Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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13. Repostería fina

El 16 de diciembre de 1857 sor Juana María del Espíritu Santo perdió la fe.  Como andaba ya algo desmemoriada, con frecuencia extraviaba lugares, personas y prendas, por lo que no se preocupó demasiado. Buscó en la jofaina donde se lavaba, entre las pajas de la cunita del Niño y debajo del jergón de lana, pero no hubo manera de encontrarla. No es de extrañar. Aquella fe blanca e inocente que olvidó en la cocina fue confundida con azúcar molida y utilizada por las novicias para espolvorear mantecados y alfajores que expidió la tornera, sin que nadie advirtiera el error.

Desde aquel día Sor Juana tuvo que resignarse a repetir, faltos de la virtud teologal que les daba sentido, los rezos y labores que venía realizando desde que, siendo aún una chiquilla delgaducha, fue encerrada por sus parientes en el convento de Santa Lucerna. Nunca se atrevió a confesarse de tan grave pecado y vivió hasta su muerte temerosa del fuego del infierno. No podía imaginar que, a la hora del juicio, sería premiada por su descreimiento: bien sabía Dios que, gracias a este, se le llenó la iglesia de fieles devotísimos aquella Navidad y otras muchas que la siguieron.

 

4 Responses

  1. Ángel Saiz Mora

    Ella perdió su fe, pero, al.hacerlo, la repartió sin ser consciente se ello a muchas personas, convirtiéndoles en fieles, uno de los objetivos de toda religión. Lo hizo, además, de una manera muy dulce.
    Un abrazo y suerte con esta original historia, Elisa

  2. Rosalía Guerrero

    Qué dulce forma de promover la fe. A mí, si me proveen de dulces conventuales, también me vuelvo fiel. Palabrita del niño Jesús.
    Un abrazo y suerte.

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