Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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10 AÑOS ENTC: FIN DE LA PROPIEDAD CONMUTATIVA


Esta es la convocatoria de celebración de 10 AÑOS ENTC.

En esta entrada del blog tenemos el vídeorrelato

FIN DE LA PROPIEDAD CONMUTATIVA, de Ana Fúster

Ganador de la 5ª convocatoria ENTC en el año 2015.

 

Solo podrán participar los usuarios o participantes de ENTC a lo largo de sus 10 años.

La participación en el concurso será posible a través de  este formulario desde el que se enviará el relato y el seudónimo correspondiente. La organización se encargará de publicarlo debidamente firmado con el seudónimo que nos indique en un plazo de 24 horas.

El relato será INÉDITO de un máximo de 150 palabras (sin contar el título) y tendrá que enviarse antes de las 23 horas (hora peninsular) del DOMINGO 23 DE ENERO DE 2022 cumpliendo estas dos condiciones:

 

CONDICIONES

    • 1 El relato responderá a una composición libre, pero deberá mostrar claramente algún vínculo en el tema, trama, personajes o ilustraciones que podéis ver en el vídeo superior… dicho de otro modo, se mostrará claramente inspirado en parte o todo este videorrelato.
    • 2. En el título o dentro del texto del relato participante debe insertarse un fragmento literal de al menos 4 palabras extraído del relato del vídeo. No se permite variación de tiempo, género, número, ni orden… LITERAL. DE 4 PALABRAS MÍNIMO. Este fragmento, para que sea fácilmente identificado por el jurado… TENDRÁ QUE APARECER EN MAYÚSCULAS.

 

Consultadnos cualquier duda. Revisad bien el texto antes de enviarlo porque, una vez publicado no habrá posibilidad de corregir ni reeditar.

A finales de enero de 2022, el autor del presente videorrelato elegirá entre todos los presentados en esta publicación un relato que participará como FINALISTA para el concurso 10 AÑOS ENTC.

El fallo final del concurso se dará a conocer durante la celebración del 11 ENTCUENTRO celebrado en Arzúa en el próximo mes de marzo.

22 Respuestas

  1. JAMS

    ME ACORDÉ DE VIVIR, de Ladybug

    Necesito respirar. Me salgo a la terraza con una cerveza en cada mano. Una para mí y otra para el hartazgo. Brindamos. Y entre sorbo y sorbo noto que se me va la cabeza y a mi compañero, la lengua. Me recrimina años de espera, menosprecios, insultos, engaños, ese cambio que nunca llega. Enfadada, con rabia y diurnidad, le empujo al vacío desde el quinto donde vivo y se desploma hasta el suelo. En el mismo instante el delantal que apresa mi cintura sale volando. Desaparece el miedo, también mi melopea, la mordaza de mi boca y mis tobillos. Recupero mis pies, mi dignidad, mis centímetros y mis faldas cortas. De un portazo abandono su distrito, preceptos y advertencias. Voy a rescatar mi vida, sin señor y sin complejos. VOY A SER YO. EN ESE ORDEN.

  2. JAMS

    NO UTILIZAR EN CASO DE INCENDIO, de Lirio

    Fue salir de la discoteca, abrasados por el fuego de sus cuerpos, e ir directos a uno de esos moteles donde se apaga la urgencia del deseo sumergidos en un «jacuzzi», entre sábanas de raso negro, terciopelos rojos en las paredes y espejos en el techo.
    Sin embargo, el combustible del «jacuzzi», sábanas, terciopelos y espejos (QUIZÁ NO EN ESE ORDEN), lejos de consumirse, no hizo más que alimentar su hoguera, y entregados al desorden de la pasión, se metieron en el «jacuzzi», se besaron, abrieron la puerta de la habitación, entraron en el hotel, se arrojaron a la cama, brindaron con champán, se volvieron a besar, se miraron en los espejos, salieron del coche, se acariciaron, se arrancaron la ropa y siguieron besándose hasta que, al primer roce, hicieron saltar la chispa que provocó el incendio, y que, sin siquiera sospecharlo, también empezaría a dinamitar su relación.

