Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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33. La piedra

Cuando la Catedral empezó a temblar, a estremecerse como si quisiera aliviar su fatiga o sacudir sus quejas, una comisión de expertos estudió a fondo el templo y su informe fue demoledor. Los muros, columnas, bóvedas, arcos y vidrieras se encontraban desgastados por tantas plegarias y latines como habían oído durante siglos. Las paredes, apuntaladas en multitud de ocasiones con humo y recelos, odio y hogueras, mentiras e intolerancia, no podrían aguantar en pie más tiempo. Además, por las grietas que entre los sillares dejaba la falta de vocaciones, se introducían la fe de circunstancias de muchos feligreses y los pecados que se susurraban en los confesionarios; y de la misma forma que el agua congelada logra romper la roca donde se ha infiltrado, esas muestras tan frías de fe, esos pecados endurecidos por la indiferencia de la vida moderna —ya se sabe que no hay peor cuña que la del propio árbol— también amenazaban con resquebrajar la piedra que sostenía la iglesia.

Las autoridades eclesiásticas, desdeñando la erosión, todavía tratan de apagar la sombra del derrumbe con el brillo cegador de innumerables velas, cada vez más luminosas, y de silenciar los crujidos con rezos interminables, cada vez más ensordecedores.

10 Respuestas

  1. Ángel Saiz Mora

    Hasta una catedral, una construcción imponente que mira al cielo, construida para perdurar, puede tambalearse no solo o no tanto por el paso de los siglos, sino más por la crisis en la fe que la mantenía. El efecto nocivo de los seres imperfectos, siempre más cerca de sus propios demonios que de lo divino, hace que, a menudo, parezca que no tenemos remedio, que lo sombrío forma parte de nuestra naturaleza colectiva, por muchas velas con las que queramos disimularlo.
    La siempre dubitativa supervivencia de la Iglesia como institución, pareja a la del hombre como especie, late en este relato impresionante, en el que ni las más duras piedras pueden soportar por mucho tiempo la presión sutil, pero constante, del desvarío de esos seres hechos, se supone, a imagen y semejanza de Dios, pero tan llenos de imperfecciones.
    Un abrazo y suerte, Rafa

    1. Rafa Heredero

      Muchas gracias, Ángel. Sé que nos repetimos y estarás cansado de escuchar y leer siempre lo mismo, pero es que eres muy generoso con nuestros relatos, siempre y además incansablemente.
      Otro abrazo grande para ti.

  2. Tenías que ser tú, Rafa. Esas descripciones…no había mirado la autoría del micro, pero me ha encantado sobre todo porque sé que los lugares enferman con nuestras tristezas y se impregnan de nuestros lamentos silenciosos. Pecadores o no, según queramos llamarlo, a veces encendemos una luz, o ponemos flores y perfumes, pero realmente es como cuentas. Algunos lugares no pueden ocultar la pesadumbre impuesta, por mucha fastuosa lámpara de araña que colguemos de su techo.
    Es muy bonito tu relato y da mucho que pensar.
    Una luz bonita para ti en esta tarde de miércoles.

    1. Rafa Heredero

      Muchas gracias, Mercedes. Siempre he pensado que hay lugares, paisajes, edificios casas, habitaciones, estancias… donde se refleja nuestro estado de ánimo, y se impregnan de nuestras alegrías o nuestras tristezas. Así que imagínate lo que puede vivir una iglesia, o toda una institución, si lo miramos de otra forma.
      Un abrazo con mucha luz para ti también.

  3. Paloma Hidalgo

    Según iba leyendo tu relato, veía, escuchaba y sentía el desmoronamiento de tu catedral. Me ha gustado mucho la idea de que la luz de las velas intente vencer a la sombras de la catástrofe creada, al fin y al cabo, por la naturaleza humana.
    Mucha suerte, Rafa.

    1. Rafa Heredero

      Me alegra mucho que un relato escrito se pueda imaginar con la participación de otros sentidos. Y de la naturaleza humana… creo que a estas alturas va a ser difícil que cambiemos. No sé yo. Espero que si esto sucede sea para bien.
      Muchas gracias por tu comentario, Paloma, y un abrazo grande para ti.

  4. Juan Antonio

    Perfecta descripción de una metáfora trasladable a otros niveles de la vida, como la polìtica, al menos en este país y un desgraciadamente largo etc.
    Genial
    Un abrazo, suerte.

    1. Rafa Heredero

      Muchas gracias por tu lectura y comentario, Juan Antonio. Lo bonito de escribir, entre otras muchas cosas, es esa cualidad de poder ir más allá de la mera narración para que cualquier lector traspase, si quiere, esos mismos límites.
      Un abrazo de vuelta para ti.

  5. J u a n

    ¡Endemoniadamente magistral! Además me ha traído a mi recuerdo de feligrés, la célebre frase de Pablo VI cuando peroraba aquello de «…por alguna grieta, el humo de Satanás ha entrado en la Iglesia» Y es que el sustrato de teología escatológica lo tiene también tu texto: tienes razón en lo tocante a cómo se vive La Fe que no es esperanzadora, las teorías de los meapilas de «aguabendita» y la cultura de plañideras. Para acabar , una tontuna :¡¡¡No lo vas a creer pero el título me ha hechizado!!!
    ¡Sigue pues, amigo Cantero de mensajes secretos en los capiteles y frisos, que no tienes límite!

    J u a n , C a m p a n e r o D e O s c u r o s M i n a r e t e s .

    1. Rafa Heredero

      ¡JUAN! Mil gracias por todas tus apreciaciones, desde la fe hasta el mismo título, el primer asiento de la misma, como ya sabrás.
      ¡Así que Campanero, nada menos! Te confieso que siento una predilección especial por las campanas y campaneros (sean de oscuros minaretes o de iglesias góticas) desde hace mucho tiempo, que se incrementó, hace mucho también, con la película de «Andrei Rublev», de Andrei Tarkovski.
      Un abrazo oscuro del errabundo M e l m o t h.

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