Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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21. Una de amor eterno. Daniel Irazu.

Los martes y los jueves visito a Araceli en la residencia. Hoy es martes y está mejor. Cuando ingresó en urgencias escuché decir al medico que mi madre estaba a punto de marcharse para siempre. Aquella noche se salvó y ya han pasado tres semanas. Pero morirá pronto porque no come. Las monjas no la alimentan: mi padre no les da permiso, aunque, eso sí, de común acuerdo con él, la mantienen viva con una botella que gotea suero para que esté hidratada.

Mi madre es ahora huesos y carne magra que recubre con piel holgada. Heridas rojizas destacan entorno a sus articulaciones. Carece del consuelo de un tejido adiposo entre las sábanas y sus nervios martirizados por las llagas.

Ella, de ochenta años, padece el mal del Alzheimer que le dejó indefensa. El, como marido, es su protector legal, a pesar de que, viejo de ochenta y tres, sólo se preocupa por el vino y el olvido.

Hay soluciones: para Araceli una sonda por la nariz, o una directa al estómago, que la reponga; para mi padre, aparte de ninguna, una declaración de insolvencia mental…pero eso es asunto que lleva tiempo y a mi madre se le acaba.

33 Respuestas

  1. Eduardo Iáñez

    Pues eso, Dani, que tú lo has dicho: valiente hijo de puta… Tan estomagante, que parece que nos duele como si fuese nuestra madre, como si fuese nuestro padre.
    Un saludo.

  2. Begoña Heredia

    Y yo que te voy a decir querido Ignacio, que me encantaria no haber leido este relato, que me encantaria que otros asuntos te hubiesen llevado a un relato diferente, pero …. que sí, chico, que sí , ni siquiera hijo de puta, que su madre no tenía la culpa. Un fuerte abrazo.

    1. dannielirazu@gmail.com

      Gracias por el comentario. El título está cargado de sarcasmo. Educaron a las mujeres de la generación de postguerra para ser sumisas; a los varones para ser dueños de sus esposas en cualquier lugar y situación, y también a ser ellos mismos sumisos en la calle. Lo de la calle cambió para ambos sexos, pero en casa el amor, ese amor condicionado a la posesión de unos y la sumisión de otras, continuó y continúa. Para las mujeres que no han logrado escaparse ese amor es eterno, es hasta la muerte.
      Saludos.

  3. Inés Z.

    No sé qué pensar. Me impacta. Parece que lo hayas escrito de mala hostia, con rabia.
    Leyendo los comentarios me da la impresión de que es real, y créeme, me gustaría que me dijeras que no.

    Un abrazo.

  4. dannielirazu@gmail.com

    Gracias por el comentario. La escritura cumple varias funciones, en síntesis tres: la terapéutica, en cuanto cura el alma del autor; la de aprendizaje, puesto que al plasmar nuestras ideas en un papel comienza un juego de preguntas y respuestas que nos descubre facetas desconocidas, y nos permite razonar con nuestras propias ideas para enriquecerlas y aprender de las conclusiones que vamos extrayendo de las frases que escribimos; y la de transmisión de conceptos, si somos leídos.
    Pasado el nivel de escritura comienza la literatura. Es entonces cuando esos conceptos transmitidos a lo lectores adquieren vida propia. Cuando el autor es aceptado puede compartir conceptos con un público que discrepará de ellos o las aceptará, pero que le harán, al menos, meditar sobre las creencias ajenas.
    La rabia, la mala hostia a la que te refieres, existe en mi relato. No me ha hecho falta utilizar el enfado como un recurso literario para dar enjundia al texto. La rabia salió sola.
    No he pretendido contar una historia personal, mi verdadera intención es anunciar que, en nuestra sociedad, un marido tiene otorgada en principio, por el hecho de serlo, la facultad de decidir sobre la vida y la muerte de su esposa. Claro está que, en teoría, esa facultad no es omnipotente, que existen leyes que amparan a los indefensos, pero en realidad ese amparo, cuando existe urgencia, no es funcional.
    Por último: Sí, es real.
    Saludos.

