66. La fe de nuestros padres
A principios de los setenta, las familias pudientes de Madrid pensaban que nadie podía garantizar una educación exquisita y un futuro prometedor para sus hijas mejor que las Hermanas de la Caridad. Allí nos enviaron, internas, para nuestro disgusto, con la fe puesta en que, bajo su custodia, nos convertiríamos en esposas recatadas y amas de casa perfectas, como nuestras madres.
A lo largo de cuatro cursos aprendimos a coser, a limpiar, a cocinar y a burlar la vigilancia de las hermanas. Durante el último año, en varias escapadas nocturnas, descubrimos placeres mundanos que ni siquiera habíamos imaginado.
Después de haber conocido los clubes nocturnos, el alcohol, el sexo y algunas drogas menores, salimos de allí listas para un matrimonio ejemplar y acomodado, pero mortalmente aburrido.
¿Cómo no íbamos a organizar después nuestro propio Club de Amantes de la Caridad?


Todo se transforma, hasta la fw, que puede tener una evolución, o una derivación diferente. El ser humano necesita buscar su espacio y su escape de una realidad demasiado rígida. Estas mujeres encontraron su propio equilibrio.
Original y bien contado, Nieves.
Un abrazo y suerte
Muchas gracias, Ángel. Mientras se mantenga la discreción el equilibrio está garantizado. Un abrazo
Jajaja, ya lo dice el refrán: a veces es peor el remedio que la enfermedad.
Igual alguna de las monjitas también se une al club.
Un abrazo, Nieves.
Pues no lo había pensado, pero seguro que algunas de ellas tienen su propio club ja ja. Un abrazo
Muy ocurrente y , yo diría que, muy real. La represión no es buena a veces puede derivar en perversión que no es el caso pero casos hay y dentro de las instituciones eclesiásticas. Hay que vivir la vida en toda su extensión.
Un abrazo
Muchas gracias, Gema. Está claro que no se puede parar la corriente de un río. Ellas buscaron su propio (y discreto) camino. Un abrazo
Nieves, si es que no se le pueden poner puertas al campo. Y más en los años setenta.
Un abrazo y suerte.
Muchas gracias, Rosalía. A ver quién las paraba en esos tiempos de descubrir la libertad. Un abrazo
Siempre se peca mejor cuando hay reglas. Buen relato, Nieves. Saludos y suerte.
Hay que desfogar! Tanta represión tiene que salir por algún lado.
Es club es todo un acierto.