  3. JAMS

    RITUAL DE LA MAÑANA, de Carlos

    Lo que aprendí en aquellas fiestas: La extraordinaria relación que tengo con la marcha. Siempre colocada y entonando cánticos. Batía palmas. Daba patadas en el suelo. Me golpeaba los muslos. TRAS MIL NOVECIENTAS TRECE COPAS, no bebo. Acudo a los salones recreativos cargada de suelto. Una rutina que repito cada tarde. Según descubro, las razones son ochocientas mentiras, cuatro pares de cuernos y veinticinco decepciones. Ese desorden alteró el orden de mi vida.
    Cada mañana la empiezo relativamente igual. Me envío un pensamiento, o un mensaje, intentando centrar el propósito de mi existencia. He recuperado la cabeza. Necesito mantenerla en equilibrio sobre los hombros. Aunque sea mi parte más pesada.
    Los que vivieron conmigo la noche, no me hablan. Ni se paran, ni me envían mensajes ¡Biennn! No encuentro obstáculos, solo ocasiones para tener la nariz limpia. Los zapatos en los pies. Y la lengua bien guardada en la boca.

  4. JAMS

    EL DESORDEN DE LOS FACTORES, de El Principito

    Vierto la cola, el ron blanco y, por último, los cubitos de hielo, ¡plof, plof!
    Mis gafas se llenan de salpicaduras pegajosas, puaj.
    Mientras las limpio, veo mi cara reflejada en los cristales ¡agggggh!
    Me recuerda a la suya, burp.
    Creo que voy A DEJAR DE BEBER, hoy mismo, ¡sí!

  5. JAMS

    FIESTA, de Belfegor

    Me pagaron muy bien, tenía que acudir aquella noche a una fiesta en un ático de lujo.
    Me puse una falda muy corta roja y unos tacones de infarto y me dirigí a la juerga que pensaba yo.
    Había gente muy guapa, pero desde el principio algo no iba bien, notaba cierta violencia a mi alrededor, no sabía discernir que estaba pasando.
    El que me contrató me llevó a un dormitorio, me puso de rodillas y se bajó la bragueta.
    Agachada como estaba, saqué de mi bolso la navaja que siempre llevo y se la clavé en el abdomen.
    Salió como pudo al salón, con el miembro fuera, sangrando como un cerdo y cayó sobre la mesa baja llena de copas, que se rompieron.
    Hubo gritos y empujones y la gente empezó a salir por la puerta.
    CUANDO ACABÓ LA FIESTA ME FUI A CASA.

  6. JAMS

    CONTAR HASTA DIEZ, de Matilda Johnson

    Un amor para el resto de mi vida, eso era lo que yo quería vivir con él.
    No tardamos demasiado en tener dos hijos, la parejita.
    Un día un buen amigo me dijo que había otra mujer, que éramos tres.
    Discutimos. Me gritó hasta cuatro veces que solo era una aventura.
    Y yo no quería que me lo gritase una quinta. Me preparé.
    Hoy a las seis he quedado con un abogado matrimonialista.
    He ido serena, no ME TOMÉ SIETE TEQUILAS, nada, ni cerveza.
    A las ocho he vuelto a mirar la documentación y he tomado una decisión.
    A las nueve de la noche me llama y sé que es una excusa, la última.
    A las diez, mientras el cerrajero trabaja, le pongo las maletas en la puerta.

  7. JAMS

    EQUILIBRIO INESTABLE, de Bartleby

    Nicolás Pelletier fue, sin duda, un tipo de suerte. Quizás por eso hoy, más de doscientos años después, su nombre aparece en la wikipedia. Todo empezó cuando la pena de cadena perpetua, a la que había sido condenado por delitos de poca monta, le fue conmutada por la de muerte en la plaza pública. Pero no terminó ahí su fortuna, sino que le correspondió el honor de inaugurar un novedoso artefacto: la guillotina. Desde aquel día, su cabeza ya no se mantuvo EN EQUILIBRIO SOBRE LOS HOMBROS nunca más.

