Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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39. CUATRO ESQUINITAS (Paloma Casado)

A Jenny su madre nunca le había obligado a rezar. Por eso, la primera noche fuera de casa se negó a repetir las oraciones que esa Madrastra pretendía enseñarle. No quería darle su corazón a Jesusito, aunque fuera niño como ella, ni tampoco que cuatro angelitos guardaran su cama.

Solo deseaba volver con mamá. No entendía por qué la habían traído aquí, separándola de ella ¿Sería por culpa de la mujer que vino a visitarlas? Después de hablar con su madre se puso a fisgar por toda la casa, señalando las botellas vacías y alguna cucaracha que correteaba por la cocina mientras escribía en unos papeles. Recuerda que cuando se fue, mamá la abrazó muy fuerte.

En la habitación, esperó a que se apagaran las luces para escapar. Había aprendido de memoria la dirección de su casa y seguramente encontraría a alguien que la llevara. Bajando las escaleras se topó con el Gigante.

“¿A dónde te crees que vas?” preguntó con voz de tormenta. “Anda niña, sube a tu habitación” le ordenó mientras cerraba con llave.

El cansancio consiguió rendirla a un sueño agitado, en el que cuatro ángeles sombríos le enseñaban sus dientes afilados, voraces, terribles.

 

 

 

5 Respuestas

  1. Ángel Saiz Mora

    Ángeles que no son benefactores, sino todo lo contrario, guardianes implacables de una prisionera, no menos que el gigante. Entre todos conforman un mundo en el que la lógica de la felicidad se ha perdido en favor de otra que tu pobre protagonista no comprende y de la que tampoco puede escapar. A qué brutal acuerdo habrá tenido que llegar una madre para desentenderse de su hija, de forma temporal o definitiva, con la consiguiente incomprensión y sufrimiento de la pequeña. La niña, lejos de buscar refugio en lo sobrenatural o divino, lo siente como una opresión, por eso no reza. No sabe bien lo que sucede, pero es realista y tiene claro lo que quiere y necesita.
    La literatura está hecha para entretener, o reivindicar, o desahogarse, según el caso, lo que no puede es dejar indiferente. Tu relato golpea desde una mirada infantil, pero no por ello menos descarnada, sin que ella ni nosotros podamos hacer nada por auxiliarla, como sin duda nos gustaría.
    Un abrazo y suerte, Paloma

  2. Paloma Casado Marco

    Sí Ángel, a veces la vida es tan dura que una mente infantil no puede comprender, solo sufrir. Una madre cariñosa pero alcohólica, unos padres de acogida tan estrictos que no saben dar amor…hay tantas situaciones dramáticas.
    Gracias por tu comentario y tu sensibilidad.

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