Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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54. El plano inclinado (Elena Bethencourt)

Nuestra montaña era preciosa, pero tenía un inconveniente: estaba en el interior del país. Hacía mucho frío o un calor insoportable. Por eso, soñábamos con vivir cerca del mar. El deseo era tan grande que, cuando el padre Damián dijo en misa que la fe movía montañas, rezamos y suplicamos hasta que por fin oímos el rugido del océano. Al abrir las ventanas, la brisa marina entró en las casas y vimos cómo nuestra montaña —con todos sus habitantes— era ahora una isla flotante en el mar.

El clima era apacible y la pesca abundante, y nos resultó fácil acostumbrarnos a la vida costera con sus baños de sol y sal. Éramos muy felices, pero enseguida el alcalde empezó a encontrar defectos: que si teníamos demasiadas cuestas, poco espacio, una economía limitada… “Necesitamos un aeropuerto, hoteles y turistas”, repetía. Nos pidió fe otra vez: si desmontábamos la montaña, podríamos ganar terreno al mar.

Sin casi darnos cuenta, las promotoras excavaron y extrajeron toda la tierra de la montaña, la extendieron y apisonaron a lo largo del nuevo litoral.

Cuando reaccionamos, ya habitábamos la isla más plana del mundo. Tan plana que desapareció con la primera ola del primer temporal.

16 Responses

  1. Ángel Saiz Mora

    Nunca estamos del todo conformes con nada, incluso cuando se produce un milagro fruto de la esperanza en que podría suceder, lo acabamos estropeando, y eso ya no hay fe que lo arregle.
    Un abrazo y suerte, Elena

    1. No solo la fe mueve montañas, también la avaricia. Muy bien hilado y muy realista, por desgracia. Tenían que haber tirado al alcalde al mar nada más abrir la boca.
      Me encanta la imagen de los baños de sol y sal.
      Un abrazo, Elena.

  2. Ana Fúster

    La fe mueve montañas y la avaricia rompe el saco, ejemplo práctico de dos refranes en un solo relato. Un abrazo y suerte, Elena.

  3. Rosalía Guerrero

    Si es que no se puede tener todo. Vivir cerca del mar mola, mola demasiado. Por eso todo el mundo quiere vivir junto a él y luego pasa lo que pasa. Justo lo que has contado de una manera tan bonita.
    Un abrazo y suerte.

  4. Rosa Gómez Gómez

    Virgencita, virgencita, que me quede como estoy! Tanto pedir para mejorar y al final nada.
    I una parábola de la desmedida ambición humana.

  5. Raúl Aragoneses

    Lo que Dios ha hecho que no lo separe el hombre…, ni su fe. Auqnue la fe cambia, sobre todo si hay dinerito por medio. ¡Suerte, Elena, y abrazaco!

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