  8. JAMS

    Siempre hay un pretexto para salir a beber, de rizzitos

    Me compré una barra de bar porque VOY A DEJAR DE BEBER por ahí. Voy a dejar de perder dinero sin ton ni son. De estar borracho todas y cada una de las noches… De perder a mis amigos de toda la vida. Y a mi familia, que tanto ha luchado por mí. De escuchar esa música de fondo. Me meter la lengua a todas las chicas. Empecé a montarla, y nada más hacerlo, me puse a un lado de la barra y pedí una cerveza. Fui al otro lado y pregunté: « ¿Con alcohol o sin alcohol?». Me cambié otra vez de sitio y contesté: « ¡Con alcohol, imbécil!». «¡Imbécil será usted!», me respondí. «A mí nadie me trata así», contesté, «me voy a otro bar.» Al salir di un portazo. Los cristales de la puerta se resquebrajaron. Y allí se quedó el otro con su mierda de negocio.

  9. JAMS

    MARIONETA, de Carballo

    Aquella noche PERDÍ LA CABEZA, ENCONTRÉ A UN HOMBRE y a partir de entonces mi mundo se derrumbó como un castillo de naipes.
    Desde entonces ando perdida, fuera de mí, sin rumbo.
    Solo miro donde él mira, respiro si me lo permite, no tomo decisiones, solo realizo las que él me dicta.
    Mis amigos han dejado de hablarme, dicen que es una mala influencia y que desde que ha aparecido en mi vida, me he convertido en una marioneta.
    No quiero ni preguntarme si es verdad, solo sé que si él desaparece, me muero.

  10. JAMS

    IDA Y VUELTA, de Doña Urraca

    Tras una larga ausencia, me senté a tomar un café en el bar de la plaza del pueblo. El camarero era el de siempre y la clientela, salvo algunas ausencias, la habitual con más canas. El sol naciente alumbraba la fuente y las farolas daban un ambiente cálido a la mañana, solo roto por la bocina de algún o el ladrido de un perro. Las palomas revoloteaban y la ciudad comenzaba a moverse.
    Terminado el café, dejé unas monedas en la mesa y crucé la plaza para ir al puestecillo en que de niño compraba chucherías y, más tarde, un cigarrillo que me fumaba con el anciano quiosquero, mientras hablábamos de fútbol o del tiempo.
    Al llegar a la esquina y ver el quisco cerrado, noté el profundo silencio de la ausencia, ME FUI A CASA y soñé con una chuchería y un cigarrillo con sabor a añoranza.

  11. JAMS

    INSTRUCCIONES PARA VOLVER A EMPEZAR, de Marea Baja

    Si ya no puedes más con tu vida y, aunque no sabes por dónde empezar, decides “VOY A SER YO de nuevo”, sigue el Manual del Desesperado. Primero, compra en una tienda de bricolaje una cuerda resistente. Segundo, aprende a hacer un robusto nudo marinero y practica muchas veces. Tercero, conduce hasta el pantano más cercano y recoge en los alrededores la piedra más pesada que encuentres. Cuarto, ata un extremo de la soga a tu cintura (con el nudo aprendido) y, el otro extremo, a la piedra (con el mismo nudo). Finalmente, sin pensártelo dos veces, ni siquiera una, arrójate desde la presa con el lastre bien apretado contra tu pecho. Olvídate de la primera impresión de frío intenso, del agua entrando en tus pulmones y concéntrate solo en extender tu brazo todo lo que puedas para tocar fondo, cuanto antes, con la punta de tus dedos.

  12. JAMS

    NOCHES DE VERANO, de Holidays

    Durante aquel verano de 1985 coincidíamos cada noche en LA DISCOTECA DEL PUERTO. En cuanto terminaba en la tienda de souvenirs de mi tío, me iba para allá corriendo y sentadas en la barra solían estar Irene y su prima Bea. Bea cada día más guapa, el pelo más rubio y la piel más bronceada. Me atrevería a decir, incluso, que la falda más corta y la camiseta de tirantes más pegada, marcando los pezones y dejando ver claramente la redondez de sus tetas. Todos los chicos andaban tras ella, y se turnaban para invitarla a porros o cervezas, para después meterle la lengua en la boca, el dedo por abajo o lo que se pudiera, que cada vez estaba más suelta.
    Había siempre un corrillo en torno a Bea que Irene y yo aprovechábamos para escapar de miradas indiscretas y meternos debajo de una barca varada en la arena.

