47. EL CALENDARIO
A la abuela, con los años, se le desordenaron las fechas. Tan pronto estaba en 2026, en nuestra casa, como en 1954, en casa de sus padres. Nos empeñábamos en sacarla de su error hasta la cuarta vez que sufrimos con ella el desgarro de perder al marido. Entonces decidimos, por unanimidad, que el único calendario vigente en nuestra casa sería el suyo.
No todos los días son bonitos. Pero hemos aprendido a surfear las décadas al son que nos marca su memoria. Hemos aprendido a ser el nieto, la madre o el novio cuando toca. Y a relativizar la pena los días que no somos nadie para ella.

