49. El vientre
I- El instinto
Aunque de forma inconsciente, tuvo que sentir, con esa vaga sensación de irrealidad ante las expectativas que se abren, que allí estaba toda la felicidad posible, todas las emociones por disfrutar, todos los deseos y los sueños, todos los sentimientos, anhelos y ambiciones con sus infinitas posibilidades. Todo. Todo por descubrir desde la oscuridad conocida hasta la luz que era su meta. Tenía que ser el instinto. Miles de generaciones no podían equivocarse. Y cuando llegó el momento, se colocó en la posición adecuada. Había acabado la eterna espera. Nada, nada iba a impedir que disfrutase del tiempo regalado, y si tuviera que luchar, lo haría con cualquier arma disponible para que nadie pudiera arrebatárselo.
II- La vida
«Es otra hembra, mi señor», dijo con voz ahogada la partera.
«Maldito vientre estéril», se le oyó susurrar entre dientes en el silencio embotado que se había adueñado de la alcoba de la reina. Y salió desesperado dando un portazo que retumbó con rabia e impotencia en todos los confines del reino.
En ese momento, la recién nacida rompió a llorar.


Dos perspectivas diferentes, dos expectativas muy distintas. Los bebés lloran para utilizar los pulmones por primwra vez, pero quizá también cuando intuyen los problemas que se les vienen encima. A algunos/as, desde el origen, ya vienen marcados/as por un destino contra el que luchar.
Un abrazo y suerte, Rafa