  13. JAMS

    A CADA UNO LO SUYO, de Egomet

    Todavía no ha llegado la nochevieja y ya me pesa la resaca del año. Incluso comienzo a barruntar las promesas que como aves de paso, se agolpan de nuevo antes de estrenar calendario.
    Mi vida es un caos. Decididamente es hora de anular al impostor que me acosa y encontrarme a mí mismo. VOY A SER YO. Ya sé que suena categórico, pero el fin merece la pena. Empecemos por el principio. Oh, los principios! Hace tiempo conocí alguien muy «de principios». Sobre todo del de Arquímedes. De hecho experimentó un impulso hacia arriba, directamente proporcional al volumen de los despojados. Eso sí, en aras del bien común. Bien es cierto que años después destacó, entre otras cosas, por sus obras. Por supuesto, de beneficencia. A cada uno lo suyo.

  14. JAMS

    PÉRDIDAS Y HALLAZGOS, de Onírica

    Hace unos días perdí un libro del club de lectura en el parque. Buscándolo, me encontré a una desconocida que me ofreció su ayuda. Ella, acompasando su paso al mío, me dijo que hacía mucho había perdido un reloj en el mismo parque. Que era la única herencia recibida de su madre. Que su madre era muy pequeñita, pero que el vacío que había dejado era inversamente proporcional a su tamaño. También me contó que este año había fallecido su hermano y había tenido un nieto; que menos uno más uno no siempre es igual a cero.
    Ayer tuvimos club de lectura. Habían devuelto el libro. En su interior, pegado junto al sello de la biblioteca, un pósit con estas escuetas palabras: “Gracias por escucharme”.
    He vuelto al parque. HOY LO HE RECORRIDO ENTERO, pero no la he visto. Yo no había leído el libro. Ella, sí.

  15. JAMS

    RESOLUCIÓN, de Procrastinator

    Mi marido es matemático, un experto en la propiedad conmutativa. No importa quién cocine (siempre lo hago yo), él se alimenta. Da igual quién tenga el mando del televisor, él ve el partido. En las discusiones, independientemente de quién tenga razón, él sale victorioso. En los golpes, es indiferente qué mano utilice, derecha o izquierda, la sangre siempre es mía.
    VOY A DEJAR DE BEBER para embriagar las penas, ya estoy harta de ser la variable de un producto con un resultado predecible. Yo no soy matemática, mas bien una mujer de campo con conocimientos de micología. Y en la cena de este día especial, da igual estofado con Amanita phalloides o estofado con Amanita verna, el resultado será el mismo, mi libertad.

  16. JAMS

    AUTOBÚS DE LÍNEA, de Wenceslao Izquierdo

    El ladrón, que advirtió el señuelo que mantenía la cabeza AÚN EN EQUILIBRIO SOBRE SUS HOMBROS, no esperó ni a que se hiciera el dormido y solicitó raudo parada al conductor. Apresurado, pidió permiso a varias persona para poder salir. Ya en la calle, a salvo, comprobó que no le había ido tan mal; pudo levarse la cartera de uno de los policias de paisano.

  17. JAMS

    FIN DE LA PROPIEDAD TRANSITIVA, de Andrómeda

    Recuerdo el primer verano que pudimos salir de noche. Papá nos llevaba los sábados a algún pueblo vecino en fiestas y nos recogía de madrugada. Cantábamos a grito pelado todas las canciones, bebíamos una copa tras otra, bailábamos también las agarradas y, si conseguíamos un ligue, nos comíamos la boca con esa ansia de los primeros labios. QUIZÁ NO EN ESE ORDEN, pero nos daba igual. Y no nos importaba que nos confundieran. De hecho, nos divertía. A veces un vaso que había estado en tus manos llegaba a las mías, o intercambiábamos la pareja de baile, o incluso los besos. Hasta que conociste a Julián. Entonces dejamos de ser un conjunto para ser un par ordenado.

  18. JAMS

    RARA AVIS, de Amanita

    CUANDO ACABÓ LA FIESTA, marcharon todos dando tumbos y riendo a carcajadas. Nadie se percató del camino que yo tomaba. Me acerqué al acantilado. No sé para qué. Quizás la intención era tirarme de cabeza, pero soy demasiado cobarde. Temía regresar en aquel estado a casa, mi rincón de pensar. Deambulé hasta la extenuación. Tengo que dejar de ser abstemio. Tanta sensatez es insoportable.