  5. dannielirazu@gmail.com

    Gracias por el comentario, que me parece muy acertado en todos sus puntos.
    Abres un posible debate. Yo diferencio entre escritura, acto íntimo de enorme interés, pero de escasa repercusión, y literatura. Ésta, evidentemente consecuencia de aquélla, si escapa de la gravidez egocéntrica del autor, puede ser útil a los demás. Para mí existen muchos tipos de literatura, pero la que me interesa es la capaz de transmitir ideas, sentimientos y experiencias que sirvan al lector no sólo de deleite artístico sino también de herramienta de reflexión.

  6. Salvador Esteve

    Daniel, las personas tenemos el derecho de luchar por nuestra vida, nadie tiene potestad sobre nuestras decisiones ni debe creerse Dios de nuestra existencia. Cuando uno no puede decidir, se impone la lucha. El calificativo me parece apropiado. Un relato tan duro como bueno. Abrazos.

    1. Daniel Irazu

      Gracias por el comentario. Luchar es no admitir la derrota, si esta de todas formas acaece será como aquello de “déjales, amigo Sancho, que se rían de nuestra derrota que de nosotros es la gloria del intento”

  7. Isabel

    El amor es eterno, no así la vida de tus personajes: la madre que yace muy enferma, el padre que no tiene mente para tomar decisiones y la hija afligida y desesperanzada, observadora única de esta parte importante de su historia. Sus pilares, sus padres, a punto de quebrase.

  8. Virtudes Torres Losa

    Es una pena que sean precisamente las personas más indefensas las que acaben en manos de los depredadores. Porque el hombre de este relato es un (iba a decir un animal, pero los animales son mejores)una bestia.
    Relato con un sabor amargo.
    Saludos.

    1. Daniel Irazu

      Gracias por el comentario. Aprecio tu interpretación, pero para mí el marido no es lo peor del caso. Opino que lo es la creencia sobre que el esposo es el más interesado en el bienestar de la esposa.

  9. dannielirazu@gmail.com

    Hace poco comentaba a una amiga, escritora en este blog, mi decisión de abandonarlo durante un tiempo impreciso pero que preveía largo. La resolución, privada, era sin despedidas. No obstante, por costumbre de cortesía (que en ocasiones exige el modo de silencio), tenía la intención de responder a los comentarios a mi relato del mes. La lectura del tuyo último, van ya tres, merece una respuesta extensa por necesidad de conclusión y a ello voy:

