94. El escalador
No, no puede salir del armario; la cerradura está sellada por el miedo. Su familia se avergonzaría, su padre seguramente lo desterraría de su vida o, tal vez, acabaría con la suya. Esconde la mirada de los hombres por temor a que un destello de deseo lo delate. Aplaca la líbido en soledad y sueña con abandonar un cautiverio que lo oprime.
Cuando está sobrio, su anhelo —ser periodista— lo ve como una meta inalcanzable. Introduce pegamento en la bolsa e inhala libertad una y otra vez.
Ha tomado una decisión. Tiene pánico a las alturas, pero con la mente embotada de valentía corre y comienza a trepar la valla. Su baja estatura y sus fuertes dedos facilitan el ascenso. Ve a compañeros caer, a otros desistir, pero sigue subiendo; ya no mira atrás. Una concertina rasga su brazo; parte de su sangre se niega a abandonar la tierra que lo vio nacer, pero logra pasar al otro lado. El miedo pugna por adueñarse de su mente, pero en su interior, escondido entre la duda y la desesperación, un pequeño atisbo de fe en la vida se abre paso.


Qué doloroso es tu relato, salva, pero que bellamente expresado el terror del miedo. Enhorabuena y mucha suerte. Un abrazo, guapo.
Perdón. Quise escribir Salvador, pero yo traigo el despiste de serie…