25. Un pedazo de cielo
—Ave María purísima.
—Sin pecado concebida…
Mi tía abuela Elvira se confesaba cada día. La aterraba la idea de que una muerte súbita pudiera sorprenderla en pecado mortal, circunstancia que la privaría de ir al cielo que tanto se había esforzado en merecer. Y más ahora, que ya tenía una parcela en propiedad en él. Sí, tata Elvira había gastado casi todos sus ahorros para adquirir un pedazo de cielo. “Imagina, Elvira, llegar allí, con lo que cuesta, y no tener un sitio donde quedarse” le había dicho el padre Isidoro, que luego le gestionó personalmente la compra.
Los lunes, el cura suele ir a ciudad para despachar asuntos en el obispado. Y parece ser que, cuando oscurece, evangeliza señoras de aquellas que fuman, labor en la cual invierte todo su sueldo y quien sabe cuánto más.
—Padre, me acuso de…
—Elvira, un momento, hija mía, creo que tengo la obligación moral de advertirte de una cosa.
—Diga, padre.
—Pues… Ahora que ya tienes un pedazo de cielo, deberías pensar en comprar una escalera para subir a él. Y sin tardar, que ya sabes que sólo Nuestro Señor conoce el momento.


La fe mal entendida puede inhibir de cuestionarse nada, de que surjan dudas, hasta de pensar. Siempre es más fácil dejarse llevar, y siempre hay aprovechados de las personas crédulas.
Un abrazo y suerte, Josep
¡Ay la iglesia y sus acciones tan poco cristianas!
Aunque es un relato describe certeramente como algunos representantes de esa institución, muchos en realidad, se han aprovechado de la fe que tantas personas depositan en la religión.
Un abrazo