4. EFECTO ¡WOW!
Llevaba semanas atascado con aquel relato sobre la imaginación. Al menos tenía claro el título. Lo había aprendido en una clase de Marketing: provocar un “efecto wow” consistía en sorprender al cliente superando por completo sus expectativas.
A partir de un buen título, él solía dejarse llevar. Imaginaba situaciones, tiraba del hilo y acababa encontrando un giro inesperado. Pero esta vez era incapaz de hilvanar una sola frase brillante.
Admiraba a Hemingway, aunque no compartía aquello de “escribir es sentarse ante la máquina de escribir hasta sangrar”. Él prefería rumiar sus ideas frente al folio en blanco, mirando por la ventana, convencido de que las historias no se forzaban, sino que aparecían. Si no lo hacían, era mejor dejarlas reposar hasta volver a mirarlas con otros ojos.
Pasaron seis semanas. El plazo terminaba aquella noche y el documento seguía vacío.
A las 23:59 envió el relato, dejando el iceberg bajo el agua.
No tenía una sola palabra.
El título decía: “Ausencia de”.


¡Conseguido! Tu “Ausencia de” me ha provocado el “Efecto wow”. Y me he reconocido en él: a veces echo semanas para arrancar.
Gracias Edita. Lo importante es disfrutar del proceso. Hemingway sangraba, yo prefiero ponerme a otra cosa. Un abrazo.
Más conciso y más sincero que tu protagonista, no se encuentra, querido Sergio. Enhorabuena y suerte. Un abrazo, guapo.
Muchas gracias, Puri, por tu comentario. Abrazo.
Perfectamente descrita la crisis creativa. Hay veces que pareciera que te dictan las historias al oído y otras rebuscas y rebuscas fuera y dentro y las musas se han ido a susurrarle a otr@s..
Un abrazo y suerte
Gracias, Gema. La vida misma. Abrazo.
Que tire la primera piedra quien diga que no le ha tenido miedo alguna vez a la página en blanco. Un relato imaginativo sobre la falta de imaginación. Una divertida y original pardoja.
Un abrazo y suerte, Sergio.