Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

Single Blog Title

This is a single blog caption

82. Infinitos

Ocho. Otro ocho. Alguien le dijo que si tumbas un ocho, se convierte en infinito. Desde entonces, guarda en las yemas de sus dedos esa línea caprichosa y la dibuja por donde pasa: en el vaho de los espejos, la tierra mojada, la harina de amasar. Y con cada trazo imagina a su hermana bailando bajo la lluvia, la risa de su hijo mientras gatea hacia ella y tantas cosas alegres, y no sabe si eso serían muchos infinitos o uno solo, porque son diferentes, pero en todos ellos su felicidad no tendría fin. 

Mira la pancarta. Un 8817 en grandes caracteres negros oscurece la mañana. Los participantes en el homenaje arrojan flores al mar, una por cada nombre que no consiguió llegar a Europa ese año. Faltan miles. Los de su hermana y su hijo no. Se acerca a la orilla con dos claveles. Los ha atado tan juntos que los pétalos forman un ocho, un infinito rojo y suave. Al lanzarlos al agua, imagina otra vez lo fácil que habría sido: saltar a las olas tras sus cuerpos inertes, cambiar el número a un 8818, tres nombres unidos en un mismo infinito bajo ese Mediterráneo devorador de sueños.

13 Responses

  1. Rosa Gómez Gómez

    Una idea potente: el punto de vista de quienes se quedan allá, esperando o llorando la pérdida de los que intentaron pasar al “paraíso europeo”. Esta mujer rememora con su imaginación los momentos vividos con ellos. Y lamenta, por el dolor infinito que le causa no haberse ido también.
    Me gusta ese símbolo.

    1. Ana F.

      Muchas gracias por tu lectura, Rosa. El punto de vista en este caso es más bien el de alguien que sí logró llegar aquí, pero que tuvo que despedirse de dos seres muy queridos por el camino. En cualquier caso, el dolor debe de ser inmenso, tanto allá como aquí. Un abrazo.

    1. Ana Fúster

      Sí, lleva ya demasiado tiempo siendo actual, por desgracia, como dices. Muchas gracias por tu comentario, Edita, un abrazo.

  2. Infinitamente tremendo. El horror de los que se quedan y ante la pérdida sufrieron por no irse con los suyos. El dolor es mayor que las palabras. Me ha gustado mucho Ana. Mueren a nuestro lado y miramos para otro sitio.

    1. O simplemente nos acostumbramos y nos hace callo. O quizá sea que ya nos cuesta distinguir entre realidad y ficción con tanta pantalla, y su sufrimiento ni siquiera nos roza porque nos parece parte de una película o una serie más.Muchas gracias por tu comentario,Miguel Ángel, un abrazo.

  3. Gema Herráez

    Observo en muchos de los relatos que la realidad se impone, más bien, la cruda realidad. Es normal que imaginemos cómo pueden imaginar un mundo mejor todos aquellos que sufren y que de alguna manera son los desheredados.
    Y nosotros como relatistas no podemos abstraernos de esas tragedias. Eso nos define como seres humanos empíricos y comprometidos .
    Gracias por tu empatía Ana

    1. Ana Fúster

      Pues mira, Gema, en este caso la realidad se impuso 100%. Estuve en ese homenaje, vi esa pancarta con el número 8817, supuestamente la cifra de fallecidos en el Mediterráneo el año pasado (cifra oficial, luego estarán los números reales, claro), y te remueve por dentro porque ¿qué se puede decir ante una tragedia de esas dimensiones? No hay palabras, la verdad.
      Muchas gracias por comentar, un abrazo.

  4. Rosalía Guerrero

    Ana, si el relato de Alberto me ha dejado tocada, ´éste me ha acabado de hundir. Qué tristeza, tantas vidas perdidas que solo parecen importar a sus familias y a algunas personas como tú que lo has escrito. Gracias.
    Un abrazo y suerte

    1. Ana Fústee

      Últimamente la insensibilidad e incluso la indiferencia parecen estar creciendo. Como decía antes,o ya estamos saturados de malas noticias o empezamos a no distinguir la vida real de los videojuegos. Muchas gracias por tus palabras y un abrazo, Rosalía.

  5. Ángel Saiz Mora

    En la memoria siempre quedan loa mejores momentos. Generarlos en otras personas dice mucho de quien los causaron, como también de quienes los conservan como un tesoro vital. Alguien dijo que la verdadera muerte es el olvido, y es cierto. Los recuerdos nacieron en el pasado y coquetean con la imaginación, pero también son realidad, en este caso, mucho menos triste que la otra, la que terminó en el mar.
    Un abrazo y suerte, Ana.

    1. Ana Fúster

      La imaginación puede embellecer los recuerdos y también crear escenas que nunca sucedieron de forma muy vívida, y puede ser una forma de enfrentarse al dolor. Muchas gracias por tu comentario, Ángel, un abrazo grande.

Leave a Reply