapo que se echara mi tía Carmelita, ya no había forma de ocultar la redondez de su vientre ni la hinchazón de sus piernas. Y menos ella, que siempre fue de pocas carnes.
Las malas lenguas no sabían de letras ni de números, mas las reglas de tres siempre las hicieron de carrerilla , y si su novio el “Lolo” cayó tiempo atrás en batalla; solo había que tensar los arcos, poner las flechas y disparar desde todos lados. Mi pobre tía no se libraba de los murmullos y las miradas ni en la iglesia.
Mi abuelo Juan, que era de natural débil de carácter, pero de fondo noble, no podía salir a jugar su partida de mus. Se quedaba las tardes en casa, llorando a veces, mirando a Carmelita, la niña de su alma, caminar hacia su alcoba al atardecer, torpe, gorda y deshonrada; mi tía se escondía en su habitación, apretando un rosario, observando las montañas, esperando que no nevara esta vez, para que los fantasmas no tuvieran frío.

10 Respuestas

  1. Jesús Garabato Rodríguez

    Nos haces evocar de forma ingeniosa y sensible a aquellos pobres hombres que no tuvieron otra opción que esconderse o echarse al monte para evitar su captura y, en muchos casos, la muerte. Esos topos que estuvieron durante años ocultos, en sus propias casas, permanentemente temerosos de que los descubrieran, a ellos o a sus sus familias. O, como en tu caso, los huidos, siempre alerta a la intemperie y pasando todo tipo de calamidades, aguardando. Suerte y saludos.

  2. Pablo Núñez

    Me parece una joya este relato.
    Tiene tantos detalles que denotan el gran talento que esconde tu pluma que lo he releído una y otra vez.
    No sé si el jurado te elegirá como uno de los ganadores, pero a mí ya me has ganado con esta historia llena de poesía, verdad, dolor y, sobre todo, ingenio.
    De aquí podrías sacar varias frases que, por sí solas, ya serían unos excelentes micros.
    En conjunto forma el mejor microrrelato que he leído desde que pertenezco a esta comunidad, y he leído muchos relatos magníficos, pero amigo, el tuyo se sale.
    ¡Enhorabuena, Miguel! (Esa enhorabuena va acompañada de una pizca de envidia por no habérseme ocurrido a mí un relatazo así).
    Abrazos.

  3. Ángel Saiz Mora

    En los pueblos en los que todo se sabe, tener algo que no se puede ocultar, de lo que no puede hablarse, que marca para toda la vida a una mujer, a esa criatura que vendrá y a su familia, es una presión psicológica difícil de imaginar, que tú has sabido describir realmente bien. Esos guerrilleros o maquis, que oficial y deliberadamente no existían, pero todos sabían de su presencia, están muy bien representados en la figura de unos fantasmas, que no por supuestamente incorpóreos no puedan tener frío. El relato tiene expresiones trabajadas y efectivas, con un lenguaje claro, sin cargas retóricas. Se cuenta mucho sin decir, con logradas elipsis.
    Muy buen relato, Miguel
    Un abrazo y suerte

  4. María José Viz Blanco

    Muy buen relato, sin duda, Miguel. Todo él es redondo y el título me recuerda la asociación mental que hacían muchos entre las mujeres liberales y las cabras, que todas tiran al monte… En tiempos, una mujer embarazada, sin que el futuro padre fuese alguien conocido y de buena reputación, convertía, automáticamente, era considerada una “perdida”. Lamentable. No quisiera creer que esa situación se pueda vivir actualmente. Enhorabuena!!
    Un abrazo.
    María José

  5. Enrique

    Qué bien escribes, Miguel. Una cosa es imaginar una determinada situación o historia (para lo que desde luego hace falta cierto ingenio), y otra es llevarla a cabo con tanto arte. Veo en tu modo de contar verdaderas dotes de escritor, siendo una de ellas la frescura de tu estilo. Con todo, creo que nos dejas una dura historia, ambientado en un no menos duro contexto, en la que los personajes rebosan de rasgos humanos.
    Enhorabuena, young master, y un fuerte abrazo.

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