10. Regresión
Se sentó y conectó los sensores. Imaginó un paisaje de la infancia y de inmediato apareció en la pantalla uno ideal con reflejos dorados y golondrinas de diseño. Pensó en su escuela, y sin más tuvo ante los ojos los pupitres añosos, la pizarra garabateada, la cara pecosa de Paquito, y hasta los haces de luz con polvo en suspensión donde quedaba absorto hasta que la bronca voz del maestro le golpeaba con la contundencia de lo real. Apenas cruzaba algo por su mente se materializaba sin remedio.
Tuvo esta vez la sensación de estar colonizado por una conciencia ajena y poderosa. ¿Por qué no podía sentir directamente las imágenes? Necesitaba, plasmar de algún modo sus pensamientos sin intermediarios. Tener la certeza de que sus recuerdos eras suyos y no fruto de un algoritmo traicionero alimentado por millones de píxeles sin alma.
Salió a la calle y recorrió varios comercios. No le fue fácil, pero regresó con una caja de pinturas de palo y unos folios. A media tarde tenía ya el bosquejo de aquella temprana novia de verano. Y a la noche, un dibujo de la primera vez que fue a París.
No eran buenos, pero le parecieron verdaderos.

