62. Family Junior
Mientras comenzaba a sonar de fondo una fanfarria tan alegre como desenfadada, y con el aplauso del público para acompañarlos en su despedida, abandonaron cabizbajos el plató de televisión después de no ser elegidos. Qué podían haber hecho contra la niña de rizos rubios y ojos azules vestida de punta en blanco, o contra ese chaval repeinado y de cara lavada, tan repipi, que estaban convencidas de que no era tan educado como aparentaba, o contra un bebé, que se dieran cuenta, que esos eran imbatibles. Que qué mala suerte habían tenido, nada más. Que siguieran creyendo en ellos mismos, eso siempre, porque eran los mejores, bien lo sabían ellas. Que no desesperasen, que la próxima vez iban a ser seleccionados. Seguro. Eso les dijeron cuando pudieron recogerlos a la salida, tristes y abatidos, y darles un abrazo, y así, entre hipidos y con un llanto inconsolable que estremecía sus frágiles cuerpos, las monjitas los llevaron de regreso al orfanato.


Hay veces en las que eso de «el que quiere, puede», o «el que la sigue, la consigue», hace aguas por todas partes, haciendo bueno el otro dicho de «a perro flaco todo son pulgas». Los niños han de aprender que no se puede ganar siempre, desde luego; el problema, en niños y también en adultos, es cuando parece que no se pueda ganar nunca, por mucha fe, constancia y empeño que se ponga. No obstante, los consejos de esas religiosas van en el buen sentido, no rendirse tiene un trasfondo épico que no puede discutir nadie.
Un relato de perdedores lleno de realidad, que no cierra del todo la puerta a la esperanza.
Un abrazo y suerte, Rafa
Uf, en la sociedad carroñera en que vivimos, donde todo se puede convertir en espectáculo, tu micro no resulta demasiado distópico, y sí profundamente inquietante.
Un abrazo y suerte.