Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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82. Infinitos

Ocho. Otro ocho. Alguien le dijo que si tumbas un ocho, se convierte en infinito. Desde entonces, guarda en las yemas de sus dedos esa línea caprichosa y la dibuja por donde pasa: en el vaho de los espejos, la tierra mojada, la harina de amasar. Y con cada trazo imagina a su hermana bailando bajo la lluvia, la risa de su hijo mientras gatea hacia ella y tantas cosas alegres, y no sabe si eso serían muchos infinitos o uno solo, porque son diferentes, pero en todos ellos su felicidad no tendría fin. 

Mira la pancarta. Un 8817 en grandes caracteres negros oscurece la mañana. Los participantes en el homenaje arrojan flores al mar, una por cada nombre que no consiguió llegar a Europa ese año. Faltan miles. Los de su hermana y su hijo no. Se acerca a la orilla con dos claveles. Los ha atado tan juntos que los pétalos forman un ocho, un infinito rojo y suave. Al lanzarlos al agua, imagina otra vez lo fácil que habría sido: saltar a las olas tras sus cuerpos inertes, cambiar el número a un 8818, tres nombres unidos en un mismo infinito bajo ese Mediterráneo devorador de sueños.

2 Responses

  1. Rosa Gómez Gómez

    Una idea potente: el punto de vista de quienes se quedan allá, esperando o llorando la pérdida de los que intentaron pasar al “paraíso europeo”. Esta mujer rememora con su imaginación los momentos vividos con ellos. Y lamenta, por el dolor infinito que le causa no haberse ido también.
    Me gusta ese símbolo.

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