La fe de nuestros padres
A principios de los setenta, las familias pudientes de Madrid pensaban que nadie podía garantizar una educación exquisita y un futuro prometedor para sus hijas mejor que las Hermanas de la Caridad. Allí nos enviaron, internas, para nuestro disgusto, con la fe puesta en que, bajo su custodia, nos convertiríamos en esposas recatadas y amas de casa perfectas, como nuestras madres.
A lo largo de cuatro cursos aprendimos a coser, a limpiar, a cocinar y a burlar la vigilancia de las hermanas. Durante el último año, en varias escapadas nocturnas, descubrimos placeres mundanos que ni siquiera habíamos imaginado.
Después de haber conocido los clubes nocturnos, el alcohol, el sexo y algunas drogas menores, salimos de allí listas para un matrimonio ejemplar y acomodado, pero mortalmente aburrido.
¿Cómo no íbamos a organizar después nuestro propio Club de Amantes de la Caridad?


Todo se transforma, hasta la fw, que puede tener una evolución, o una derivación diferente. El ser humano necesita buscar su espacio y su escape de una realidad demasiado rígida. Estas mujeres encontraron su propio equilibrio.
Original y bien contado, Nieves.
Un abrazo y suerte