  19. JAMS

    LA SESIÓN, de Agüerojero

    En la cancha de baloncesto del pabellón deportivo del ayuntamiento, ahora vacío de ruidos, estaban dispuestas, como lo están las señales que se marcan cada cinco minutos en los relojes, doce sillas de tijera.
    La silla de las doce en punto la ocupaba una mujer de pelo entrecano y pañuelo verde enlazado a su cuello, escribía en un cuaderno apoyado en un libro: ¡VOY A SER YO!
    Un hombre vestido de fontanero se sentaba enfrente de ella, en la silla de “y media”. Los otros asientos los ocupaban un ama de casa, un estudiante de derecho que no apartaba la mirada del suelo, dos hermanas gemelas, un pulcro empleado de banca, tres estrafalarios hippies, una elegante modelo y un fraile franciscano.
    La del pañuelo al cuello rompió el silencio saludando a todos.
    Y dirigiéndose al estudiante dijo:
    ─Empecemos.
    ─Me llamo Ramón y, titubeando, soy alcohólico.
    El resto saludó y aplaudió.

  20. JAMS

    TRAMPANTOJO, de América

    Fue verte y se me hizo agua la boca. Labios de fresa, pómulos de manzana, ojos de aguacate.
    Eras dulce, eras salada. Solo pensaba en pasar mi lengua por cada una de tus dimensiones. Probar tus texturas, el crujiente de tu cabello rizado, él toque ácido que albergabas debajo de la nuca.
    Tu forma de contonearte en la pista hacía que deseara zambullirme en la mousse de chocolate de tu piel, sorberte entera y embriagarme sin remedio.
    Eras tentadora como los vasos de horchata de mi infancia, como las cervezas con los amigos, como los mojitos después de medianoche. Por eso no dudé en seguirte hasta la puerta, hasta el taxi, hasta el hotel.
    La mañana me encontró desnudo, sin cartera, con una cuenta desproporcionada por pagar, sin poder mantener la cabeza EN EQUILIBRIO SOBRE LOS HOMBROS y con la certeza más amarga adherida en el paladar.

  21. JAMS

    LA PROPIEDAD CONMUTATIVA, de Bruma

    En mi familia, el orden de los factores no cambia y NO ALTERA EL PRODUCTO. Estudié con las monjas como mi madre. Por las tardes limpiaba, planchaba y bordaba mi ajuar, en ese orden, mientras mi hermano jugaba al balón. A los dieciséis papá le mandó al burdel, a los dieciocho a la universidad.
    A mí me insistieron en la pureza, factor determinante que no se podía alterar. Me casaron con Simón, un abogado prometedor. Fue infiel con una clienta, con una prima lejana y con su secretaria. En ese orden.
    Mis padres siempre han dicho que aguante, que al menos me mantiene. Mi única esperanza de cambio es un hijo, pero Simón nunca está. Últimamente, he optado por conmutar y me acuesto con Ramón, Demetrio y Luis, o con Luis, Demetrio y Ramón. El orden de los factores no importa, porque sea cual sea el producto, le llamaré Simón.

  22. Ana Fúster

    En primer lugar, quisiera dar las gracias a todos los que os habéis acercado a este texto para tomarlo como inspiración de vuestras letras. Os aseguro que me ha costado decidir y he tenido que leer y releer. Es complicado y seguro que injusto elegir un relato de forma tan unilateral y subjetiva como esta. Os comento por qué me he inclinado por estos dos.

    Creo que «La propiedad conmutativa», de Bruma, ha establecido un paralelismo con el estilo de «Fin de…», utilizando las enumeraciones y la insistencia en el tema del orden y de la invariabilidad del producto, sea cual sea aquel. También le encuentro un punto humorístico, que me han dicho muchas veces que tiene «Fin de…».
    En cuanto a «Trampantojo», también me han encantado esas enumeraciones de elementos en grupos de tres, y que recoge el tema de conocer a alguien en una discoteca y perder la cabeza, sin pensar más allá, lo cual lo acerca mucho a «Fin de…».
    Es una pena que esta ocasión el orden de los factores sí altere el producto, porque cualquiera de los dos podría haber sido el seleccionado.

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