Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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19. Tira al monte (Edita)

 

Está rara. No había quien la sacara de casa y ahora lleva meses saliendo varias veces por semana. Por lo visto, va con las amigas, pero el atuendo y una cara de felicidad mal disimulada la delatan. Su pareja desconfía. Lo primero que hace al regresar es meterse en la ducha; seguramente para camuflar aromas, piensa él. También es sorprendente verla investigando en el ordenador durante horas después de esas misteriosas salidas, y más teniendo en cuenta que antes ni lo encendía. Cuando el marido muestra extrañeza por estos cambios conductuales, ella responde con evasivas, lo que hace agrandar las sospechas de aquel. La mujer comprende el malestar del esposo, e incluso siente remordimientos porque hace años prometió no volver a caer en la tentación. Además, teme que cualquier día le haga elegir entre el amor que se profesan o su verdadera pasión. Pero, si llega a ponerla ante semejante dilema, esta vez la decisión será tajante: por mucho que él se lo pida, por más que el hombre le recuerde su aversión y alergia hacia ellas, no dejará de ir a buscar setas. Aunque deba regalarlas antes de entrar en casa.

 

14 Responses

  1. Juancho

    Cuando mi padre traía setas a casa mi madre nunca las comía. Ni nos dejaba comerlas a mi hermano y a mí. A pesar de todo nosotros no podíamos resistir la tentación y acabábamos comiéndolas. Mi padre, hombre prudente, solo traía las de cardo, que eran las que conocía bien, y las recuerdo deliciosas. A pesar de todo mi madre sí las cocinaba, y las daba un toque para mí no solo inolvidable sino también inalcanzable. Muy bien traída esta pasión micológica que cuenta con tantos adeptos en el mundo y buenos entendidos, sin ir más lejos, en esta casa ENTCiana.
    Muchas gracias Edita por traer esta píldora de nostalgia a mi memoria. Suerte!!!
    Bsssss!!

  2. Ángel Saiz Mora

    Si todo el «vicio» que tiene esta buena mujer es el de ir al campo, con lo saludable que resulta, para traer alimentos naturales y deliciosos, quien debería hacérselo mirar es su marido, que no estaría mal no solo que la respetase y permitiera que diese rienda suelta a esa afición, con la que no hace daño a nadie, sino incluso acompañarla en esas salidas.
    En las parejas, hasta en las mejor avenidas, no todos los engranajes encajan con precisión milimétrica. Es imposible, por lo que resulta absurdo hacer un drama de ello. La vida es demasiado corta para privarse de nada e ir en contra de las propias inclinaciones.
    Un relato simpático, hecho para el disfrute, que incluye un canto a la comprensión, con un juego de segunda lectura que solo se desvela al final.
    Dan ganas de acompañar a esta mujer, contagiarse de su entusiasmo y, de paso, compartir con ella una tortillita, con la base del aditamento vegetal que obtiene en sus excursiones.
    Un abrazo y suerte, Edita

  3. J. Ignacio

    Hola. Me ha encantado tu relato, tan misterioso y lleno de incertidumbre al principio, tan sorprendente y me atrevería a decir simpático al final. Y porque, además, me ha recordado cuando de peque iba con mi padre a buscar setas. De chopo, en este caso. A veces me aupaba a un tronco seco y me encontraba allí arriba una especie de cuerno de la abundancia micológico.

    Quería aprovechar para darte las gracias por haber tenido siempre una palabra amable para conmigo, siempre recordaré con cariño a mi querida costureira do castro. Hay otros mundos, Edita, y este hace tiempo que se acabó para mí.

    Te deseo todo lo bueno que la vida pueda darte. Sin lugar a dudas, lo mereces.

    Y suerte también con tu relato. Personalmente, me ha encantado.

    Luz, Amor y Vida. Siempre.

  4. Salvador Esteve

    Un relato con un final sorpresivo, pero que va más allá. Como un trampantojo de la infidelidad, nos arrastra a un cruce de emociones, pasión, dominio y libertad individual. Muy bueno, Edita. Un abrazo y suerte.✍

  5. Barceló Martínez

    Hola, Edita.
    No sé porqué la pareja de esta mujer tiene que meterse con una afición tan saludable, además, por desgracia, la pasión durará todo el año, pero la posibilidad de practicarla es estacionaria y, aún encima, muy condicionada por las condiciones climáticas, presentes y pasadas. En fin, en lugar de poner trabas, que se aficione el otro también.
    Ameno relato, estimada compañera. Un abrazo.

  6. Hola, Edita. Maravillosa pasión la de esta mujer. Tal vez el hecho de hacerlo a escondidas aumenta su placer, porque podría disfrutar de un buen plato de setas en cualquier bar para aliviar su necesidad de comerlas. En cosas tan pequeñitas como una seta también radica el placer y quizás muy concentrado. Delicioso relato en todos los sentidos. Abrazos y suerte, Edita.

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