    Una cuestión previa: Los condicionales que utilizas indican tus dudas sobre la veracidad de mis asertos. No es que me importe lo que creas como cierto, pero sí que te refieras a mi madre, de nombre Araceli, vinculando su persona con ese “llámese como se llame”. Casi siempre la prudencia evita la ofensa.
    Hablas de colchones antiescaras: el que conozco es gris, con un tono marengo, y su insuflador hace bastante ruido. Es un instrumento útil y diseñado para su fin, por lo tanto no alimenta. Respecto a los cambios posturales: cuando suceden también se oyen ruidos, que suenan a lamentos, a quejidos de animal pequeño e indefenso. De las proteínas: efectivamente, son necesarias para sanar las llagas; lo sé y me apena que a la enferma no se las suministren.
    Ítem más: anuncias, supongo que para aquellos profanos en la materia, que los sanitarios precisan de limitar los movimientos del paciente para que no se quite la sonda. Este comentario tuyo me recuerda la existencia de gentes cuyas expresiones culpabilizan a la víctima del delito que sufren.
    Ítem más: lo del “encarnizamiento terapéutico”, entra en el campo de la ética y de las creencias personales, comprenderás que no me extienda en el tema más que para valorar tu opinión como impertinente –en el sentido de no pertinencia, de obviedad no requerida-.
    Ítem más: Sí que considero impertinente –en el sentido de que me ofendes- cuando valoras una supuesta agresividad y una espuria intención en el relato. Además, expresas una crítica personal afeándome el que transmita mis ideas a otros lectores, a los que, parece, juzgas fácilmente influenciables e incapaces de elegir entre mis opiniones y las suyas propias.
    Ítem más: Con tu referencia al sexo del paciente, pienso que introduces una frase conclusiva sin otro argumento que el tautológico. Puede que desconozcas la extensísima bibliografía referente a los asuntos de género.
    Ítem más: aquello de “sin la menor reflexión” no lo entiendo. Desconozco si entiendes que soy irreflexivo o son los lectores los que adolecen de capacidad de reflexión.
    Ítem más: La “extralimitación” a la que aludes y el “tomar partido sin venir a cuento” no son criterios compartidos por la Fiscalía, que ha admitido a trámite mi denuncia.
    Casi por último: no creo haber malinterpretado tu comentario, corrobora anteriores impresiones.
    Por último: Como te decía al principio, pienso dejar el blog en el transcurso de este mes y la educación tiene un límite, por ello no existe la posibilidad de mantener aquí un debate; sin embargo, supongo que conoces mi dirección de correo, aunque te adelanto que veo difícil mantener correspondencia contigo.
    En otro contexto: desconozco cuál es tu nivel de información, no sé si lees la prensa, ves las televisiones o escuchas las radios. Sin embargo la certeza que muestras sobre el correcto trato a los ancianos en clínicas y hospitales (sí, ya sé que has eludido las residencias) me parece clamorosa. No envidio tu seguridad, me parece peligrosa.

    Un saludo que confió sea el del adiós.

  10. Antonia

    Daniel, solamente una cosa, que deseo que Araceli, tu madre, sufra lo menos posible, que ojalá consigas que sea atendida lo mejor posible, y que tu cariño y tu amor por ella, te de fuerzas en momentos tan duros. Un abrazo muy grande y si es posible y te apetece, regresa aquí.

  11. Entré buscando literatura (de la buena, como nos tienes acostumbrados) y me he encontrado con un relato desgarrador.
    Luego he leído los comentarios… Me he quedado de piedra. No puedo comentar aspectos literarios sobre una historia donde te has desnudado arrancándote la piel a tiras.
    Lo siento mucho, de verdad. Un abrazo muy fuerte en la distancia.

  12. dannielirazu@gmail.com

    Gracias Fernando por tus palabras. La verdad es que yo quería hablar de literatura, pero esta historia, como a veces sucede con los personajes, se ha escapado del control de su autor. Lo quería hablar de literatura, del valor de la literatura, de la utilidad de los textos para trasmitir ideas e informar de soluciones. Bueno, otra vez será.
    Un abrazo.

  13. Un escrito que a mí me ha parecido de encuadre en esa literatura sin ambages que pretende desnudar la realidad para mostrarla en toda su crudeza. Se me escapa la relación con la consigna del mes, pero eso seguramente es culpa mía. Mucha suerte.

  14. María Ordóñez

    Daniel, tengo un hueco en el estómago… estoy segura de que la realidad supera la ficción… no puedo imaginar los dolores de Araceli, los del cuerpo y los del corazón si entiende momentáneamente lo que pasa. Nadie merece un final tan cruel. Nadie. Ojalá que Araceli no recupere nunca la razón, la traición del marido acabaría con ella de peor manera. Aunque él ha de estar enloquecido por la desesperación. No tenía acceso al cine occidental en los setenta, pero en ese tiempo una cinta así era premonitoria… Un abrazo.

  15. María Ordóñez

    Daniel, acabo de leer un comentario tuyo y ahora entiendo que hablabas de tu madre que ya ha fallecido. Recibe un abrazo largo, cargado de mi deseo de que el dolor de paso a la imagen del descanso feliz que ha de estar gozando tu madre ahora. Otro abrazo por y para tu padre. Tu amor podrá mitigar su desesperanza y a ti te ayudará a respirar mejor. Tu denuncia es valiente y generosa. Cosas así no deberían suceder jamás. Gracias por compartir.

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