53. Para una niña, el primer fin del mundo de su vida
La piel de la niña es blanca y delicada. Un corderito de lana esponjosa. Pero habita en un lugar más negro que la muerte, y los tábanos la acosan hasta que logran acuchillar su carne tierna. La hacen sangrar. Duele. Duele mucho. Siente tanto pavor que solo acepta una compañía: la de su propia sombra. Juntas escarban entre residuos podridos y cucarachas. Hasta que, por fin, encuentran en el vertedero una muñeca. Cuando llega la hora del sueño, rodea con el brazo a su nueva amiga. Se protegerán entre ambas bajo el resplandor nocturno. Pero, al igual que el sol, la luna solo es un hueco en el cielo que no sirve para nada. Y las moscas negras siguen persiguiéndola e invaden la oscuridad de la chabola con la intención de devorarla. Alguien dice: “¡Si ya es una mujer!”. Y la niña no entiende qué sucede en su cuerpo. En su vientre como bola de helado. En esa suave piel que, sin saberlo, ahora cubre la de otro corderito blanco.


Terrible y real esa infancia que muere antes de ser vivida.
Un relato que duele, pero que es necesario.
Un abrazo y suerte.
Pues sí. Hay niños a los que ni siquiera les permiten serlo.
Un abrazo, Rosalía
Vivimos en un mundo con problemas colectivos y personales, pero acomodado, que nada tiene que ver con otros, implacables, tremendos, donde la vida vale poco y el respeto, la dignidad y los derechos casi ni se conciben.
La historia de una niña a la que no le han dejado ni serlo, inocencia blanca en un mundo de oscuras amenazas.
Un abrazo y suerte, María
Gracias Ángel por tu comentario. Qué duras son algunas infancias…
Un abrazo.
Uf, qué fuerte, María. Muy duro y muy realista, por desgracia. Y muy bien escrito, también.
Besazos.
Es duro pero, como dices, real. Demasiado real.
Un beso grande, Ana María.
Maravilloso en su horror, Maria. Me ha gustado muchísimo.
Suerte y abrazo grande. ❤️
Me alegro de que te guste, Nuria. Aunque sí, el tema se las trae.
Un beso grande.
Haría falta un potente insecticida que acabara con esos tábanos que profanan la infancia de tantas niñas que ni siquiera cuentan con una muñeca mugrosa. Me duele tu texto, pero me gustan tus letras, y mucho.
Un abrazo
Muchas gracias por tu comentario, amiga.
Un beso, Paloma
La descripción descarnada y real de tu relato nos traslada sin anestesia a ese mundo que por desgracia existe. He sentido la picadura de los tábanos, el revolotear de esas moscas negras, he visto y olido ese vertedero. Terrible existencia la de muchos seres humanos y lo que es peor aún, la de muchos niños.
Un saludo
Estos relatos son necesarios para recordarnos que somos unos privilegiados, y que hay otras realidades (algunas no demasiado lejos) con mucho sufrimiento en su vida.
Muy bien escrito (me encanta «la luna solo es un hueco en el cielo que no sirve para nada»), nos cuentas la dura vida de una niña y su violación. Mierda de moscas y tábanos de este mundo.
Un beso,
Carem.
¡Pero qué bien escribes, querida! Cuánto dices sin decir.
Una historia tan real como dura.
¡Mucha suerte!
Besosss