Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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82. Verde y rojo

El guerrero se posiciona. Protege su cuerpo con el escudo de bruñido bronce que lleva labrado un gran sol, solo queda al descubierto el penacho de plumas verdes adornando su casco, que por efecto visual parece dividirlo en dos mitades.

Durante la contienda se han cruzado dos veces sus espadas, y el del verde penacho le ha vencido en buena lid, las dos veces ha perdonado su vida. Nada sabe de él y nada ha podido averiguar sobre su procedencia, sus guerreros no lo han visto jamás. Es imponente su porte, y soberbia su actitud frente al enemigo, más propia de una divinidad que de un guerrero. Decide aguardar hasta que haga un movimiento. Ahora él, desde su posición sobre el caballo piensa que quizás esta vez sea él el vencedor. Sujeta la lanza, muestra su bronceado pecho desnudo que brilla como su casco, adornado con filigranas del que cuelgan borlas de hilo teñido en intenso rojo, y comienza la embestida.

Uno se levanta, el otro azuza su caballo. A la carrera uno, al galope el otro. Con espada y lanza en mano se enfrentan. Sucumben dejando bajo sus cuerpos la tierra coloreada de color marrón caoba.

2 Respuestas

  1. Ángel Saiz Mora

    Dos hombres enfrentados en un duelo a muerte del que terminan empatados en un triste, aunque meritorio y noble empate, cada uno entregado a la causa del Ejército al que pertenecen, al que juraron servir y honrar, algo que hacen con todas las consecuencias y un compromiso absoluto, pero sin dejar de valorar y respetar al enemigo. Podemos imaginarlos en el mismo bando como amigos inseparables, pero el destino quiso que fuesen rivales. Su destreza guerrera y su igualdad, incluida la de sus almas, que parecen gemelas, hace que una vez más entrecrucen las armas, regando con su sangre la misma tierra, en el peor de los finales de una partida en la que nadie vence, unas tablas que malogran dos vidas valiosas.
    Un relato lleno de fuerza y expresividad, muy bien construido, en el que late el trasfondo de lo absurdo de las guerras.
    Un abrazo y suerte, Maite

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