10. El armario
Con el valor que su generación daba a las prendas de calidad cosidas a mano, no se había deshecho de ningún vestido importante en su vida. Allí estaban, bien preservados en fundas con naftalina, el de novia, aún impoluto y bordado de felicidad, el de chaqueta gris a medida, con el que aparecía en las fotos de nuestras comuniones, y los negros, acartonados por las lágrimas de dolor de tantos lutos acumulados. Descarté cualquiera de ellos.
Mi madre había sido una mujer de su época, forzada a aparentar una sobriedad en consonancia con la moral y el decoro exigidos por la severa educación de una sociedad rígida. Pero en casa, con nosotros, se convertía en un ser de luz cuya imaginación chispeante conjuraba la magia para colorear nuestras vidas y alentarnos a disfrutar del mundo con alegría. Y así quise que todos la recordaran.
Me inventé lo de su última voluntad. Hice caso omiso al gesto perplejo del maquillador cuando se lo pedí, al horrorizado de mis hermanos al contárselo y al estupefacto de cuantos se acercaron al tanatorio para despedirse de ella. A mí me parecía que estaba radiante con aquel disfraz de arlequín acorde a su verdadero espíritu.


¡Un relato luminoso! Enhorabuena! Un abrazo arcoiris.
¡Un relato luminoso! Enhorabuena! Un abrazo arcoiris.
¡Gracias Dominique! ¡Y encima me lo repites! Me alegra que te haya gustado. Un beso multicolor.
Pues sí, viva el colorido. Puede que la vida de tu personaje fuese un poco gris, pero llega un nomento en el que las caretas deben quitarse.
Original y positivo, Eva
Un abrazo y suerte
Gracias Ángel. Tanta etiqueta y miramiento ahoga a las personas y las personalidades. Un abrazo a ti también.
Hola, Eva. Lo que hace esa hija por su madre fallecida es, literalmente, hacerla «salir del armario»: en vez de vestirla con los blancos, grises y negros que usó obligada por la rígida sociedad en la que había vivido, la viste y la pinta de arlequín, con ropas y maquillaje alegre, en consonancia con su colorida y verdadera personalidad… Un contraste impresionante no sólo para el maquillador y para sus hermanos, también para quienes leemos la historia; la de ese último y hermoso gesto de amor filial…
Es un texto impresionante y emotivo, Eva.
Un beso grande,
Mariángeles
Me encanta que hayas pillado ese otro ‘armario’ que me reafirmó en mantener el título. Muchas gracias por acariciar mi ego con tus palabras. Con que te haya gustado, me vale.Un beso enorme a ti también, Mariángeles
¡Uy! Este relato me ha movido sentimientos y recuerdos. Yo también he vestido a mi madre (y antes, a mi abuela) para su despedida, y tampoco hemos hecho mucho caso a sus deseos de velatorio, que ella quería que fuese en casa. Buen relato, como siempre, y sorpresa final.
Gracias Edita. Espero que ese movimiento de recuerdos haya sido al menos agridulce. A mi me aterra ese momento…Un abrazo fuerte.
La vida nos obliga a menudo a vestirnos con unos colores que no reflejan nuestra personalidad. Más aún a las mujeres de aquella sociedad en blanco y negro. Por suerte tu protagonista ha conseguido vestir y maquillar a si madre con su verdadera y dual forma de ser
Un abrazo y suerte.
La vida…ay la vida… Gracias por comentar y por tus buenos deseos Rosalía. Un abrazo.
Eva, súper ocurrente y con un poso sentimental delicado además de con un toque fino de humor. Me encantas, y tu relato también. Qué bueno volver a leerte. Mucha suerte.
Que bueno verte aquí de nuevo, Izaskun. Muchas gracias por tus palabras. Tú también eres un encanto 😉 Un abrazote.
¡Qué bonita imagen final para el micro, repleta de luz y color, Eva! Me encanta ese contraste con los vestidos iniciales, y también con la situación con la que cierras este magnífico microrrelato. Bravo, un año de historias Entecianas de lo más variadas y lindas. Un fuerte abrazo
Muchas gracias Jesús. Suelo intentar no repetrme demasiado, jajajaja. Un abrazo grandote.
Qué hermoso tu micro, Eva. Y qué maravilloso homenaje de despedida a una madre que se va. Me encantó. Enhorabuena, guapa. Un abrazo y suerte.
Muchas gracias Puri. Las madres de colores son un bonito tema. Me alegra que te haya gustado. Un abrazo.