63. El tercer cielo
Nuestro reino no es de este mundo. Nos lo repite como un martillo los domingos mientras por uno de los vitrales señala al firmamento, un ángulo donde brillan la paz y el amor infinito, libre del sufrimiento terrenal. Bienaventurados los pobres de espíritu como nosotros, porque según él tenemos las puertas siempre abiertas allá arriba. Y tanta fe les ponemos a sus palabras que esa misma tarde nos entran unas ganas tremendas de marcharnos. Algunos lo hacen, pero yo me quedo. No es oro todo lo celestial que nos vende desde el púlpito. A poco que afines el ojo, descubres que, cada cuatro segundos, una nube se muere de hambre y abandono.


Qué bello escribes, querido Raúl.
Me ha encantado.
Un abrazo enorme.
Lo malo es que casi nadie afina el ojo.
Me ha gustado muchísimo, Raúl. ¡Qué bien escrito!
Saludos
Ohhhh, qué penita de nubes. Si a ellas las tratan así, no creo que a los demás les vaya a ir mejor. Ha hecho bien tu protagonista en tomárselo con calma hasta que alguien vuelva para contarlo.
Un besazo, Raúl.