44. SIN ORDEN NI CONCIERTO (Rafa Olivares)
Pablo, Katy y Lucas debían interpretar las Sonatas de Händel en el concierto de fin de curso en el Conservatorio. En los ensayos, Pablo, que ejercía de Director, no apartaba su vista de los sensuales labios de Katy, acoplados con pasión a la boquilla de su flauta travesera, imaginando su aplicación a otro tipo de instrumento. Por su parte, ella fantaseaba con la destreza y delicadeza de los dedos de Lucas en sus zonas erógenas en vez de con las apáticas cuerdas de su contrabajo. Lucas, en lugar de atender a la batuta de Pablo, permanecía ensimismado en otra de mayor grosor que se adivinaba bajo su ajustado pantalón. Ante el desastre de la audición, en la que cada uno parecía estar interpretando una pieza distinta, hicieron un alto para buscar soluciones. Cuando cada uno confesó el motivo de su falta de concentración, decidieron continuar la sesión sin instrumentos musicales ni prendas textiles mediante. No tardaron en conseguir un alto grado de entendimiento, armonía, sincronía, coordinación y orden. Lo del concierto es otra historia.


¡Jajaja! Excelente aplicación del dicho «hablando se entiende la gente». Seguro que al final les sale bien el concierto, y todo. Y si no, pues que les quiten lo bailao.
Un abrazote, compiiii.
Tengo entendido que los tres perdieron el interés por el concierto y continuaron con los ensayos sin instrumentos.
Abrazo fuerte, Ana María.
¡Desternillante! El título lo resume perfectamente.
¡Qué alegría que así lo percibas, Edita!
Gracias y un abrazo.
Sin concierto y con su propio orden, que poco tenía que ver con el musical. Puede que, tras sincronizarse a su manera y con una motivación específica, sigan después igual de compenetrados como intérpretes.
Muy divertido, Rafa.
Un abrazo y suerte
Afortunadamente, solo eran tres los que se tenían que coordinar. Imagínate que el concierto se lo hubieran propuesto a los 40 del curso.
Gracias, Ángel.
Abrazo fuerte.
Jajajaja, concierto de sentidos. Seguro que mejora mucho el asunto, dónde va a parar. Mucha suerte, Rafa. Un abrazaco.
Gracias, Aurora. Música celestial, sin duda.
Besotes.
Menudo concierto a tres manos! Si el otro no funciona, hay que aprovechar los instrumentos “orgánicos”.
Así es, Rosa, y no solo a tres manos, a tres bocas y a seis orejas, ya puestos.
Gracias. Un beso.
Jajajaja, buena forma de usar los instrumentos!
Un abrazo y suerte.
La música, sin duda, favorece las habilidades para otras disciplinas.
Gracias, Rosalía.
Un beso.