Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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10. El armario

Con el valor que su generación daba a las prendas de calidad cosidas a mano, no se había deshecho de ningún vestido importante en su vida. Allí estaban, bien preservados en fundas con naftalina, el de novia, aún impoluto y bordado de felicidad, el de chaqueta gris a medida, con el que aparecía en las fotos de nuestras comuniones, y los negros, acartonados por las lágrimas de dolor de tantos lutos acumulados. Descarté cualquiera de ellos.

Mi madre había sido una mujer de su época, forzada a aparentar una sobriedad en consonancia con la moral y el decoro exigidos por la severa educación de una sociedad rígida. Pero en casa, con nosotros, se convertía en un ser de luz cuya imaginación chispeante conjuraba la magia para colorear nuestras vidas y alentarnos a disfrutar del mundo con alegría. Y así quise que todos la recordaran.

Me inventé lo de su última voluntad. Hice caso omiso al gesto perplejo del maquillador cuando se lo pedí, al horrorizado de mis hermanos al contárselo y al estupefacto de cuantos se acercaron al tanatorio para despedirse de ella. A mí me parecía que estaba radiante con aquel disfraz de arlequín acorde a su verdadero espíritu.

17 Responses

  1. Ángel Saiz Mora

    Pues sí, viva el colorido. Puede que la vida de tu personaje fuese un poco gris, pero llega un nomento en el que las caretas deben quitarse.
    Original y positivo, Eva
    Un abrazo y suerte

  2. Hola, Eva. Lo que hace esa hija por su madre fallecida es, literalmente, hacerla «salir del armario»: en vez de vestirla con los blancos, grises y negros que usó obligada por la rígida sociedad en la que había vivido, la viste y la pinta de arlequín, con ropas y maquillaje alegre, en consonancia con su colorida y verdadera personalidad… Un contraste impresionante no sólo para el maquillador y para sus hermanos, también para quienes leemos la historia; la de ese último y hermoso gesto de amor filial…

    Es un texto impresionante y emotivo, Eva.

    Un beso grande,
    Mariángeles

    1. Eva García

      Me encanta que hayas pillado ese otro ‘armario’ que me reafirmó en mantener el título. Muchas gracias por acariciar mi ego con tus palabras. Con que te haya gustado, me vale.Un beso enorme a ti también, Mariángeles

  3. ¡Uy! Este relato me ha movido sentimientos y recuerdos. Yo también he vestido a mi madre (y antes, a mi abuela) para su despedida, y tampoco hemos hecho mucho caso a sus deseos de velatorio, que ella quería que fuese en casa. Buen relato, como siempre, y sorpresa final.

    1. Eva García

      Gracias Edita. Espero que ese movimiento de recuerdos haya sido al menos agridulce. A mi me aterra ese momento…Un abrazo fuerte.

  4. Rosalía Guerrero

    La vida nos obliga a menudo a vestirnos con unos colores que no reflejan nuestra personalidad. Más aún a las mujeres de aquella sociedad en blanco y negro. Por suerte tu protagonista ha conseguido vestir y maquillar a si madre con su verdadera y dual forma de ser
    Un abrazo y suerte.

  5. Izaskun

    Eva, súper ocurrente y con un poso sentimental delicado además de con un toque fino de humor. Me encantas, y tu relato también. Qué bueno volver a leerte. Mucha suerte.

  6. Jesús Navarro Lahera

    ¡Qué bonita imagen final para el micro, repleta de luz y color, Eva! Me encanta ese contraste con los vestidos iniciales, y también con la situación con la que cierras este magnífico microrrelato. Bravo, un año de historias Entecianas de lo más variadas y lindas. Un fuerte abrazo

  7. Puri Rodríguex

    Qué hermoso tu micro, Eva. Y qué maravilloso homenaje de despedida a una madre que se va. Me encantó. Enhorabuena, guapa. Un abrazo y suerte.

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