Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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62. SED (Carmen Cano)

Hacía apenas unas semanas que mi mujer me había abandonado sin discusiones previas, sin explicación alguna, cuando me ingresaron en el hospital aquejado de una grave neumonía. En las tardes macilentas y solitarias de mi habitación rememoraba los días en que fuimos felices. Cuando me subía la fiebre creía ver sus ojos grises y sus cabellos ondulados cayendo como una cascada que podía apagar mi sed.
En mi lenta recuperación obró el milagro la doctora, su acierto en el tratamiento y la cascada luminosa de su voz, sus altos pómulos caucásicos y las bromas con que me obsequiaba.
Meses después ha querido el azar que escuchara su risa en una mesa vecina del restaurante en donde cenaba. Me he levantado emocionado a saludarla. Sonreía con la alegría de siempre. Estaba acompañada de otra mujer. Al acercarme he visto que la tenía cogida de la mano en inequívoca actitud de enamorada. Cuando he pronunciado el nombre de mi neumóloga, una melena ha ondulado el aire con un leve movimiento de rotación y unos ojos grises se han cruzado con los míos en una doble mirada atónita.

8 Respuestas

  1. Ángel Saiz Mora

    Cada uno debe ser fiel a su naturaleza y recorrer el camino que le es propio. No hacerlo es engañarse a sí mismo (o misma) y a otros. Tu protagonista no entendía los motivos del abandono de su mujer. Tuvo que actuar el azar para que se percatase, aunque tal vez sea cierto lo que algunos afirman, que las casualidades no existen.
    Un relato sobre dos mujeres en la vida de un hombre, con la sorpresa de un descubrimiento que hace que todas las preguntas obtengan respuesta.
    Original historia con muy buenas descripciones.
    Un abrazo y suerte, Carmen

  2. Ser leal a sí mismo y honesto con los demás. Quizá a esta mujer le faltó la segunda cualidad, aunque nadie la juzga; sus razones tendrá.
    El azar resuelve los interrogantes que quedaron en el aire.
    Muchas gracias por tu acertada y generosa interpretación, Ángel.
    Un abrazo.

  3. Se le dio vuelta el milagrito al muchacho… ¡y del modo más impensado! Quién fuera mosca para revolotear y ver las miradas de él y de ellas, con esa mezcla de sorpresa, asombro y, por qué no, espanto, mientras (como decimos aquí en Argentina) «todas las fichas les van cayendo» por las razones correctas, no por las que ellos creían correctas…

    Un micro muy acorde a la consigna, CARMEN, y muy bueno…

    Cariños,
    Mariángeles

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