Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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89. Ni Sí ni No ni Blanco ni Negro (Patricia Collazo)

Lo raro fue que la abuela viniera a buscarnos al colegio. No que tuviéramos que esperar. Mamá a menudo se retrasaba.

Para entretener a los mellizos, los hacía jugar a “Ni Sí, ni No, ni Blanco, ni Negro”. Yo era vendedora en una tienda de mascotas y ellos compradores, o al revés.

Cuando era vendedora, siempre les ofrecía que se llevaran una cebra.

— ¿La queréis blanca con rayas negras o negra con rayas blancas?

Tarde o temprano terminaban pronunciando los colores prohibidos, o se enfrascaban en tales vericuetos por no hacerlo, que decían un Sí o un No más grande que una casa, y perdían igual.

El día en que vino la abuela a buscarnos, yo quería comprarle una bufanda a mi jirafa, y los mellizos decían que solo tenían bufandas blancas o negras. Que eligiera.

Es curioso que recuerde ese detalle, pero no cómo fue que la abuela nos explicó la ausencia de mamá. Tal vez porque no nos la explicó.

Era como si la abuela y toda la familia estuviesen jugando, porque cuando horas después, reuní fuerzas para preguntar si a mamá le había pasado algo malo, nadie dijo ni sí ni no. Ni blanco. Ni negro.

8 Respuestas

  1. Ángel Saiz Mora

    La hermana hace un poco las veces de madre de sus divertidos hermanos gemelos. Ella es la mayor y demuestra ser una chiquilla madura para su edad, pero no lo suficiente como para le expliquen con toda su crudeza que su madre les ha abandonado. Tiene inteligencia e intuición de sobra para atar cabos, ella misma es quien nos da las pistas al decir que siempre llegaba tarde, un detalle que al principio no parece importante, pero que en el contexto confirma la personalidad materna. Pese a esa viveza, aún es inocente; aunque está en el límite de dejar de serlo y no termina de darse cuenta de la realidad, o prefiere aferrarse a ser una niña.
    A través de los ojos de una pequeña y apenas con unas pocas pinceladas dibujas una situación y unos personajes muy bien delimitados, con un desenlace triste e inesperado, aunque luego nos parezca lógico, a través de un empleo fascinante de la elipsis.
    Un abrazo y suerte, Patricia

  2. Muy de verdad lo que cuentas. Hay muchas más ocasiones de las que nos podemos imaginar en que parece que estemos jugando al juego que mencionas, solo por esquivas la verdad, una verdad que hiere.
    Muy acertado el paralelismo en el que no había caído hasta ahora. Gracias, y felicidades por el texto.

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