Exégesis
Todavía recuerdo las gafas de pasta del Mejías, su melena grasienta con escamitas de caspa diseminadas sobre ella. Llevaba jerséis de rombos marrones o negros, aburridos, sobre los que asomaba el cuello duro de una camisa azul celeste; los zapatos llenos de polvo y unos pantalones que parecían estar hechos de arpillera. Deambulaba por el patio del recreo entre el vocerío de los pequeños, los balones de los que jugábamos al fútbol, las combas de las chicas y las carreras de los equipos del rescate. Avanzaba absorto, mientras sostenía entre sus manos igual La Regenta que un ensayo de Física Aplicada, igual El Alehp que un tratado de Fonética. Movía los labios como para espantar de su cabeza el ruido ambiente. Los mofletes, algo hinchados, rebosaban un acné púrpura y purulento. Parecía un fantasma ajeno a balonazos y empujones, un estudiante de otro tiempo que estuviera atrapado entre la arcilla de la tapia del colegio. Un día nos enteramos de su muerte, pero cuando salíamos al patio, él seguía allí igual que siempre, con su ropa estrafalaria, su aspecto descuidado y un libro distinto cada día entre sus manos, atravesando nuestros cuerpos, que ahora se paraban a su paso.


Un texto que bien podría enmarcarse dentro del realismo sucio. La descripción de ese personaje desestructurado y marginal me ha recordado mucho a ese movimiento literario.
Un saludo