12. Sombras de ciudad
El viento me traía olores conocidos: tierra húmeda, hierba fresca, ovejas… Junto a mis compañeros de trabajo corría libre, sin correas ni muros. Mi mundo era sencillo y tranquilo.
Pero me fui haciendo demasiado mayor para trabajar; mis patas ya no respondían como antes. Y un día me subieron a una jaula negra con ruedas y el aire cambió.
De pronto, todo me olía a humo y metal. Brotaban ruidos por todas partes: bocinas que rugían, voces que se mezclaban, pisadas que retumbaban en mis oídos. El suelo duro me quemaba las patas y cada pitido me hacía saltar. Un torbellino de sombras negras y luces blancas me cegaba y me paralizaba.
Ya no había espacios para correr, ni hierba donde tumbarme. Tampoco compañeros a los que acudir buscando auxilio o un ladrido amigo. Solo paredes altas y olores extraños que mi olfato no comprendía. Todo me apestaba a basura y a miedos negros.
Me acurruqué junto a la pierna de mi nuevo humano, temblando. Él me acarició y dijo algo con un tono suave. No lo entendí, pero por un instante sus gestos me devolvieron un poco de la seguridad que había dejado atrás.


Qué duro ha de ser, para un perro que ha vivido en el campo, que le cambien su hábitat por el urbano. Al menos parece que se ocupará de él, de manera voluntaria y responsable, un humano con sensibilidad, de los que merecen la pena.
Un abrazo y suerte, Esperanza
Me vienen a la cabeza los galgos desechados de las cacerías, que por aquí abundan (según he leído hay más ‘perrijos’ que niños humanos). Y, aunque los perros me dan pánico (no sé cómo se me ha ocurrido poner a uno de protagonista… las neuronas a veces me despistan), a estos les noto muy fuera de su ambiente. A pesar del mimo (van impecablemente cuidados) que sus ‘perripadres’ les demuestran.
Cambiar de ambiente siempre es complicado, seas perro o humano.
Gracias Angel.
Un abrazo y Suerte para tí ♣
Si para una persona es difícil cambiar de hábitat y adaptarse a él, para un animal que ha vivido libre y no lo puede racionalizar debe ser terrible. Al menos si humano es una buena persona.
Un abrazo y suerte.
Los cambios son complicados. Hay veces en que dos buenos coinciden. Y el trauma lo es un poco menos.
Gracias Rosalía
Que yo entiendo que hay muchas personas que aman a sus animales de compañía. Pero soy de la opinión de que, como tú protagonista, necesitan la libertad de su hábitat natural. Pobrecillo. Ojalá consiga acostumbrarse a su nuevo hogar.
A mí también me ha costado llegar ahí (podría haber puesto a un perro en el tema de las fobias, con eso ya te imaginarás).
Pero ya situados en ciudad y en pisos, al menos, que les den un espacio adecuado. Aunque el campo siempre será la mejor opción.
Gracias Izaskun.
Qué buena idea meternos en la piel de un perro, que dicen que todo lo ven en blanco y negro, y transmitirnos sus perspectivas del mundo en dos lugares tan diferentes. Buenísimo el trabajo de ambientación, así como ese final relajado entre humano y mascota, que anuncia un periodo de calma y compañerismo. Me gusta, Esperanza. Buen broche a un año de historias Entecianas de lo más atractivas. Un abrazo grande
También pensaba que los perros (y los toros) veían solo en blanco y negro. Googleando resulta que distinguen algunos tonos de azul y amarillo.
Pero sí, del campo a la ciudad hay un largo trecho y muchos claroscuros.
Gracias Jesús.
Un abrazo.
Jope, me ha causado mucha tristeza sumergirme en el alma de ese animalito al que le cambian la perspectiva tan de repente… También, llevándolo a otro terreno, me remite a la vejez, al paso del tiempo. Y, sobre todo, a ese cambio de un mundo en color a otro en blanco y negro. Enhorabuena por tu relato!
Me encanta que le saques nuevas lecturas a mi historia.
Eso es un regalazo 🙂
¡¡Gracias!!