PUENTES
Mamadou sueña con ser ingeniero. Ha leído en algún sitio que el puente más largo del mundo mide 164,8 kilómetros Lo levantaron los chinos sobre el lago Yangcheng. A Mamadou, como a los demás, las olas le salpican la cara. Hace rato que no habla. Lo calcula todo mentalmente: la velocidad de la barca, la hora de salida, lo que falta para llegar. Aun así tiembla. Se abraza las piernas y se acurruca en un extremo. Desde que anocheció, el miedo le agarró de los huevos y ya no se los suelta. Igual que cuando era niño y tenía que tirarse al río. Siempre era el último en saltar. Sus amigos cruzaban a nado hasta la otra orilla mientras él se quedaba en lo alto del acantilado, mirando el agua oscura del fondo. Entonces le gritaban:
—Vamos, Mamadou. Tírate. No pasa nada.
Todos soñaban con llegar a Europa y jugar en el Barça. Él prefería quedarse.
Pero al final Mamadou siempre acababa saltando.
Como ahora. Porque piensa que aquí podrá estudiar y construir puentes. Uno que mida exactamente 14,4 kilómetros.

